Medios de intoxicación

Estas semanas asistimos a dos acontecimientos que invitan a la reflexión sobre los medios de comunicación y la información que recibimos. El primero ocurre fuera de España, el segundo toca de lleno uno de los pilares que sostienen al régimen político español.

Uno de los miserables más grandes de este mundo, Rupert Murdoch, un hombre al que habría que mandar a una isla desierta llena de mandriles asesinos, ha sido descubierto en una de sus trampas de “emprendedor generador de riqueza”  con las que hacía el agosto. El tipo era el dueño del News Of The World, una basura sensacionalista británica similar al programa de Ana Rosa Quintana pero en papel. Este periódico había pinchado el teléfono de multitud de personas (desde el Príncipe de Inglaterra hasta los padres de una niña asesinada) para poder ofrecer exclusivas en su periódico ya que, como es conocido, la máxima de esta gentuza es “no dejes que la ética desequilibre tu cuenta de resultados”. Para más inri, y como no podía ser de otra manera, la clase política inglesa tenía relaciones íntimas con esta gente, en una nueva demostración de que la esencia de las “democracias avanzadas” es que mande una élite sin el pueblo y contra el pueblo.

Ya en nuestra querida España, hemos visto como uno de los opinadores oficiales del Grupo PRISA, Carlos Carnicero, se ha lanzado a un ataque desenfrenado contra el otro grupo mediático del PSOE, Mediapro, no entendemos muy bien por qué. Lo que sí que ha conseguido es destapar la profunda red de clientelismos entre el gobierno, el PSOE y Público. Nada nuevo, por otra parte. Ni nada que no ocurra en PRISA. Ni nada que no ocurra en otros grupos mediáticos. Además, el día del 75 aniversario del alzamiento nacional, Carlos Carnicero era despedido de la Cadena Ser. Entendemos que porque un tipo que no para de criticar a Zapatero y al PSOE no es útil en uno de los medios oficiales que hacen la campaña del susodicho partido.

Que conste que a mí Carlos Carnicero no me parece un mártir de nada. De hecho, no es al primero al que se ventilan por discrepar de la línea oficial de la empresa que te paga (Ignacio Echevarría en El País, Rafael Reig en Público). Es más, PRISA lleva un tiempecito de ERES y de negociaciones con los trabajadores que está sirviendo para precarizar todavía más a un gran número de periodistas. De los que te sacan el periódico currándoselo día a día, no de los que cobran 600 euros por hablar media hora en la radio. De hecho, a un columnista que recordó que no es justo que los trabajadores paguen por la ludopatía financiera de sus jefes lo han desterrado a Jerusalén.

En fin, a lo que vamos: ¿es compatible la libertad de empresa con la libertad de expresión? O dicho de otra manera. ¿De verdad podemos pensar que existe libertad de expresión en países donde la mayor parte de la expresión la realizan grupos mediáticos con la única función de maximizar el beneficio? Que el control al poder esté en manos de gente que, evidentemente, son el poder y se benefician de él, ¿nos sirve para algo?

E incluso si la respuesta es sí. Nosotros como pretendidos ciudadanos, ¿podemos fiarnos de estas empresas para satisfacer nuestro derecho a la información? ¿No deberíamos ser conscientes ya (realmente cada vez lo somos más, pero por si acaso) de que nos mienten, de que son empresas que no nos quieren informar y de que quieren rentabilizar una inversión y para eso las genuflexiones ante el poder y las mentiras son mucho más útiles que la verdad?

Anuncios

Un Comentario

  1. Pingback: Chávez | Sombras en la ciudad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s