Víctimas del capitalismo (II)

El capitalismo es un tren enloquecido que camina hacia un abismo. Va tan rápido que muchos de los que vamos sobre él no somos conscientes de que ya no hay vía, ni casi tierra por la que circular. Este tren, ha ido arrollando muchas vidas, quemando muchas culturas y agotando todos los combustibles. Es un tren con muchos vagones. Los hay de primera, de segunda, de tercera. También hay vagones de mercancía en el que viajan hacinadas muchas personas, sin alimento, aire, ni agua. Muchos de ellos nunca quisieron subirse al tren, pero sin saber muy bien por qué, han acabado hacinados en el peor vagón y circulando sobre el mismo abismo.

De primera no hay muchos vagones, aunque hay todavía menos personas, por lo que cada una de ellas va muy cómoda. Por supuesto, son los que dirigen el tren, y últimamente han visto que está perdiendo fuelle, por lo que han decidido echar a la locomotora los cuerpos de las personas que van en el vagón de mercancías que, al fin y al cabo, siempre han sido muchos. Y son muy buen combustible, además. En los vagones de primera no se puede entrar, están custodiados por unos guardas muy fuertes que tienen orden de tirar a la vía a aquel que lo intenta.

Los vagones de segunda son bastante numerosos. También hay más gente. En este vagón, siempre están mirando hacia los vagones de primera, que están recubiertos de oro. Resultan tan brillantes, que las personas que viajan sobre ellos luchan y se pelean entre ellas para poder entrar en el vagón de primera, pero siempre se encuentran con esos guardas que los tiran a la vía. De estas peleas, estos vagones suelen acabar destrozados. Cuando esto ocurre, y los que van en el vagón de primera ven que los guardias no van a poder contener a tantos viajeros, le dan unas manos de pintura, les forran los asientos con piel y les ponen unas televisiones de plasma para que los de segunda se tranquilicen. Aunque siempre acaban destrozándolo todo.

Los vagones de segunda están conectados con los de tercera y no hay grandes restricciones para entrar en ellos. Es cierto que de vez en cuando ponen algún guardia para intentar separarse, pero nunca terminan de cerrarlo, porque el tren está diseñado para que no pueda hacerse.

Aunque de tercera hay más personas que de segunda, de estos hay menos vagones. La gente que va en los vagones de tercera va algo apretada. Estos vagones no tienen paredes y, al contrario que los de segunda, tienen mejores perspectivas del paisaje. Así, son conscientes de que el tren va demasiado rápido y de que, en cualquier momento, se pueden caer a la vía. Y si no es a la vía, pueden acabar hacinados en los vagones de mercancías, lo que tampoco resulta muy halagüeño. Ellos apenas ven los vagones de primera, aunque toda la basura que producen en estos vagones la reciben ellos o los vagones de mercancías. Para no caerse a la vía, intentan entrar en los vagones de segunda, aunque muchas veces les cuesta la vida. Otras veces lo consiguen.

Desde hace unos años, los que viajan en el vagón de primera se han dado cuenta que han agotado casi todos los recursos y que las personas que van hacinadas en los vagones de mercancías tampoco son un combustible infinito. Por eso, están buscando la manera de echar de la locomotora a los de tercera. Por su parte, en los vagones de segunda se está cayendo la pintura, la tele de plasma no funciona y la piel de los sillones está llena de agujeros. Además, en algunos vagones de segunda se están empezando a caer las ventanas y las paredes, y ya no hay techo que resguarde de la lluvia. Sin darse cuenta, o quizá sí, se están convirtiendo en viajeros de tercera, lo cual les tiene aterrorizados.

Por suerte, algunos de estos viajeros han estado hablando con los viajeros de tercera. Han decidido que ya no se van a pelear por entrar en los vagones de primera, sino que tienen que juntarse todos, los de segunda y los de tercera, asaltar la locomotora, parar el tren, abrir los vagones de mercancías, desmontar los de primera y repartirse equitativamente todo lo que hay en ellos. También se han dado cuenta de que no hay necesidad de viajar a toda velocidad en un tren, que hay mucha tierra alrededor de las vías por explorar, conocer y disfrutar. Y lo van a intentar.

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