Una luz, una sombra. (II)

Desde la pequeña colina a las afueras de Trípoli donde Jaouad iba a jugar cuando era pequeño se pueden ver todas las estrellas. Todas. Aunque es febrero, el cielo está totalmente despejado. Tumbado sobre la hierba fría Jaouad observa las estrellas lentamente. Una a una, como si cada estrella que ve en el cielo fuese distinta a las demás.

El día ha sido agotador. El bullicio de la gente. Los coches. Las sirenas. Los gritos. Todo el mundo iba y venía. Él no sabía muy bien qué hacer. Ni siquiera comprendía muy bien qué pasaba. Simplemente se dejaba llevar por los gritos. Se dejaba empujar por la gente. No sabía muy bien por qué, pero él también empezó a gritar. Cada vez más fuerte. La rabia que le llenaba se transformaba en esperanza, en felicidad, en una sensación extraña que no conocía.

Mientras tanto Said apura las últimas caladas de la shisa en la tetería de su amigo Jafar. En esta tetería pasa todas las noches desde que llegó a Lavapiés hace cinco años. Es el único lugar donde puede escapar de la pesadez (en todos los sentidos) de su vida en Madrid. Hace tiempo que no tiene ningún trabajo y el poco dinero que consigue trapicheando no llega para nada. A su piso sólo vuelve a dormir. No está a gusto. Son mucha gente, mucho ruido, muchas quejas.

En la tetería, en cambio, está tranquilo. Ya se ha ido la última pareja de españoles. Sólo están él y Jafar, que se está limpiando en la trastienda. Con la mirada perdida, Said acierta a ver el reflejo de la llama de las velas a través del cristal de la cachimba. Parecen luciérnagas encerradas dentro. Parecen estrellas borrosas. Estrellas que no pueden salir de ése frasco de cristal y a las que el encierro debilita el brillo. A las que el encierro, de alguna manera, apaga.

Los dos se dan cuenta. Los dos, en el mismo instante, en la misma milésima de milésima de segundo lo descubren. Opuesto, como una sombra y su luz, como un camino y un precipicio. La esencia de la vida, piensa Said, está en esas luces que veo, en esas luces que encerradas en una urna permanecen estáticas, en esas luces que, piensa Jaouad, veo por primera vez brillar libres en el cielo, libres pero haciendo juntas un universo eterno e incomprensible. Tan eterno e incomprensible como la libertad que tanto anhelamos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s