Los muckrakers y el 15M

En una tarde de primavera estudiantil Víctor Sampedro, uno de los pocos profesores por los que merece la pena estar cinco años matriculado en una facultad, nos explicó lo que eran los muckrakers. Nos dijo que el término procedía del inglés y que significaba literalmente “rebuscadores de basura”. Eran unos periodistas que se dedicaban a buscar entre la mierda del sistema, entendían que su labor consistía en sacar a flote todos los excrementos que ocultaba la sociedad.

Su origen está en Estados Unidos y a todos ellos les debemos reportajes que destaparon tramas corruptas de las grandes corporaciones o de Wall Street en los felices años veinte, nada nuevo bajo el sol. Tuvieron muchas dificultades para publicar sus trabajos, fueron acusados de cometer el grave delito de ser comunistas y les persiguieron por tierra, mar y aire.

Este grupo de adelantados a su tiempo nos legaron el germen de lo que sería el periodismo de investigación a través de sus certeros reportajes que señalaban con puntería de francotirador la basura del sistema, la mierda, lo asqueroso, lo que apestaba.

Los medios de comunicación actuales en España están a años luz de entender el periodismo como lo hacían los muckrakers. De hecho, ellos mismos son parte del problema, de la porquería, de esa bazofia que no nos deja respirar y a la que hay que señalar para que deje de dispararnos con sus pestilentes mensajes.

Esa prensa vomitiva que ridiculiza al 15M porque, según sus propias mentiras, “no ha servido para nada”, no sabe que, entre otras muchas cosas, el 15M está haciendo parte de la labor que deberían hacer ellos mismos. Los indignados están mostrando las situaciones injustas que se dan en nuestra sociedad actual derivadas del sistema político y económico que nos gobierna, el neoliberalismo.

Dejando a un lado las importantes acciones desarrolladas, el 15M ha señalado con sus dardos certeros la mugre social que nos rodea, han sacado a la superficie situaciones que atufaban ocultas en el fondo del mar. Los abusos de los desahucios, un sistema fiscal injusto, el desmantelamiento de los servicios públicos esenciales, la exigencia de una democracia real frente a la actual secuestrada por los intereses económicos o los desmanes financieros son, entre otras muchas, las basuras que apestan y que ahora están en la superficie del debate público.

Esa labor intachable y de brillantísima importancia seguro que hace a los muckrakers observarnos desde alguna barra celestial, orgullosos de su legado mientras incendian cajetillas de tabaco, chistes de humor negro y copas de alcohol de altísima graduación.

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