En España se tortura

Amnistía Internacional es una de las organizaciones sociales más importantes del mundo. Desde hace más de 40 años se dedica a denunciar abusos de los derechos humanos cometidos por los estados y a proteger a activistas en los lugares donde no son lo suficientemente protegidos por el Estado o directamente son encarcelados o asesinados. Otra de sus luchas más importantes es la lucha contra la tortura. O contra la pena de muerte.

En España, oímos hablar de Amnistía Internacional en los medios sobretodo cuando hacen algún informe sobre Cuba o Irán. Así, los medios se pelean por denunciar la represión en Cuba o en Irán y hay pocos documentos tan fiables como los informes de Amnistía Internacional. Es importante denunciar los abusos de derechos humanos allí donde se produzcan, sea el que sea el gobierno o por mucho que simpaticemos con un proceso político.

Lo que no oímos tanto en España son los distintos informes que elabora Amnistía Internacional sobre otro país que está todavía más próximo… España. Efectivamente, España también es objeto de estudio y análisis por los activistas de Amnistía Internacional y, habitualmente, no son nada benevolentes. Es importante resaltar en este punto, que los informes de Amnistía Internacional suelen hacerse desde fuera del país que tratan. Es decir, los informes sobre España no los realizan españoles, ya que no serían objetivos sobre ciertos temas que suelen ser sensibles. Puede parecernos increíble teniendo en cuenta a nuestros medios de comunicación, pero los fenómenos políticos también se pueden analizar.

Hace unos años AI publicó un informe titulado Sal en la herida. En él se trataba el tema de los malos tratos de la policía. Fundamentalmente, más

Durante una manifestación en las que, inocentes, se exigía el derecho constitucional a una vivienda digna.

allá de constatar la existencia de malos tratos por parte de la policía a ciudadanos (la portada del informe es suficientemente explícita) se resaltan tres hechos especialmente graves: la impunidad que existe en España con respecto al fenómeno, principalmente mantenida por una aparato judicial y político que sistemáticamente ignora las denuncias de tortura y malos tratos; la existencia de resquicios legales como la incomunicación o los espacios no filmados en algunas comisarías, que crea las circunstancias físicas más favorables a la tortura y los malos tratos; la indefensión de muchos colectivos con muy pocos derechos, especialmente migrantes sin papeles y colectivos en exclusión social, muchos más expuestos a malos tratos.

Además de este informe, la poco revolucionaria Naciones Unidas, a través de la figura de su Relator Especial para la Erradicación de la tortura, ha realizado varios informes denunciando una y otra vez la existencia de multitud de casos sobre este tema que no se investigan así como la sistemática negación de torturas en el caso de miembros de ETA, favorecidas, otra vez, por una legislación antiterrorista de excepción. Existen también organizaciones autóctonas que denuncian las torturas y los malos tratos a través de informes y documentos. Especialmente, la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, que el año 2009 contabilizó 242 situaciones en las que se produjeron torturas o malos tratos, contra 604 personas. En estos números no entran todas las denuncias, ya que de muchas no existe información contrastada ni se contabilizan las situaciones de malos tratos o torturas que nunca se denuncian (personas sin papeles o personas presas agredidas por los funcionarios de prisiones). El informe completo.

Para los ciudadanos que nunca hemos sido maltratados por la policía más allá de dos pelotazos en una manifestación, puede parecernos este tema una exageración. Al fin y al cabo, dirán muchos, son terroristas que se lo merecen o putos moros que no deberían estar aquí. Como ya dijimos en una entrada anterior, la legitimidad última del Estado, lo que le hace digno de obediencia, es que es el único actor social, el único ente, que puede ejercer la violencia en nuestra sociedad. Es decir, los únicos que, llegado el caso y si las circunstancias lo exigen, pueden pegar un hostia a otro individuo son los policías. Esto implica que cualquier hostia que den sin que las circunstancias lo exigiesen es un maltrato y, sobre todo, deja en evidencia a todo un Estado, a toda la legitimidad que en teoría tiene este Estado. Y sobre esta legitimidad descansa nuestra obligación de obedecer sus leyes. Cuanta más legitimidad pierda, como en una dictadura, menos obligación (o ninguna) tenemos de obedecer sus leyes.

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  1. Rodrigo

    La violencia del estado, siempre que este fuera de lugar, tienes dos consecuencias muy graves, deslegitima, al estado y a sus instrumentos, como poder social, y justifica, las acciones contra el propio estado y sus intereses.

    Por estas razones creo que deberia ser castigada con muxa mas severidad; tanto la persona o personas que la lleven a cabo, como los responsables, que la permitan, defienda o toleren.

    • jose

      Ésa es la clave. A parte de lo intolerable de la violencia física provocada por el estado, esta, cuando no es necesaria, y la mayor parte de las veces no lo es, atenta no sólo contra el ciudadano sino contra el propio estado.

  2. ERI

    Otro video interesante:

    Es la hostia la opinión de estos futuros funcionarios acerca del tema de Portu y Sarasola. Que poca inteligencia demuestran todos.

    ¿Estos me van a defender? jajaja

  3. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

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