Algo personal

Volvemos de vacaciones y empieza un otoño caliente. El poder político decide plegarse una vez más a las clases dominantes, a “los mercados”, transmutados en el BCE y hacer una nueva reforma para “tranquilizarles”. Esta reforma, como ya nos hemos enterado, consiste en reformar la sacrosanta Constitución con nocturnidad y alevosía para hacer de la ideología dominante dogma de fe.

Más allá de consideraciones políticas sobre la hipocresía de las marionetas del Congreso que ahora y para esto reforman la Constitución o sobre la nula utilidad de limitar o no el déficit público cuando este no es un problema, lo más importante de esto es que supone una nueva vuelta de tuerca al empobrecimiento de las clases populares.

Porque esto es lo que hay detrás. Las clases dominantes no pueden dejar de tener beneficios. El capitalismo funciona siempre que ellos acumulen más y más capital y la única manera de acumular más capital, en las condiciones actuales, es a través de la economía financiera, comprando y vendiendo dinero. Para que esa economía financiera domine toda la economía, hay que limitar las posibilidades de intervención económica de los estados y, sobre todo, hay que hacer de la teoría económica que justifica esta situación (el monetarismo) una religión.

Porque los gobiernos saben perfectamente que este camino nos conduce a un muro. Y en vez de frenar, cada vez aceleramos más y más hacia el muro. Y nos arrastran a todos. Lo único importante son los beneficios de los que nunca pueden dejar de tener beneficios. Y no van a dejar de tenerlos, van a especular hasta el último minuto. Antes de la crisis ya lo hiceron, la película Inside Job lo explica perfectamente. Y van a seguir haciéndolo. A los especuladores, a los miserables que se enriquecen con esto, no les importan los mensajes de los gobiernos. A ellos les importan su beneficio, única y exlusivamente. Las bobadas sobre la confianza son mentira.

Y su beneficio está por encima de nuestros servicios públicos, de las pensiones de nuestros padres, de la cohesión social, de nuestro trabajo, de nuestra vida. Esto es algo personal, me atacan a mí y al entorno social que me ha hecho la persona que soy. Te atacan  a ti, a tu amigo hipotecado, a tu primo en paro, a los niños de tu barrio que cada vez tienen recursos más escasos en el colegio, a tu vecina viuda que está muy asustada si tiene que pagar para ir al médico.

Kennedy dijo que si no nos dejan hacer una revolución pacífica, hacen la revolución violenta inevitable. Yo prefiero usar un dicho más castellano: o jugamos todos o se rompe la baraja.

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