Ahí están. Ya se ven. ¡Los fascistas del PP! (II)

Tres cosas a tener en cuenta para futuras batallas.

1) En Valencia, al igual que al inicio del 15M, la inmensa mayoría de la sociedad ha cuestionado la legitimidad del Estado para ejercer la violencia. Que haya habido manifestaciones tan grandes pidiendo la dimisión de la delegada del Gobierno implica que la encargada de empezar la violencia ha perdido legitimidad para hacerlo. Esto es muy importante, ya que la esencia del Estado y su sostén último está en la aceptación de esa legitimidad por parte de la sociedad a la que gobierna. Ya tenemos dos ocasiones, por lo menos, en que la sociedad gobernada ha negado esa legitimidad.

2) Como dice Guillem Martínez en este artículo, la clave ha estado en que las instituciones no han podido gestionar el monopolio de la violencia informativa. La proliferación de imágenes y noticias sobre la Primavera Valenciana en internet, sobre todo a través de Twitter y Facebook, hizo que los medios, que en un primer momento no prestaron atención al fenómeno tuviesen que terminar haciéndolo, ya que se había convertido en noticia. Esto debe hacernos entender la importancia de la capacidad que tenemos de visibilizar de manera autónoma una parte de la realidad que hasta hace muy poco tiempo siempre quedaba oculta: la violencia policial. Esto nos da, como hemos visto, muchísimo poder, ya que nos permite contrarrestar el imaginario hegemónico del “algo habrá hecho” e insertar en él imágenes de policía que pega a gente que no hace nada.  De momento la batalla está aquí: la batalla de la opinión pública.

3) A pesar de que, poco a poco, erosionamos esta legitimidad, esto no traslada automáticamente la legitimidad para ejercer la violencia a los manifestantes. Ver a matones como el policía que empuja a dos niñas contra un coche genera mucha rabia. Además, para la construcción de la épica del movimiento, ver imágenes del Banco de Grecia ardiendo es muy útil. Pero, de momento, no tenemos la legitimidad social necesaria para ejercer la violencia. No sé si este día llegará. No sé si el cúmulo de agravios y el empobrecimiento general sumado al aumento de la represión hará que el Estado pierda toda legitimidad y no pueda mantener el monopolio de la violencia. Lo único que sé, de momento, es que éste  no es un escenario atractivo. De hecho, es un escenario bastante desolador.

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