Medios de intoxicación (II)

Los medios de comunicación no son medios de comunicación, son empresas. Los medios de comunicación deberían medir su alcance en función de la relevancia de las informaciones ofrecidas, pero, como son empresas, miden su alcance atendiendo al equilibrio en la balanza de gastos e ingresos. No nos dan información que afile nuestro espíritu crítico, nos dan espectáculo masticado. ¡Bienvenidos a la libertad de prensa capitalista!

En nombre de la libertad de prensa vemos a mujeres desnudas en las contraportadas de los periódicos deportivos. En nombre de la libertad de prensa nos tragamos cuatro horas diarias a un engendro como Belén Esteban. En nombre de la libertad de prensa observamos cómo los canales de televisión privados insultan a nuestra inteligencia en cada informativo. En nombre de la libertad de prensa vemos cómo los medios obedecen a sus amos y no muerden la mano que les da de comer. En nombre de la libertad de prensa se insulta diariamente a los gobiernos democráticos de América Latina. Y se aprueban EREs. Y se explota a becarios. Y se pagan sueldos irrisorios. Y existe irresponsable mierda fascista como Intereconomía que coincide en gran parte de su ideario con Anders Breivik, el asesino neo-nazi noruego.

En vez de crear conocimiento crítico entre la cuidadanía, en vez de ser ese cuarto poder que controle a los otros tres, son un instrumento más de dominación y apaciguamiento. La crisis económica ha servido en el panorama mediático para engordar las filas del paro, para precarizar más si cabe su trabajo y para estrechar hasta el límite los márgenes de la libertad de expresión.

Ahora, para evitar que publiques una información el jefe de turno te explica lo mal que está el periódico económicamente y que no se puede criticar a tal empresario o a tal institución porque nos retira la publicidad y, claro, no puedes jugar con el pan de sus hijos. Así, con publicidad institucional que pagamos todos, la Junta de Castilla y León amordaza a los medios locales para que no se publique información contraria al Partido Popular.

Con un panorama así, no me extraña que los periodistas críticos, los verdaderos periodistas que están dispuestos a morder la mano que les da de comer, no tengan cabida en los medios. Esos periodistas a los que apetece leer o escuchar porque nunca sabes lo que te van a decir son los primeros que se quedan en la cuneta para que todo permanezca como está. A los constructores y grandes empresarios, que son los dueños de casi todos los medios en España, les acojona la verdadera libertad de expresión.

Así que tenemos unos medios tibios, encorsetados, aburridos y previsibles. Porque para formar una tertulia apasionada, libre, divertida e imprevisible habría que contar sin dudarlo con Enric González, Carlos Carnicero, Rafael Reig o Ignacio Echeverría y con tantos otros de los que no conocemos sus nombres pero que cada día se juegan el puesto de trabajo para ofrecernos unas dosis de libertad de expresión y de espíritu crítico.

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