Somos invisibles (II)

Lo invisible se hace visible cuando lo hacemos juntos; cuando las personas se miran con los ojos llenos de gozo; cuando un grupo de personas se identifican entre ellas y nace una empatía espontánea e irrefrenable; cuando los tiempos y los espacios los creamos nosotras en función de nuestras necesidades y, todavía más importante, en función de nuestros placeres; cuando juntamos los sentidos y las ilusiones y descubrimos que son las mismas, que vemos las mismas cosas, que escuchamos los mismos gritos y los mismos susurros; cuando charlamos y trabajamos juntos, por un objetivo común y que, irremediablemente, es nuestro; cuando no necesitamos que nos cuenten lo que ocurrió, porque lo que ocurrió lo hicimos nosotros; cuando descubrimos que nuestra alegría es incomprensible desde su tristeza; cuando entre todas pintamos su mundo gris de rojo y negro; cuando les decimos que, en esta mesa, sí se habla de política; cuando nosotros decidimos los ingredientes de nuestra cena. Y, sobre todo, cuando cenamos juntos, porque hemos hecho una cena en la que caben todos y todas, en la que nadie se queda fuera de la mesa.

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