Burgos no es de los burgaleses (II)

Esta creencia de que las empresas privadas gestionan mejor que las instituciones públicas es algo que atraviesa a todos los dirigentes en nuestra sociedad, desde la derecha hasta la izquierda. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Córdoba, en la época en que la actual Ministra de Medio Ambiente era la alcaldesa, con IU, también privatizó el mantenimiento de las instalaciones deportivas.

En mi opinión, esta creencia, puesto que es una creencia basada en la fe y no en datos objetivos, se basa en dos equívocos. El primero de ellos tiene que ver con la creencia en la compatibilidad entre el lucro privado y el beneficio público. La simpleza de los economistas de ver todo en términos de coste/beneficio, como si esto fuese lo importante, hace que la rentabilidad de un servicio público o de un derecho prime sobre su valor social. O lo que es lo mismo, que se nos olvide que los hospitales no están para ser rentables, sino para proveer un derecho, el derecho a la salud, a lo cual está supeditado todo.

Además, como todos sabemos, la lógica empresarial se basa en aumentar el beneficio siempre. Y para eso hay dos maneras: o aumentar los ingresos o disminuir los gastos. Normalmente, ya que en el mundo de los bienes públicos la demanda no depende del mercado (pensemos en un hospital), sino de otras cosas, las empresas que gestionan servicios públicos tenderán a disminuir los costes (por ejemplo prescindiendo de personal), lo que, inevitablemente, tiene consecuencias para el servicio. El accidente del metro de Valencia de hace unos años tuvo que ver con deficiencias en el mantenimiento ya que eso ahorra costes (aumenta el beneficio).

Pero a parte de esto, hay otro equívoco fundamental en esto de darles a las empresas la gestión de lo público. Y es un equívoco quizá menos aparente pero a largo plazo más grave. Tiene que ver con la visión de lo público o de lo común como algo ineficiente, algo que perjudica a la sociedad más que beneficiarla. Pensar que se puede hacer negocio de lo común es algo que en el largo plazo va a hacer peor a la sociedad. Tenemos muchos ejemplos, la degradación moral que supone que en la Comunidad Valenciana se pueda presentar Camps y la gente le vote, está relacionado con la destrucción de lo común (la costa, el medio ambiente, las ciudades, los pueblos) que ha supuesto el desarrollismo del ladrillo (en el que eran muchos los que hacían negocio con el terrenito del abuelo a la libre especulación) en los últimos 30 años. Esto ha llevado a que la sociedad se apunte al carro del nuevorriquismo y el aprovecharse de todo lo que se pueda sin aparente sonrojo. En este blog sobre política valenciana explican muy bien cuál es la idiosincrasia valenciana que soporta al PP en el poder. 

Al final esto segundo es más grave que lo primero. Y lo es porque destruye la esencia de lo social: la reciprocidad que se materializa en unos derechos para todos soportados por todos. Si rompemos con esto, si seguimos permitiendo que cualquiera haga negocio con lo que es de todos, ya sea ilegal o legal, estaremos corrompiendo la sociedad hasta destruirla. Y nuestra vida sin sociedad sería, como dijo Hobbes, solitaria, pobre, triste, brutal y corta.

    • jose

      Pues sí. Al final esto va a culminar en un cambio antropológico, en el que nuestra parte social (todo o casitodo) queda subordinada a nuestra parte individual (el instinto o la pulsión) lo cual desemboca en ese darwinismo social del que tanto hablamos y que tanto gusta a muchos.

  1. ERI

    La cuestión generada por la dicotomía entre lo público y lo privado es un tema de cabecera que nos podría llevar a una discusión que no acabaríamos en un millar de vidas puestas una detrás de otra. Trascurrido ese tiempo más que prudencial, las ideas de cada individuo seguirían prácticamente inmóviles y los ataques entre seguidores y detractores de lo público continuarían siendo furibundos.

    Si bien esto es totalmente cierto, pero ante la imposibilidad y porque no decirlo la desgana de vivir 1000 vidas de discusión sinsorga, planteemos la idea en unas pocas líneas. Si dejamos a un lado intereses económicos de ciertas minorías ¿Quién en su sano juicio puede apoyar la privatización de los servicios públicos estatales, autonómicos o locales?

