Wikileaks

¿Estamos en medio de una revolución? Para algunos sí. Para muchos, Wikileaks supone una nueva manera de luchar, un desafío a los poderes establecidos que, necesariamente, va a cambiarlos. Yo no lo tengo tan claro.

Los papeles no cuentan nada que no sepamos o que no intuyamos. Nos explican cómo funciona el mundo. Pero eso ya lo sabíamos: EEUU manda y los demás obedecen. Además, nos relatan, en el caso de España, cómo el gobierno de ZP se mostraba en todo su genuflexión dispuesto a satisfacer los deseos del Imperio. Tampoco es nuevo. Quizá, la novedad, radica en que ahora tenemos pruebas materiales. Bien, es importante. Pero, repito, si habitualmente te informas a través de ciertos medios, no es nada novedoso.

Y aquí llegamos al que, en mi opinión es el principal problema de cómo se ha realizado esta publicación. Son los mismos medios que construyen la imagen que hasta ahora teníamos del mundo los que la están modificando. Que periódicos que llevan tiempo como órganos del poder, más que como medios independientes dispuestos a enfrentarse a él, vayan a ser los conductores de un cambio político es realmente cuestionable. Imaginemos que una serie de cables del embajador estadounidense en Ecuador desvelan que una empresa petrólera española ha comprado a diversos políticos del país para poder acceder a ciertos campos petrolíferos. ¿Esto lo publicaría el País? No lo creo.

No obstante, la detención de Assange demuestra que los gobiernos están preocupados por el personaje y por Wikileaks. Aunque todos intuyamos como funciona el poder, ahora estamos viendo toda su ignominia sin sombras. Y esto tiene un gran potencial. Ahí, y sólo ahí, puedo estar de acuerdo en que estamos en medio de una revolución.

Wikileaks nos demuestra que, en la sociedad de la información, la batalla contra el poder está en el control y la difusión de la información. Y eso, hoy en día, signfica que la batalla contra el poder está en internet. Realmente, internet es la única parte de la sociedad que el poder no controla totalmente. Quizá estamos cerca de que esto deje de ser así, pero, todavía, se puede escribir lo que uno quiera, se puede convocar a lo que uno quiera o contactar casi con cualquiera. La principal característica de internet, una red en la que muchísimos nodos están conectados de una manera horizontal, lo convierte en algo díficil de controlar, precisamente porque el estado es lo contrario, una pirámide jerarquizada de muchos puntos con funciones predeterminadas.

Charles Tilly, uno de los historiadores más importantes del Siglo XX, escribió que “deberíamos saber que una nueva era ha comenzado no cuando una nueva élite ostenta el poder o una nueva constitución aparece, sino cuando la gente corriente empieza a luchar por sus intereses de forma nueva”. Esto es fundamental entenderlo: la próxima revolución, y Assange, queriendo o no, lo demuestra, se hará por internet.

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