Luchadores de clase

En un libro que estoy leyendo, “Chavs. La demonización de la clase obrera”, Owen Jones analiza cómo detrás de la caricaturización y parodia que en el Reino Unido se realiza de los “Chavs” (equiparable al “cani” español) se esconde un profundo clasismo. En este libro Jones titula un capítulo “Luchadores de Clase”. De manera muy interesante, presenta a los que, en la actualidad y desde hace unos años, están protagonizando la lucha de clases en nuestra sociedad. Parte de la famosa declaración de Warren Buffet, que hemos repetido en varias ocasiones en este blog y que deberíamos tener grabada en la cabeza:

Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que la ha empezado. Y vamos ganando.

A partir de aquí, Jones hace una descripción sobre las élites británicas y las maneras en que éstas están llevando a cabo la lucha de clases. Nos habla de los colegios privados, del currículum de Cameron o de la procedencia de la mayor parte de los periodistas que producen las visiones sociales dominantes en el Reino Unido.

Leyendo este capítulo me he preguntado: ¿quiénes son los luchadores que están protagonizando la lucha de clases nacional?

Y luego me he encontrado esta foto.

El eje del mal.

Ahí tenemos a los protagonistas de la lucha de clases nacional, bien sonrientes para la foto de “La Escopeta Nacional 2.0.” Ahí vemos a dos tipos que caracterizan perfectamente nuestro régimen político: el rey, del que nos abstendremos de comentar nada y Jaume Matas, un tipo que usaba las retenciones del IRPF de vuestras nóminas (los que tengáis) para comprarse escobillas del váter de 300 euros (sí, ya sé que “no es exactamente así”).

Y con ellos, nuestros Warren Buffet particulares (bueno, tampoco exactamente, pero es su aspiración) don Gerardo Díaz Ferrán y Arturo Fernández. Uno en la cárcel y el otro con una relación “distante” con la Seguridad Social.

Estos son los protagonistas de la lucha de clases en España. Las élites político-económicas representadas por los personajes de esa foto han iniciado una guerra de clases contra la mayoría de nosotras. La corrupción política, las triquiñuelas, los sobres, los préstamos a partidos perdonados o los banqueros indultados por el Consejo de Ministros forman parte intrínseca del funcionamiento del sistema político-económico.

Y este es el contexto de la corrupción que protagoniza últimamente el debate político. Por eso, no podemos entender la corrupción como hace Antonio Fernández Santos en este tweet:

No es algo que, en última instancia, esté causado por nuestra debilidad colectiva. ¿Acaso los lobbys en el Parlamento Europeo, que están allí legalmente, no están corrompiendo el poder político? Hay más de 5.000 personas que trabajan para presionar a favor de las empresas. Y muchos de ellos son esos nórdicos impolutos que aman lo público y dimiten por una multa de tráfico (cosa que, evidentemente, molaría que nuestros políticos patrios hicieran).

La corrupción es una forma de funcionamiento del “libre mercado” que solamente “va bien” cuando se impone a través del poder político. O sea, cuando el rey (poder político) hace una llamada a un político (Jaume Matas) para que este dé una concesión a la empresa de Díaz Ferrán y otra a la de Arturo Fernández.

Y eso es la lucha de clases.

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