Contra la reforma y más allá

El viernes pasado el gobierno hizo pública la nueva reforma laboral. En Sombras en la Ciudad ya hemos hablado de las reformas laborales y de su inutilidad para generar trabajo. Esta reforma se viene a añadir a todas las que se han hecho antes, que a la vista está no han conseguido reducir la tasa de desempleo ni que “el ajuste no se haga despidiendo gente”, como dijo la ministra el viernes.

La idea que hay detrás de esta reforma es que, para que aumenten los trabajadores, hay que pagarles menos. Así, de lo que se trata, es de que al empresario le cueste muy poco contratar para, de esta manera, contratar más. Que contratar cueste menos significa, como dijo un señor alemán con barbas en el Siglo XIX, aumentar la tasa de explotación de los trabajadores, al extraer más plusvalía de cada uno, pagando menos salario real pero obteniendo el mismo beneficio (en salario real, entran no sólo el salario que se ingresa a cada trabajador sino también los costes sociales derivados de la relación laboral, por ejemplo vacaciones, indemnizaciones, etc.).

Por esta razón los empresarios están muy contentos. No porque así vayan a poder contratar más, ya que el negocio y el beneficio en la actualidad no se genera a través del trabajo asalariado, sino porque, de esta manera, la relación trabajador-patrón se hace más desigual a su favor. Los empresarios, ahora, pueden cambiar las condiciones de sus trabajadores sin apenas avisar (por ejemplo, reducir la jornada o el sueldo) y el que se queje a la calle. También, ahora, los empresarios se pueden descolgar de un convenio colectivo que se aplique siempre que, atentos, tengan dos trimestres seguidos de disminución de ingresos o ventas. Por internet se pueden encontrar varios análisis, uno muy bueno es este.

Venimos un tiempo diciendo en el blog que o ellos o nosotros. Ellos son todos aquellos que se benefician con esta reforma y las demás. No me refiero al pequeño empresario que va a recibir una bonificación por contratar a alguien. Me refiero a todos aquellos que se están beneficiando del empobrecimiento generalizado de las mayorías sociales para transformar la sociedad a su favor. Esos son, literalmente, el enemigo. El enemigo de los que perdemos salarios, perdemos derechos, perdemos, en definitiva, vida. Nos han declarado la guerra, así que no nos podemos saltar ninguna batalla. Aquí, en Grecia y en todo el mundo.

Por eso hay que empezar el domingo 19. Y seguir el 20, el 21, el 22, el 23.

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