#14N Huelga General (II)

Cualquier análisis de la huelga general convocada el miércoles debe partir de una premisa: la huelga en sí misma ya no es un instrumento de lucha idóneo para las condiciones de vida contemporáneas.

Ya hemos hablado en alguna ocasión de cómo, en el capitalismo contemporáneo, el trabajo asalariado con cierta estabilidad ha dejado de ser la forma mayoritaria de inclusión social, habiéndose multiplicado las formas de sostener la vida (becas, trabajo informal, autoexplotación como autónomo, prácticas, distintos subsidios y prestaciones públicas). Es decir, de alguna manera, la figura clásica del trabajador asalariado con un trabajo estable y perspectivas de estabilidad está despareciendo mientras que las “nuevas formas” del trabajo lo único que comparten es la precariedad vital que impide que la mayoría podamos hacer planes vitales a más de un año vista.

En este contexto, la huelga general, instrumento clásico de lucha de la clase trabajadora, deja de ser un instrumento válido para las personas inmersas en estas nuevas del trabajo. Desde el becario o precario cuyo contrato eventual elimina cualquier esperanza de tener un puesto de trabajo asegurado hasta los 6 millones de parados que, por mucho que se movilicen o protesten, no van a ser contabilizados como huelguistas.

La huelga del día 14 nos mostró, en este sentido, que los cambios en la estructura social del trabajo afectan ya directamente a las formas de protesta. Si bien, el piquete clásico, formado por trabajadores sindicados que se acercan a los centros de trabajo ha estado presente, se ha visto en igual medida (y de hecho, los medios lo han visibilizado más) una nueva forma de protesta, que podíamos llamar piquetes ciudadanos, formado por gente no sindicada y no asalariada que extendía la lucha a distintas formas de desobediencia. Del mismo modo, por la tarde vimos cómo la protesta en toda su potencia se trasladaba a las manifestaciones.

Nota romántica: bajar hacia el centro desde Gamonal el miércoles por la tarde hacía saltar las lágrimas viendo la riada de gente que desde el barrio obrero por antonomasia de la ciudad de Burgos bajaba hacia la manifestación. Obreros movilizándose. 

La plaza del Cid. De rojo.

De la capacidad de ir articulando las luchas de los que hemos abandonado toda esperanza de vida estable con las personas que todavía se identifican con las formas clásicas del trabajo asalariado dependerá nuestra capacidad para frenar el expolio de nuestras vidas y ganar la guerra a las clases dominantes. En este sentido, más allá de cifras concretas, la huelga del miércoles fue un buen paso en ese camino de confluencia y construcción de una nueva conciencia de clase.

Algún buen análisis de la huelga:

En rebelión, grande Rafael Reig y la huelga ha sido un éxito

Y sobre nuestra policía:

Sus salvajadas. Contra la impunidad.

Un Comentario

  1. Céline

    Totalmente de acuerdo. El derecho a la huelga se debe defender, pero haría falta ser ciego para no ver que hoy esa herramienta se ha quedado desfasada. Sólo los funcionarios pueden permitírsela. Lo que es revelador es la participación a las manifestaciones, no las cifras de la huelga. Porque ahora está saliendo a la calle gente que hace años ni habría soñado con hacerlo. También, en clave más sombría, convendría dar a conocer las cifras de los suicidios y del consumo de anxiolíticos… Algún médico enfadado podría romper la ley del silencio y comunicar sobre esos aspectos.

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