Ilusiones mediáticas

Yo pensaba que los medios de comunicación eran herramientas de control ante los abusos de poder, que eran las riendas de un caballo que podía desbocarse por el exceso político o la desmesura económica. Yo pensaba que en los periódicos trabajaban esos viejos románticos de las películas que podían mantener un pulso con el presidente del país más poderoso del mundo apestando a licor y a tabaco.

Ilustración de El Roto

Yo creía que las redacciones de radio eran un horno a todo trapo en el que marearse por el vértigo de la actualidad. Pensaba que los periodistas blandían la verdad como la luz del faro que guía el rumbo de un navío. Consideraba que eran duros como el diamante y brillantes como el zafiro. Creía que eran el escudo de seguridad de la libertad de expresión que protegía las demás libertades. Me enseñaron que los medios eran plurales y no esa nebulosa de información descafeinada, en la que el guapo siempre está en Wall Street y el feo en Venezuela.

Yo creía que los medios se escribían al dictado de la ética y no del mejor postor, ni del anunciante que más publicidad aporta, del que obviamente nunca se habla mal. Yo creía que la publicidad institucional del Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos o Diputaciones no mutaba los colmillos afilados de los artículos críticos por la lana suave de un corderito inocente. Una vez me contaron que en la sección de economía no se limpiaba la imagen de los poderosos (Repsol, Telefónica, El Corte Inglés, Banco Santander, BBVA,…).

Incluso debió haber un tiempo en el que los medios estaban al servicio de la sociedad y no tratando de colgarse medallas que no les correspondían. Llegué a pensar que los periodistas tenían su propia agenda, sin incursiones interesadas de políticos o empresarios. Fui tan inocente que creí que los trabajadores eran los dueños de los medios y no constructores o bancos que siempre mueven ficha debajo de la mesa obedeciendo a intereses creados.

Y cuando más firmemente creía en todas estas ideas, la realidad capitalista me despertó con un golpe seco en la cara.

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