El fútbol ha muerto. ¡Viva el fútbol!

Las radios deportivas fueron las primeras en anunciar la catástrofe. “¡Se acaba el fútbol! ¡Prohíben el deporte rey! ¡Esto es un ataque a los derechos fundamentales! ¡Coartan nuestra libertad de expresión!”. Grandes multinacionales lanzaron a las masas a luchar por la palabra fútbol que en aquellos tiempos oscuros no significaba más que intereses económicos para los magnates que manejaban los hilos.

Adidas y Nike se dieron la mano tras décadas de encarnizada batalla para luchar por un pastel común que querían repartirse. Mahou y Telepizza financiaron todas las movilizaciones. El presidente del BBVA organizó una rueda de prensa multitudinaria en la que denunció que la “no existencia de fútbol vulneraba los más sagrados principios constitucionales”.

Un grupo de jeques árabes crearon un nuevo deporte con normas semejantes en el que sepultaron sus fortunas. Jaume Roures se alió con sus enemigos más feroces para repartirse los derechos televisivos del último copo de nieve del invierno y de la primera caída de hoja del otoño. Sergio Ramos y Andrés Iniesta, en representación del fútbol español, balbucearon unas declaraciones que nadie fue capaz de traducir.

José Mourinho formó una nueva religión en la que él era la reencarnación de dios en la tierra. Pasados unos meses, cuando hasta su mujer abandonó “el camino de la verdad”, comenzó a trabajar en una ebanistería. Josep Guardiola se hizo mormón aprovechando que ya disponía del atuendo. En la actualidad se le puede ver acompañado de su inseparable Tito Vilanova por las calles de Tarragona buscando nuevos adeptos. Sir Alex Ferguson sigue invirtiendo sus abundantes ahorros en pintas de cerveza por los pubs de Manchester.

Mientras todo esto ocurre, en un potrero de un barrio miseria de Buenos Aires un grupo de niños sucios y despeinados corren detrás de una pelota de trapo, en una favela de Sao Paulo una joven pinta una portería en una pared, a las afueras de Duala con los últimos rayos de sol Paul y Philemón se han jugado una cerveza en una tanda de penaltis y en un parque burgalés, mientras un chaval coloca una chupa a unos metros de la otra, se oye desde la otra parte del parque, ¡Sacamos ya!

El fútbol ha muerto. ¡Viva el fútbol!

  1. Rodrigo

    El futbol como deporte rey, al igual que la democracia; a caido en un bipartidismo; producto del dinero; y no tiene pinta de que vaya a mejorar de esta enfermedad; porque ambos aprovechan el borreguismo, la manipulación informativa, la ausencia de capacidad critica, en fin… solo fomentan la incultura y la ignoracia en favor del fanatismo.

    Menos mal que siempre nos quedara ese otro futbol, que en cualquier calle o parque podemos practicar, y este no nos le pueden quitar; salvo un nuevo cambio en la constitución que ilegalice dar patadas a un balón sin pasar por caja a pagar a mediapro

  2. JOSE

    EL FUTBOL ES AQUELLO QUE CUANDO ERAMOS PEQUEÑOS Y NO ENTENDIAMOS DE DINERO,NI DE MUCHAS CADENAS TELEVISIVAS,JUGABAMOS CON NUESTROS AMIGOS,CON CUALQUER OBJETO COMO PORTERIA Y CON CUALQUIER OBJETO COMO BALON.
    QUE AÑOS AQUELLOS(BENDITA INOCENCIA).
    AHORA;MUCHAS VECES SIN DARNOS CUENTA NOS METEMOS EN ESTA PUTA VORAGINE ECONOMICA DE EQUIPOS,FUTBOLISTAS,FEDERACIONES,TV´S,….Y NO NOS DAMOS CUENTA QUE LA AUTENTICA FELICIDAD FUTBOLISTICA LA VIVIMOS MUCHO ANTES.
    FUE CUANDO SER FELIZ,NO COSTABA DINERO.
    SALUDOS.

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