Necesito un exorcista

Una mañana me levanté con la rutina habitual. En un primer momento no noté nada, pero una vez que fueron pasando las horas empecé a sentirme extraño en mi cuerpo. En una conversación con un compañero de trabajo defendí los intereses de la empresa y de mi país por encima de todo. ¿Qué cojones me impotaba a mi el Mato Grosso o la Pampa argentina? Si aquello se podía explotar, era una buena opción. Si encima se estaba dando trabajo a gente de allí, ¿qué más querían? El petróleo de Venezuela que lo explote Repsol que es española. Eso ayudará a la economía de aquí, ¿qué coño me importan a mí los venezolanos?

Al acabar la discusión me miré al espejo de los baños y me lavé la cara a ver si me recuperaba de aquel sofocón. De camino a casa me encontré con un viejo amigo con el que me paré a tomar una cerveza. Le expuse de cabo a rabo el argumentario que había escuchado a un tertuliano en la radio. No me dejé nada. Por si fuera poco, se lo aliñé con un par de ideas que le leí a un columnista de El País. Que si la izquierda abertzale era ETA, que si hay que acorralarles, que nosotros somos los demócratas. En la segunda ronda ya le dije que lo de Libia era inevitable, que hay que estar allí dando caña, que las relaciones internacionales son así, que eso de los derechos humanos es pura cosmética,…

Subiendo por el ascensor no daba crédito a todo lo que estaba diciendo. Sufría sudores fríos y fuertes escalofríos, pero a la hora de comer empecé con mi familia. Que si era normal que Zapatero se reuniese con los empresarios más poderosos. ¿Quién nos iban a sacar de la crisis? ¿Los trabajadores? Vamos, hombre. Que Botín podía opinar de política sin que nadie le pidiese explicaciones, que si ya podía haber muchos como Botín en España. En ese momento me di cuenta de que ya no era yo. Oía tan alta la palabra libertad por todos lados (¡LIBERTAD! ¡ERES LIBRE! ¡DISFRUTA DE TU LIBERTAD!) que el aturdimiento no me permitía reparar en los grilletes.

  1. ERI

    Tranquilo, ya te has convertido en un “verdadero demócrata”.

    La Metamorfófis de Marcos. Tienes que estar más asustado que aquel que se desperto descubriendo que era una cucaracha…

    La pena es que nos hacen creer que esta metamorfosis es inevitable en todos y cada uno de nosotros.

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