Sed de venganza (II)

Tres premisas:

I. El Gobierno proyecta una ley que, entre otras cosas, va a dificultar la posibilidad de recurrir en delitos inferiores a 6000 euros o la posibilidad de interponer un recurso de casación al Tribunal Supremo para delitos con una cuantía inferior a los 800.000 euros. Esencialmente, el gobierno va a agilizar la justicia haciendo que las clases populares tengan más restringido su derecho a la tutela judicial.

II. Como consecuencia de la crisis, el Gobierno va a reponer a los funcionarios que se jubilen a razón de uno por cada diez funcionarios jubilados. Afortunadamente, en la educación va a ser a razón de tres por cada diez. Evidentemente, la consecuencia de esto es que los colegios e institutos públicos van a estar más masificados. Teniendo en cuenta que es en estos colegios públicos en los que el alumnado es más diverso (migrantes, problemas familiares, familias de escasos recursos) y por lo tanto los que más recursos necesitan, esto no puede suponer sino una merma de la educación de las clases populares, precisamente las que acuden a estos colegios.

III. Warren Buffet, una de las personas más ricas del mundo, declaró hace

Warren Buffet, uno de los enemigos.

tiempo: “Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que dirige la lucha. Y nosotros ganamos”.

Una conclusión:

¿Sed de venganza? Sed de venganza es lo que me surge a mí cada vez que veo cómo las clases dominantes lo cambian todo continuamente para no cambiar nada. Cuando veo que se aseguran que las leyes estén hechas a su medida, estén hechas por ellos, para ellos y contra nosotros. Cuando veo que el futuro que nos han programado es la precariedad. Cuando veo que la cultura y el conocimiento se lo reservan para ellos y de nosotros sólo esperan que seamos buenos mecánicos, buenas cajeras o buenos y buenas teleoperadores sin capacidad para ver más allá de la basura que ellos nos inyectan todos los días en vena a través de la televisión.

Una sed de venganza que me recorre todo el cuerpo, de arriba abajo, del alma a la piel. Una sed de venganza que, ojalá, se materialice algún día, no sólo en lo que escribimos, sino en la realidad. Una realidad en que, nosotros, el proletariado, la clase trabajadora, las clases populares, las clases subalternas, la multitud o como quiera llamarlo la última moda intelectual, en fin, los que estamos perdiendo la lucha de clases, recuperemos un poder que es nuestro por derecho y acabemos con todos los Warren Buffet del mundo.

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