London Calling

No todas las revueltas van a ser power flower, ¿no? En Inglaterra se están hartando y han empezado a hacer lo que hace la gente cuando se harta, quemar y destruir cosas. Más allá de las valoraciones que podamos hacer sobre el contenido político de estos actos me apetece comentar tres aspectos.

El primero de ellos es sobre las causas. Bastantes articulistas nos han explicado claramente las causas. Los recortes de Cameron sobre poblaciones ya de por sí excluidas del sistema, que llevan años sufriendo el racismo policial y cuyas expectativas vitales van de la cárcel a una vida de mierda hacen que la tensión social se agudice.  Y cuando tensas la cuerda puede acabar por romperse. Aquí, de momento, nos hemos puesto a hacer asambleas, en otros sitios, por las razones que sean, a quemar cosas.

El segundo es sobre los ataques a la propiedad privada. Cuando se toca la sacrosanta propiedad privada todos nos escandalizamos. ¡Oh, no, son vándalos! Evidentemente, la potencia reivindicativa de saquear una tienda de televisiones y llevarte una televisión de plasma es nula. Pero como dice Juan Carlos Monedero en este artículo, la categoría pobre se ha complejizado. Y estos son robos propios de una sociedad consumista en la que preferimos hipotecarnos por un coche muy ostentoso que comer. Así que lo que saqueamos es lo que creemos que merecemos.

El último aspecto es el que me parece más grave. Tiene que ver con las declaraciones que hizo ayer Cameron sobre las revueltas. Dijo algo así como que la causa estaba en que una parte de la sociedad estaba enferma y que no tenían sentido de la responsabilidad. Esta es una estrategia clásica de los conservadores. Nunca hay causas sociales para explicar las cosas. Siempre son fruto de la responsabilidad individual, sin entender (sin querer entender) que la subjetividad se construye en función del tipo de sociedad en que vives, en la interacción con otros individuos que están a tu alrededor: tu madre educándote o el policia abusando de ti o el centro comunitario al que ibas antes que acaban de cerrar y te ha dejado sin ninguna expectativa vital. En una sociedad como la nuestra, que fabrica exclusión de manera industrial, lo normal es que los excluidos tengan consciencia de excluidos y, como tales, las supuestas normas sociales que hay que respetar les resulten ajenas.

Hace un tiempo escribía un post en el que decía que, poco a poco, la violencia en nuestra sociedad se va a hacer cada vez más explícita y que a nosotros nos va a tocar tomar partido. El 15M ha enfocado sus acciones de otra manera, probablemente porque gran parte de los que lo formamos no estamos excluidos del sistema y, la mayoría, aspiran únicamente a que el sistema les integre. Pero esto puede cambiar, las cosas se pueden tensar más y, entonces, nos tocará tomar partido. Con los robocops o con sus víctimas.

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