La Revolución no será en el 2016

Una de consecuencias del proceso de globalización capitalista (el nombre que recibe la internacionalización de los fenómenos sociales ocurrido en los últimos 40 o 50 años) es que uno de los valores fundamentales del capitalismo, la competencia, se hace global. Esto supone que todos los grupos sociales (y no solo los estados) tienen que competir en el mundo de alguna manera u otra. En este sentido, y dado que el proceso de globalización supera las fronteras de los estados y tiene consecuencias a nivel local y regional más que estatal, la competeción se ha abierto también a las ciudades. Así, las ciudades tienen que venderse a sí mismas como productos, para poder atraer inversiones, gente, o lo que sea. Lo que se vende, recordemos, es la ciudad como marca.

Es en este marco en el que tenemos que entender la tendencia de los que gobiernan las ciudades de organizar grandes eventos, en acoger grandes acontecimientos deportivos o realizar megaconstrucciones, sin tener en cuenta ni las necesidades locales ni las capacidades ni, mucho menos, la opinión de sus habitantes. Es en esta lógica en la que tenemos que entender la candidatura burgalesa a la capitalidad europea de la cultura.

En este mercado de las ciudades, de lo que se trata es de perfilar Burgos como una ciudad cosmopolita, una ciudad abierta a la cultura y con una vida cultural rica. No se trata de que lo sea realmente, sino de que lo parezca, vaciando de contenido real la “apuesta por la cultura”. Así, tal y como explica este blog, Burgos2017, las políticas culturales del Ayuntamiento van orientadas a parecer más que a ser.

Todo lo que parece que está bien, ¿está bien?

Todo, ¿para qué? Para lo de siempre, vendernos el acontecimiento, vendernos el momento puntual sin darnos cuenta que las ciudades no están para que vengan turistas a los museos o para salir en el telediario o para que unos neurólogos de la Universidad de Nueva York monten un congreso. La ciudad está para que los que viven en ella todo el año sean dueños de ella, decidan qué es cultura, hagan cultura y le den ellos mismos un sentido. No se trata de hacer a Burgos capital europea de la cultura. Se trata de hacer de Burgos una ciudad culta.

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Un Comentario

  1. Pingback: Burgos: uno, mediano y atado « Sombras en la ciudad

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