    Esta pregunta de respuesta sencilla e inmediata (a priori), es respondida de forma sorprendente por una gran cantidad de ciudadanos a los cuales la privatización de SUS servicios básicos no revierte ningún beneficio, más bien todo lo contrario. Entonces la pregunta cambia, ¿Qué puede hacer a un individuo apoyar su propio malestar? ¿Por qué son aceptadas incluso de buen grado las claras contrapartidas de una gestión privada?

    Las causas pueden ser muchas pero destaco dos. O bien la gran masa es acéfala y se deja engañar por las doctrinas y dictados de los grandes oradores de las minorías de poder, cosa que podría ser discutible, pero que es inmediatamente descartable. Y digo que es inmediatamente descartable porque desde mi punto de vista, aunque los mensajes lanzados desde las tribunas periodísticas sí que influyan en el punto de vista de un observador ajeno al negocio. Estos, solo dan la estacada mortal a lo público, en forma de argumentos (ficticios eso sí), para defender la causa que es totalmente ajena a dicho observador ¿Imparcial? Simplemente creo que es imposible convencer a una sociedad para clavarse a si misma una daga en el pecho mediante soflamas periodísticas.

    Lo que quiero expresar y aquí es donde desemboco en la causa principal (la causa que ha dado el vuelco a favor de una privatización salvaje, la “causa belli”, la causa contra la que luchar), ha sido y es la destrucción del sistema público desde sus entrañas. ¿Qué mejor argumento para ensalzar la eficacia de lo privado que minar desde dentro el funcionamiento de los servicios públicos? Y es que las ansias de poder y dinero corrompen hasta al hombre de moral más limpia. ¿No es acaso esta maniobra una forma de terrorismo? ¿Acaso no se genera terror poniendo en duda el funcionamiento sanitario o de las pensiones?

    ¿En que desembocan estos actos de terrorismo no-violento? Pues está claro, en la búsqueda inmediata de la seguridad de nuestro observador, aparentemente ajeno, que se refugia bajo el paraguas de lo privado ante lluvias venideras. Que se ha conseguido con estas acciones, ganar un individuo que aporta capital y que además se ha convertido en un adepto y obstinado luchador por la causa de su amo. Este a su vez convencerá a su amigo o familiar para que siga su acertada elección y si alguien no ha sido totalmente convencido por este ciego adepto, solo basta con regresar a lo dicho en el punto uno. Y esto no es más que abrir cualquier periódico para acabar de auto convencerse de que hemos hecho lo correcto, que estamos en el camino para nuestra salvación. Que la debacle pública es inevitable y está a punto de suceder.

    Pues bien, querido amante de lo privado, si las cosas le van mal. Quéjese a sus amos, que les devuelvan ellos sus pérdidas, no acuda a “papá estado” cuando las cosas vengan mal para sus intereses.

    Dicho esto y sin querer alargarme mucho más, no pienso en una recuperación del sistema público en un corto plazo más bien creo que se va a seguir hundiendo en el fango.

    “Frente a la mentira reaccionaria-neoliberal, la verdad revolucionaria”

    • jose

      Qué poca fe tienes en la discusión y en los individuos para llegar a conclusiones comunes ¿no? Yo no estoy tan seguro de esto, yo creo que la mayor parte de nosotros estamos más que preparados para apreciar y valorar lo público, lo que es de todos, más que nada porque la mayoría lo hemos utilizado y lo utilizamos.

      Aquí lo que hay es una estrategia de las clases dominantes (los que se benefician de lo privado) para ir expropiando lo común. Esta estrategia tiene dos grandes ramas: una ideológica y otra política. La ideológica va mucho más allá del periodismo. Desde hace 30 años la mayor parte del conocimiento académico producido en el mundo sobre estos temas se ha hecho bajo premisas y con métodos que lo hacían llegar a estas conclusiones (fundamentalmente el análisis económico del derecho). Aquí hay una estrategia, son muchos los grupos de poder con intereses en que en la opinión púbica calen los argumentos contra lo público, así que ha sido mucho el dinero invertido en estudios,etc. sobre la viabilidad de lo público o su rentabilidad.

      Por otro lado, en el mundo occidental, todos los gobiernos llevan 30 años trabajando contra lo público de una manera u otra, ya sea desmovilizando, privatizando o minándolo desde dentro, como tú dices. Precisamente, utilizando los argumentos de los que hablábamos antes, ya sea porque se los creían o porque servían a los interesados. Dependiendo de la capacidad de resistencia de las clases populares (por ejemplo sindicatos, partidos comunistas, etc.) este proceso ha ido más o menos lejos, pero como tendencia está en todos sitios.

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