El fascismo que viene

En un reportaje sobre Belén Estaban el Catedrático de Derecho Audiovisual Gerard Imbert decía sobre ella que no es algo aislado, sino que es algo que se reproduce continuamiente en la televisión. Asistimos, y este fenómeno es un ejemplo perfecto de ello, a una trivialización del discurso público. Ahora, en la televisión, en la mayor parte de los debates (en los programas basura más, pero también, y mucho, en los debates con supuestos periodistas serios que hablan de política) no se impone el tímido, el que intenta razonar, sino el que más grita, el que logra imponerse. Esto, nos dice Imbert, es el fascismo.

Estoy totalmente de acuerdo con Imbert, vamos hacia una sociedad fascista. Pensemos en la idea de la trivialización del discurso público. Cuantos de nosotros hemos escuchado (sobretodo en los bares, ese lugar en el que los españoles somos tan valientes y decididos) a gente que “arreglaba esto de un plumazo”, “cortaba cabezas”, etc. Esto, esta manera de resolver las cosas, es lo contrario de una manera democrática de hacerlo. Se abandona el debate, el razonamiento y se llega a la imposición por cualquier medio. No importa cómo logremos algo, si lo que logramos está bien. Parece que no nos damos cuenta de que los medios no sólo importan, sino que determinan el fin.

El tema estrella de los debates de bar es la migración. Cada vez es más complicado intentar razonar e ir más allá del “hay muchos inmigrantes y se tienen que ir”. No importa que intentes razonar o mostrar hechos que demuestran lo contrario. Las cosas son así y yo no estoy dispuesto a modificar mis creencias.

Los migrantes, además, son funcionales para otra de las necesidades de una sociedad fascista, la construcción de un enemigo que nos permita expiar nuestras culpas sin acudir a la reflexión. La sociedad fascista es una sociedad que disciplina, que castiga al disidente, porque nos dice que estamos en guerra contra alguna lacra que hay que erradicar. Hacia eso vamos.

Para que aparezca un régimen político fascista hacen falta ciertas condiciones materiales. Eso es evidente. Pero también, y tan importante como eso, hacen falta ciertas condiciones inmateriales. Ciertas maneras de ver el mundo, ciertas maneras de entender la sociedad. Todas estas condiciones se están dando cada vez más en España. En plena crisis estamos empezando a ser conscientes de que podemos perder nuestro bienestar. Y en vez de hacer un análisis racional y reflexionar sobre cómo hemos llegado aquí, estamos más dispuestos a que alguien que nos diga que los políticos son gentuza y que la culpa es de los que sobran lo arregle.

Sólo espero que esto sea una exageración de politólogo izquierdista y no un hecho real, porque si no es así, lo vamos a pasar todos, pero todos, muy mal.

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