Sinde Pírate (II)

Indique el nombre de este país.

Da la sensación de que las leyes en este país se hacen entre sombras. Y no me refiero a que las hagamos nosotros. Me refiero a que todo se fragua en despachos oscuros entre tres o cuatro amiguetes políticos que tienen muy claro que una ley tiene que salir porque tiene que salir. O lo que es lo mismo: una ley tiene que salir porque lo dicen los jefes (léase Embajada de EEUU).

El caso de la Ley Sinde ha sido paradigmático, pero hay más casos, por ejemplo, las pensiones ahora mismo. Hacen la ley porque hay que hacerla, porque hay que reformar las pensiones. Y no lo hacen de una manera abierta, en un proceso largo con publicidad (es decir, que es público), ese principio fundamental que a nuestros políticos parece que no les importa.

Esta chapuza de la LeySinde ha conseguido que una de las personas que más inteligencia había demostrado en todo esto (Álex de la Iglesia, por cierto uno de los directores de cine españoles que más recauda por sus películas y, por lo tanto, uno de los más afectados teóricamente por la piratería) acabe diciendo que es un desastre y que dimite. Y encima, tenemos que escuchar a la ministra de cultura, que ha hecho películas como el bodrio pornoadolescente, a la altura de la revista de los 40 principales, Mentiras y Gordas, critricar a Álex de la Iglesia porque no puede con el cargo institucional. En fin.

El caso es que no se dan cuenta. Los autores, o como se quieran llamar, están defendiendo a la industria, no a sí mismos. Hay muchos de los que nos descargamos música y películas que estaríamos dispuestos a pagar. De hecho pagamos, cada vez hay más gente que paga a Spotify o incluso a Megavideo para no tener las restricciones. Y, muchos, contratamos bandas anchas mejores y más caras para descargarnos más música y más películas. O verlas mejor en streaming.

Existen autores que se han dado cuenta. Radiohead se dio cuenta hace mucho y dejó su disco libre para ser descargado, pagando cada persona que se lo descargaba lo que quería, desde un euro hasta cien. Como nos comentaron cuando hablamos de este tema la primera vez, incluso hay grupos como Marillion que han pedido colaboración a sus seguidores para la producción del disco. Y les ha salido bien.

Lo bueno de esto es que, como dices, no pueden poner puertas al campo. Por muchas leyes que hagan o por mucho que lloriquee la industria musical, la manera de acceder a la cultura ha cambiado. Ésa es la clave. En unos años, cuando cada vez más autores utilicen licencias libres para sus obras y se demuestre que pueden vivir bien así (no sé si se podrán comprar una mansión en Miami, pero vivir bien sí) veremos a Alejandro Sanz diciendo que quizá estaba equivocado, que era la presión de Emilio Stefan, que bueno, que vale, que sí.

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