Reflejo en la Sombra revolucionario

Llevo tres días sin escribir. Tres días en los que me estoy dedicando en cuerpo y alma a la “revolución”. El lunes volveremos a la actividad normal, volveremos a escribir todos los días, y comentaré algo sobre los medios y el movimiento 15M. Realmente no me parece preocupante que los medios no entiendan el 15M. Es normal, fundamentalmente porque a nosotros también nos cuesta entenderlo (o por lo menos nos cuesta articular respuestas comunes sobre el mismo).

Es complicado entendernos porque esto no lo ha organizado nadie. Se hizo una manifestación, con unos objetivos claros y concretos que derivó en algo distinto. Esta es una nueva forma de organizarnos: ocupar el centro físico del estado para hacer política. Tampoco sabíamos bien quiénes éramos ni sabíamos bien qué queríamos. Lo queremos todo dice un cartel. Y lo estamos construyendo.

De momento, no sabemos bien qué nos une. Algo que nos une a todas las personas que hemos tomado las plazas es la voluntad de cambiar una sociedad en la que mayoría no contamos para nada. Pero no sólo, también es la ilusión, la alegría, el respeto. Como dice hoy Isaac Rosa, frente a su modelo de participación política (17 personas deciden que Rubalcaba será el candidato del PSOE) en las acampadas ofrecemos asambleas abiertas en las que cualquiera puede tomar la palabra y participar. Frente al aval del 10% de los militantes del partido, ofrecemos un esfuerzo increíble para que cualquier persona pueda opinar y hablar y, más complicado, sea escuchada. Esta ha sido nuestra victoria: nosotros estamos haciendo democracia mientras ellos nos quieren mantener en una oligarquía.

No todo es bonito evidentemente. Estamos aprendiendo, experimentando. Nos equivocamos y mucho. Nos dicen que no sabemos lo que queremos. Puede ser. Pero sí que sabemos cómo queremos saber lo que queremos. Aprendiendo en común, haciendo el programa, el discurso, las propuestas en común. Todos y todas juntos, hablando, conociéndonos, escuchándonos, respetándonos. Recuperando la dignidad que nos habían robado.

Claro, no podemos hacer la revolución si no estamos disfrutando haciéndola:

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