La economía machista

Habitualmente se define el Producto Interior Bruto como “el valor monetario de todos los bienes y servicios producidos en una país a lo largo de un año”. Este indicador es el más utilizado por las instituciones internacionales y los gobiernos para medir el crecimiento de una economía. En uno de sus habituales desvaríos intelectuales, algunos de los economistas más importantes del mundo lo utilizan incluso para medir el bienestar de una sociedad. Pues bien, este indicador, el PIB, es profundamente machista. Es un indicador hecho a la medida de y creado por una sociedad patriarcal en el que las mujeres y su trabajo tienen poco o ningún valor.

En su obsesión por monetarizarlo todo y, peor aún, por asumir que sólo lo que tiene valor monetario (es decir, lo que se compra y se vende) tiene importancia social, los iluminados que gobiernan la economía global no tienen en cuenta el principal trabajo social que sostiene todas las sociedades del mundo: el trabajo de las mujeres o, lo que podíamos llamar, más formalmente, la economía de los cuidados.

Y es que, en un mundo en el que las mujeres están discriminadas del y en el mundo laboral, la manera que tiene esta gente de medir la economía no contempla la posibilidad de que éstas puedan hacer un trabajo importante. Y el suyo es el más importante.

Las mujeres producen el 70% de los alimentos en los países empobrecidos.

Son las mujeres las que educan cuando eres niño, ayudan cuando eres adulto y cuidan cuando eres anciano. Si para medir la economía no tenemos en cuenta ninguna de estas labores (que son, repito, las más importantes de una sociedad y las que más valor social deberían tener) es como si para contar los árboles de un bosque contáramos las ramas en lugar de los troncos.

Debemos aspirar a otra economía. No sólo por imperativo moral, sino por imperativo vital, porque la economía en que vivimos además de tremendamente injusta nos lleva a la barbarie. Para ello tenemos que empezar a cuestionar los mitos que sostienen el orden económico actual (uno de ellos, de los más importantes, es el PIB). Una buena manera de hacerlo es atendiendo a las críticas del feminismo a la economía. Esto nos llevaría, sin duda, a una sociedad mejor, en tanto que más humana.

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