Romper la ignominia

Ignacio Escolar contaba el lunes en su columna la historia del diputado de las Cortes de Castilla y León, Raúl de la Hoz. Este tipo, aparte de hacer política en las Cortes de Castilla y León, también la hace en sus ratos libres, ejerciendo como abogado de bancos y esta clase de sinvergüenzas. En el ejercicio de su actividad, el señor de la Hoz pidió el embargo del subsidio a una mujer que ya había sido desahuciada, demostrando de esta manera la catadura moral de quienes, ya sea haciendo leyes o a través de sus prácticas, están destruyendo esta sociedad.

La avanzadilla en la destrucción de lo que hace una sociedad decente (sanidad gratuita y universal, educación gratuita y pública, justicia gratuita y accesible, etc.) es el gobierno de la Comunidad de Madrid. Ahora se dispone a desmantelar el Hospital de la Princesa. Ésto, dentro del contexto de la privatización generalizada de la sanidad pública convertida en un negocio para los amigos de los que gobiernan en la Comunidad. El Hospital de la Princesa es un centro puntero en especialidades como neurocirugía. Ésto es fruto de una inversión social, que hemos sufragado todas y todos para sostener nuestras vidas.

Este lunes en Barcelona cinco personas han comenzado una huelga de hambre solidaria con un compañero de trabajo al que Telefónica despidió después de seis meses de baja. Bueno, no le despidió por eso, le despidió por ser un trabajado activo y defender sus derechos a través de un sindicato. El caso es que, tras un tiempo de procesos judiciales, no se ha conseguido la readmisión.

Estos tres hechos son fragmentos de la ignominia. Están conectados por un hilo casi invisible pero afilado y desgarrador. Un hilo que nos ata y nos exprime poco a poco, hasta que, una vez vaciados, inservibles, nos desecha. Muchos llaman a este hilo capitalismo.

Pero frente al hilo de la ignominia, frente a la secuencia de desgracias sin sentido en que se está convirtiendo nuestra sociedad, hay un hilo mucho más fuerte. El hilo de solidaridad que se manifiesta en las luchas que, cada vez más, se oponen a la ignominia planificada.

Es esa solidaridad la que hace que cinco personas apuesten su vida por un compañero despedido. Solidaridad que no podemos dejar de admirar. Son las ganas de lucha que hace que los trabajadores de la mayor parte de los hospitales de la Comunidad de Madrid se encierren para evitar su expolio por las clases dominantes. Ese hilo que vincula todos los Stop desahucios y todas las okupaciones de sucursales bancarias que, como ésta del centro de Madrid, demuestran donde están los dignos y donde los indecentes (además de conseguir victorias concretas).

Es esa solidaridad la que, al fin y al cabo, nos va a permitir romper su ignominia.

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