Ideología y tecnocracia

Uno de los discursos para justificar la imposición progresiva de gobernantes no elegidos por los ciudadanos (Italia y Grecia, pero probablemente algún ministro español) es aquel que nos los presenta como “tecnócratas” no políticos que son capaces de aplicar las medidas “que hay que tomar” sin importarles perder votos o ser impopulares. Así, se nos explica que los políticos que concurren a las elecciones son personajes embridados que, o bien no saben lo que hay que hacer, o bien no se atreven ya que están sujetos a la opinión pública y la opinión de sus votantes. Este discurso, deriva hacia dos lugares que, de alguna manera, se van incorporando al imaginario colectivo, con lo que, poco a poco, iremos autojustificando la dominación.En primer lugar, este discurso nos sitúa ante gobernantes no ideologizados. Así, parece que sus decisiones son meramente técnicas, como el mecánico que tiene que arreglar un coche. Un coche, como el mecánico sabe, sólo hay una manera de arreglarlo. No puedes ser imaginativo y cambiar las bujías por unas piezas nuevas que has inventado. El tecnócrata, actuaría igual, él sabe lo que hay que hacer y, por lo tanto, lo hace sin vacilar. El problema es que, sobre los asuntos públicos, no hay una única manera de hacer las cosas. En los asuntos públicos hay distintas maneras de actuar. Se pueden bajar o subir los tipos de interés, subir o bajar los impuestos, invertir en educación y sanidad o gastar en ayudar a los bancos o en hacer aeropuertos y trenes de alta velocidad. Todo esto son decisiones políticas, que dependen de una ideología, es decir, de una manera de ver el mundo y de valorarlo y, en consecuencia, imaginar nuevas formas en las que este mundo podría ser. Un tecnócrata tienen ideología, y mucha. Y un tecnócrata actúa políticamente, es tan político como el más revolucionario. Lo que él quiere es conservar el mundo tal y como es. Y esto es una opción política. Como lo son el resto.

¿si no quieres hacerlo por qué lo haces?

El segundo lugar al que nos lleva este discurso es aquel que presenta al pueblo o los ciudadanos como seres irracionales que no quieren hacer lo que hay que hacer, bien porque no saben, o bien porque va a ser doloroso. El pueblo, por lo tanto, tendría el mero papel de comparsa, siendo indiferente los gobiernos que ha elegido o sus opiniones sobre la manera de gobernar. Si sólo hay una manera de hacer las cosas, da lo mismo lo que desee la gente, ya que el conocimiento sobre la realidad sólo está en manos de magos que conocen “la verdad”. Ocurre que la verdad no existe. Lo que existe, en una democracia, es la construcción política, incluyendo al máximo de gente posible, de la sociedad. Construir la sociedad conjuntamente implica elegir entre distintas opciones en función de los valores que cada sociedad considere más importantes. Por ejemplo, si una sociedad considera que el valor que hay detrás de la institución de la sanidad pública es mayor que el valor de mantener el beneficio de la banca privada, lo que en una sociedad democrática habría de asegurarse es la sanidad pública, siendo lo otro secundario.Las élites saben que la mejor manera de que nos dejémos dominar es justificando en nuestras mentes esa dominación. Y para ello producen un discurso que nos dibuja a los tecnócratas de una manera y a nosotros en relación con ellos de otra. Esto es política: concretamente, fascismo.

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  1. JOSE

    Bajo mi humilde opinión,creo que utilizamos la palabra fascismo con mucha ligereza.
    Aquí tenemos la suerte de poder ir a las urnas y votar por lo que nos parece mejor.En muchísimos paises no ocurre así.
    Otro tema distinto es lo que la mayoría de los españoles quiere que gobierne.¿Tú crees que la mayoria de los votantes (PP y PSOE)quieren un partido fascista?-Porque lo que está claro es que los 2 mienten igual,los 2 maquillan la realidad igual y los 2 miran hacia otro lado cuando se trata de elegir entre el pueblo y el “poder”.
    Claro que es mas importante la sanidad pública que el interes de la banca,pero hoy por hoy esto es blanco y en botella,por mucho que nos duela.(y esto no inca conformidad)
    Un saludo.

  2. jose

    Cuando uso la palabra fascismo no me refiero a la forma histórica del fascismo. Es evidente que aquí, de momento, tenemos más derechos civiles y políticos que en un régimen genuinamente fascista.

    Pero detrás de la tecnocracia hay una lógica antipolítica que casa muy bien con una característica clásica del fascismo: la invisibilización de los conflictos sociales. El fascismo (a través de una ideología totalizante que hacía que todos los individuos fuesen antes alemanes o arios o italianos o españoles que trabajadores, empresarios o campesinos), ocultaba que la sociedad está compuesta por grupos sociales con intereses distintos, muchas veces antagónicos. La política, en esencia, es la elección moral entre esos intereses.

    La tecnocracia hace lo mismo. Hay soluciones técnicas que nos dicen que no son políticas. Y al hacer esto, niegan que haya que elegir moralmente entre los intereses de distintas clases sociales. Es en ese sentido en el que me refiero que la tecnocracia es fascista, porque, del mismo modo que el fascismo eliminaba la lucha de clases declarándonos a todos miembros de la nación, la tecnocracia desvincula las decisiones políticas de las opciones políticas, presentándolas como técnicas.

    También, y en segundo lugar, la utilización del término fascista tiene la función de provocar. De hecho lo íba a haber puesto en el título.

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