Nuestras putas y nuestras madres

Hay un dicho que todos hemos oído y dicho hasta la saciedad en Burgos, y supongo que también en otras partes de Castilla: “ancha es Castilla y estrecha es la castellana”.

Este dicho refleja varias cosas. La primera de todas la incapacidad de la mayor parte de los hombres castellanos de escapar de la inseguridad que provoca una sociedad fría y castrada sexualmente por siglos de represión colectiva y relacionarnos de una manera abierta y emocionalmente inteligente con las mujeres. La mayor parte de las veces, los que hemos dicho o decimos esto, lo único que hacemos es justificar ante nosotros mismos que no nos atrevamos a hablar de nuestros sentimientos si no es bajo una borrachera que nos desinhiba de este gatillazo emocional.

Pero además de esto, este dicho refleja otra cosa. Aquí partimos de un deseo del macho castellano. Así, lo que a los hombres castellanos nos gustaría es que una mujer nos resguardase del frío de la meseta a través de distintas prácticas sexuales (nada original, lo que nos enseña la pornografía que es el sexo), a ser posible sin ningún compromiso ni previo ni posterior y bajo unas condiciones que, en principio, no impliquen por nuestra parte ningún aporte emocional. Como hemos dicho, el hombre castellano no sabe tener sentimientos (lo que no quiere decir que no los tenga) y mucho menos expresarlos o jugar con ellos (los suyos), por lo que, en lo referente al sexo, cualquiera preferimos una felación que no implique nada a una mirada en silencio que lo implique todo. Que sean putas pero sin cobrar.

Pero si de lo que se trata es de tener una relación de pareja el hombre castellano acudirá a su particular idealización de lo que debe ser el amor: ámame como mi madre, incondicionalmente, irracionalmente.

Lo deseable, si de verdad fuésemos libres (y esto sirve tanto para hombres como para mujeres) es que cada uno o una decidiese en cada momento de una relación, ya sea sexo sin ningún tipo de compromiso o una relación de pareja tradicional, qué, cómo y por qué queremos hacer algo, y que el otro u otra no viese esto como un ataque a su posición en la relación, sino que lo celebrase como algo, la libertad, que beneficia a los dos.

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  1. Katia

    Respecto al párrafo final..

    Las cosas en la práctica suelen resultar bastante más complicadas. Lo que suele ocurrir es que dos personas pocas veces encuentran q sus intenciones siguen el mismo camino. Y estoy centrándome más en las relaciones llamemos “liberales” que en las tradicionales.

    Sólo hay que mirar a nuestro alrededor para verlo, relaciones “abiertas” o “sin más complicaciones que las necesarias” en las que llegadas a cierto punto, se topan con aquella cuestión tan temida por muchos..¿en qué punto estamos…qué somos…y a dónde vamos..? Lo de muchos, masculino plural, va porque sea mi opinión, más o menos acertada, os suele desagradar más a vosotros.

    Las personas necesitan cosas distintas según el momento y etapa, hombres y mujeres. Lo que pasa es que a veces, esperamos que porque el sexo sea compartido, el cariño también lo sea. Ahí es donde pecamos.

    Esa preciosa libertad de la que hablas, la dejamos, y estoy de acuerdo contigo, en : lo deseable.

    • jose

      Si te fijas en el párrafo final, empieza con un “si de verdad fuésemos libres”. Yo creo que ahí está la clave. ¿Hasta qué punto somos libres para decidir nuestra sexualidad, en todos los sentidos?

      Hay personas que se enamoran de la otra persona y personas que no, eso entra dentro de lo normal. Pero a parte de eso, tendríamos que cuestionarnos todos, hasta que punto la idealización de la pareja tradicional, hombre-mujer, fieles y para siempre, algo que en la mayoría de las mentalidades está visto como lo mejor, no nos limita a la hora de tener relaciones totalmente abiertas sin más compromiso que eso.

  2. Bea

    Hola Jose!
    Después de leer esta entrada me he acordado de una conversación allá por San Pedro acompañados, como no, de un poco de alcohol de más, y como aquella noche te ganaste, y yo te acompañaba, el título de “presidente del club de gente sin corazón” 😉 por una conversación sobre las parejas, el sexo y el amor.

    Ya sabes que comparto, más o menos tus ideas, pero solo en el plano teórico y que a la práctica siempre es muy difícil de llevar, porque el plano de los sentimientos es tan complicado como complicadas son las personas. Eso si, cuando no hay sentimientos “ancha es Castilla”

    Y en cuanto castellana o de Burgos, no puedo evitar sentirme aludida cada vez que oigo eso de que las burgalesas somos muy frías, y por lo tanto difíciles. Me siento aludida y molesta, porque se que con el tiempo he ganado en calidez con las personas.
    Obviamente no me puedo identificar con el dicho porque pienso que hay gente para todo. Pero si he de decir que me han dicho las suficientes veces como para tenerlo en cuenta, en Burgos y siempre de noche y de fiesta, “que simpática! no puedes ser de Burgos!” y entonces pienso que las burgalesas tenemos un problema.

    • jose

      Gracias por comentar. Aunque en la entrada me refiero fundamentalmente a la sexualidad y a la influencia del patriarcado sobre ella, tanto en hombres como en mujeres, sí que es cierto que, en general, los castellanos tenemos un pequeño problema de calidez. Puede ser el clima oye.

      No en serio, somos una sociedad demasiado cerrada. A parte de en el carácter, que hay de todo, sobretodo en aceptar lo distinto o lo extraño. Tenemos una visión del mundo muy parcial y cargada de prejuicios.

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