Nocaut

Estaba frente a la puerta con el pulso tembloroso. Metió la llave en la cerradura como si fuese cualquier otra persona cualquier otro martes de cualquier otra semana del año. Cuando Almudena se dejó caer en el sofá, Carla, que todavía no había levantado la vista de su libro, sabía que algo no marchaba bien.

– ¿Qué tal?

– ¿Que qué tal? ¡Hijos de puta! Me han largado. Han esperado hasta ahora, a sangre fría. Cobardes…

Carla decidió dejarle un saco de silencio y comprensión para que se rompiese los puños contra él. Sabía que una púgil como Almudena hacía añicos a los sparrings.

– Han esperado. Han esperado los cabrones y ahora, que no soy delegada sindical y con el despido regalado, me han puesto en la puta calle.

Ese golpe tenía mala pinta. La mirada de Almu se inundaba. Estaba grogui sobre el ring. ¡¡Que suene la campana y venga para la esquina!! Carla le abrazó.

– Esto se va a la ruina. No tenemos alternativa. Cada uno se salva su culo y si das la cara por alguien, te la parten.

Carla nunca había visto besar la lona a Almudena. ¿Qué ocurría? ¿Dónde estaban las alas de sus piernas y su mandíbula de acero? La vaselina no era suficiente para desviar la dureza de los puños del rival.

– ¿Qué vamos a hacer ahora? -rompió a llorar- No nos queda nada, ¡hostia! ¿Los hijos de la gran puta del banco piensan que vamos a pagar la hipoteca con mi paro? Estamos jodidas.

Ese gancho había abierto una zanja en la ceja izquierda de la brava contendiente. ¡Sube la guardia, Almu, hostia! ¡Sal de ahí! ¡Sal de ahí!

– ¿Y qué van a hacer los del Gobierno? ¿Entregarnos al FMI como cerdos al matadero? Sólo somos su sucia mano de obra. ¡No les importamos, Carla! ¡No les importamos una mierda!

Buff. Estaba derrotada. Alargar el combate sólo serviría para que se lesionase de gravedad. Había que arrojar la toalla. El rugido de la campana. Combate terminado. ¡Mierda!

– Ven aquí dame un beso, pequeña. ¿Te vas a acojonar tú ahora de toda esa calaña? ¿Nos vamos a poner de rodillas? ¡No me jodas, Almu! ¿Después de toda la vida siendo consecuente y partiéndote la cara por todo el mundo vas a dar un paso atrás? ¿Van a cambiarte ahora esa panda de hijos de puta? Ni de coña. Levanta la cabeza y pégate una ducha que esta noche vas a cenar la mejor tortilla de patatas que ha parido madre. Y mañana a seguir dando guerra como toda la puta vida. Eso sí, esta noche te voy a coger por banda y vas a flipar, enana.

Almudena se secó las lágrimas y esbozó una sonrisa. No estaba todo perdido. A partir de ahora bolsas de hielo con besos y cuando cicatricen las heridas, a mover esos puños de nuevo. Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos. ¡Más rápido! ¿Y las piernas? ¡Vamos! ¡Vamos! ¡A bailar! ¡A bailar! PEDIREMOS LA REVANCHA.

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