Magos contra la farsa

Leo en el suplemento dominical del periódico del que se ha largado Maruja Torres, después de que no le dejasen escribir columnas de opinión, un artículo de Luis Miguel Ariza titulado Magos contra la Farsa. El texto narra la historia de James Randi, un mago genial que ha dedicado parte de su vida a desenmascarar a los mentalistas que dicen tener poderes sobrenaturales.

Randi, maravilloso prestidigitador, realiza sus espectáculos sin esconder que hay truco, que cuenta con una destreza, velocidad, conocimiento o picardía que le hacen alcanzar retos como aguantar 104 minutos en un ataúd sellado y sumergido, superando el récord del mismísimo Houdini.

Randi, el mentiroso honesto, pone las cartas boca arriba. Su filosofía es: Venid a verme, os lo pasaréis bien, os gustará porque soy un mago cojonudo, pero, ojo, aquí hay truco. Yo no engaño a nadie. No soy ningún enviado de dios. No voy a curarte el cáncer, ni la ceguera, ni voy a entablar contacto con tu marido fallecido. Por eso, le revientan los videntes, psíquicos o curanderos que se dedican a estafar a la gente y tiene una fundación que ofrece un millón de dólares al psíquico que demuestre que tiene poderes sobrenaturales. “Nunca mi dinero ha estado en lugar más seguro”, bromea Randi.

Su historia comienza en 1943, cuando sólo tiene 15 años. Randi ya es un meticuloso aprendiz de mago y se encuentra en una parroquia de Toronto, por la que se pasa una cesta en la que los feligreses introducen sobres con sus nombres en el exterior y con sus peticiones a dios/preocupaciones/enfermedades en el interior. El sacerdote adivina las peticiones de todos sus parroquianos lucrándose de ese lugar privilegiado que le sitúa en contacto directo con el Altísimo. Todo va bien para él hasta que el joven Randi descubre el truco.

Cuando el cura escoge el primer sobre, con el nombre de Mary, pregunta por un tal David entre el público, que en realidad es su compinche. Por supuesto, el predicador sabe de antemano la pregunta de su colaborador. Aprovecha la ocasión para abrir el sobre de Mary haciendo creer que es el de David y memoriza su contenido. Coge otro sobre y dice: “Este lo ha escrito Mary”, cuando en realidad pertenece a la siguiente. Y sigue la cadena hasta desvelar los contenidos de todos los sobres.

El aprendiz de mago sube al púlpito revelando las artimañas del sacerdote. ¿Qué ocurre? “Los que estaban allí se negaron a escuchar. Estaban indignados. Uno de ellos fue a buscar a un policía que lo llevó a comisaría”.

James Randi

El mago James Randi.

De la historia de este mago honesto podemos extraer algunas conclusiones muy valiosas:

1. Decir la verdad no siempre tiene recompensa. De hecho, decir la verdad puede meterte en problemas.

2. Hay mucha gente que piensa dentro de unos marcos que desde siempre han recibido y que no se cuestionan. Si se los cuestionas, en principio no van a aceptar tus argumentos por muy bien fundamentados que estén. Son muchos años empapándose de esos marcos a través de los medios de comunicación, la educación o la familia. Los parroquianos de Toronto no querían observar la verdad de Randi porque desde siempre habían confiado en la Iglesia y no estaban dispuestos a cuestionar esa institución.

3. Randi cuenta con una gran formación, experiencia, talento y astucia que le permiten descubrir a los farsantes a través de la realidad. Desde mi punto de vista, los movimientos sociales (hablando de forma genérica) cuentan con el conocimiento de las ciencias sociales, la experiencia, el talento y la astucia para descubrir a los farsantes de la sociedad actual señalando sus errores y ofreciendo soluciones.

4. ¿Dónde acaba la primera historia de Randi? En la comisaría. El sacerdote no convenció a Randi y a los parroquianos demostrando que tenía poderes sobrenaturales. La solución fue reprimirle utilizando las fuerzas policiales. En los últimos tiempos estamos viviendo muchos procesos de criminalización de los movimientos sociales. Como no son capaces de convencerles dialécticamente, la solución es mandar a la policía. Cinco anarquistas detenidos por pertenecia a grupo terrorista y enaltecimiento del terrorismo, mientras sólo se encuentran en los registros camisetas y pulseras con pinchos. Detenidos los miembros de Greenpeace que se subieron al tejado del Congreso para protestar contra la nueva Ley de Costas que pretende hacer crecer la economía a lomos del ladrillo y cargándose todos los recursos naturales del litoral. Un miembro del PSUV, el de Chávez y Maduro, detenido mientras se celebraban unas Jornadas Internacionalistas en la Universidad de Valencia. En Burgos también un joven fue detenido durante la última Huelga de Educación.

Los movimientos sociales, esos magos contra la farsa, siguen batallando para hacerle llegar a la gente la verdad de todas las triquiñuelas económicas con las que nos pretenden engañar. Mientras tanto, el poder del Régimen, tan poco creativo, les envía a la policía. Como dice el profesor Juan Carlos Monedero, “en nuestra democracia, pasar por la cárcel ya parece ser una cuestión de decencia”.

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