Españoles: Fraga, ha muerto

Creo que nunca hemos hablado en el blog sobre la Santa Transición. Hoy, ya que uno de las personas que la protagonizó acaba de morir puede que sea un buen día. Porque Fraga simboliza en su persona el hecho esencial que definió la Transición y, por lo tanto, el régimen político actual.

Fraga fue un ministro de Franco que acabó sus días como Presidente de Honor de uno de los dos partidos del régimen, concretamente del que tiene ahora todo el poder político. Esta trayectoria es la trayectoria del sistema político en su conjunto, un sistema que pasó desde un régimen fascista hasta un régimen parlamentario sin rupturas.

Y esto tiene consecuencias. No sólo morales, como el hecho de que nuestro sistema político tenga su origen histórico en las calaveras de las cunetas (nuestro régimen no nació en el 78 sino en el primero de abril de 1939). Sino también políticas. El caciquismo como forma de gobernar, algo de lo que sí que hemos hablado y que puebla cada una de las instituciones políticas (y también económicas) es una herencia directa de 40 años de franquismo. 40 años de concebir el poder y el estado no  como lo publico de todos, sino como un cortijo de unos cuantos, inaccesible para la mayoría e incuestionable para todos. Basando esa autoridas en Dios, la Historia y el destino universal.

Ésta es una de las claves para entender por qué, por ejemplo, en Burgos el Parking de Eladio Perlado había que hacerlo, independientemente de lo que quisieran los vecinos. Porque no cuestionar el origen de un régimen (como no cuestionar al rey) implica no cuestionar la concepción del poder que transciende a ese régimen político, concepción del poder que atraviesa cada una de las relaciones políticas, económicas o mediáticas.

Así, al no cuestionar lo que era Fraga (como hace muy bien Juan Carlos en esta llamada a Radio Nacional) las élites mediáticas de este país dejan de cuestionar el tipo de poder que tenemos en España. Ese poder que se gasta 300.000 euros en una estatua del Presidente de una Diputación.  Entre esa estatua y que un ministro de una dictadura no sea juzgado, permanece el hilo negro de la desmemoria.

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