¿Que siga la fiesta?

El día 22 de mayo hay elecciones municipales y autonómicas en el Reino de España. En ellas, los españolitos que han venido al mundo deben elegir quien va a gobernar en varias de las administraciones públicas del Estado.

Estas elecciones aparecen en un momento social caracterizado por: una crisis económica que ha puesto en cuestión el modelo económico creado y protagonizado por el PP y PSOE a lo largo de los últimos quince años; una crisis política que pone en cuestión la capacidad de la clase política para representarnos (si es que alguna vez la tuvieron); una crisis social consecuencia directa de la crisis económica cuyo principal símbolo son cinco millones de personas en paro, sostenidas vitalmente la mayor parte de ellas por estructuras informales (la familia, ayuda de amigos, etc.).

En estas circunstancias, los dirigentes de las dos organizaciones que se reparten la mayor parte del pastel en España nos vienen a decir que la democracia mola, y que podemos elegir entre un grupo de gente totalmente desconectada de la realidad para que gobiernen. Un grupo de gente que está preocupado exclusivamente en conservar el poder, lo cual no se consigue en las elecciones como muchos piensan, sino en el trabajo interno del partido que se hace continuamente para conseguir una posición en las listas que aseguran un sueldo los próximos cuatro años.

Las elecciones se convierten así, no en un proceso constitutivo de política, en el sentido de que elegimos entre opciones en función de nuestros intereses y nuestras opiniones sobre cómo debería organizarse la sociedad, sino en un trámite legitimador de unas organizaciones políticas concretas. Mención especial, en esta lógica, suponen los llamamientos de los políticos corruptos a la función purificadora de las elecciones. Con unas listas electorales llenas de imputados por robar recursos comunes (de todos nosotros), las elecciones se convierten en la ocasión perfecta para que la justicia popular deslegitime a la justicia legal. En fin, la comprensión de algo similar a un estado de derecho por los que se supone que lo gestionan es de broma.

Todo esto, además y para más inri, cuando hemos visto todos claramente cómo los que realmente mandan no se presentan a ninguna elección, sino que periódicamente pasan revista a la clase política para ver si han/hemos hecho los deberes. La retórica escolar debe de ser porque, igual que en los orígenes del estado liberal, somos considerados niños que no somos capaces de discernir entre nuestros intereses ni la mejor manera de conseguirlos. Afortunadamente ya están ellos para explicárnoslo.

En medio de todo esto, van surgiendo movimientos sociales para que recuperemos la política. (Clicad en la imagen)

En estas circunstancias sólo nos queda una posibilidad: recuperar la política. Expropiarles a ellos de la exclusividad en la acción y la representación política y buscar otros lugares en nuestra sociedad en los que podamos producir formas de organización social alternativas, en los que podamos participar y decidir y opinar sobre nuestra vida y nuestros intereses. En cuanto al voto, tenemos que plantearnos realmente si merece la pena votar y, en todo caso, plantearnos a quién votar, ya que la fiesta que los políticos y los banqueros se están montando a nuestra costa tiene que parar en algún momento. ¿O no?

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