Sed de venganza

Hay quien dice que cuando uno está alegre y es feliz no debe escribir nada. De la felicidad no crece nada interesante para la literatura. La literatura crece del rencor, de los vertederos, de la angustia, de la nostalgia, de las ventanas con gotas de lluvia, de la sombra, de la rabia, de las fotos viejas. Pero nunca del amor, nunca de la luz, nunca de los jardines plagados de flores.

Cuando el amor es correspondido uno tiene que dedicarse a destrozar somieres, a manchar las tapicerías de los coches y a desgastarse los labios. Cuando el desamor inunda tu pecho es cuando vomitas toda la rabia contra el mundo, contra esas parejitas que se besan en los parques, contra todo lo que se sale de tu lámpara, tu boli y tu papel en blanco.

Cuando sientes que todo lo que tocas se rompe, cuando tu barco siempre naufraga, cuando sientes que la vida te da la espalda hay que ajustar cuentas con esa realidad desagradecida y áspera. Cuando eres muy feliz o cuando eres un tonto con mucho dinero de esos que siempre van luciendo su buen humor o cuando eres Pablo Motos puedes disfrutar de tu estupidez pasajera. Disfrutad, disfrutad plácidamente que yo os estaré esperando en la oscuridad, en el rencor, para mataros con mi ejército de poetas malditos armados con sus folios afilados y con sus bolígrafos entre los dientes.

 

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