Los reflejos de la rebeldía

El día que hagamos la revolución (me han dicho que el día 12, aprovechando que todos los malos van a estar juntitos y les pillamos desprevenidos, estad atentos) tenemos que acordarnos de ser rebeldes. Rebeldes, como, por ejemplo, Rosa Parks.

Decir no. De la negación ha de venir la resitencia. Pero pensemos en formas de resistencia. Formas actuales de resistir.

Dijimos que nos quieren tristes, deprimidos, cansados: derrotados. Una forma de resistir (nuestra venganza) es la alegría. Imaginemos, en un vagón de metro, entre esa mezcla de tedio y pánico que reflejan las caras de los viajeros. Ahí, en ese momento, la alegría como revulsivo, la sonrisa como arma.

Evidentemente esto no va a provocar la revolución. Evidentemente, el gesto de Rosa Parks, fue mucho más que esto. Fue el paradigma de la desobediencia civil. Rosa Parks acabó en la cárcel, no obedeció, y eso le costó un sacrificio muy grande.

Pero aquí, quería hablar de otra cosa. Quería plantear que, al final, teniendo en cuenta que ya no quedan Palacios de Invierno que asaltar (¿o quizá sí?) una de las cosas fundamentales que tenemos que hacer es, en cada minuto de nuestra vida, revolvernos. Como el animal que no se deja cazar por su depredador o, mejor aún, y siguiendo con el símil animal, como la manada de búfalos que, mutuamente, se protegen.

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