Lo llaman democracia y no lo es

De un tiempo a esta parte se está haciendo cada vez más evidente la necesidad de un cambio político que deje atrás los consensos del Régimen del 78. Lo que durante tres décadas se vistió de seda libre y democrática, hoy se ve como una mona rancia, obsoleta y antidemocrática. Más allá de lo poco democrático que es tener un Gobierno-títere de poderes económicos que nadie ha votado, como la Troika, podemos observar el déficit democrático en decisiones mucho más concretas del ámbito local y provincial burgalés. Veamos dos recientes ejemplos en los que las autoridades políticas están dando la espalda a las mayorías sociales.

Recortes de líneas de autobús urbano: El Ayuntamiento de Burgos, siguiendo la línea de recortar todo lo recortable, va a reducir el número de rutas de autobuses municipales pasando de 32 a 15 escuálidas líneas. Como si esto fuera poco, desaparecen 60 paradas, dejando barrios como Río Vena o San Juan de los Lagos completamente incomunicados.

Las consecuencias de esta decisión serán: un transporte público deteriorado sin la capacidad de poder ofrecer un servicio digno, un mapa de líneas raquítico que te impide coger el autobús para completar muchos itinerarios dentro de la ciudad, gran cantidad de ciudadanos sin poder comunicarse a través de la red de transporte público,… En definitiva, esta medida del Ayuntamiento no beneficia absolutamente a nadie. Estos gestores ejemplares destrozan las condiciones de vida de los burgaleses, mientras engordan la cifra de déficit local.

Los vecinos han comenzado a movilizarse, sabedores de que sus “representantes públicos” gobernarán contra sus intereses. ¿Qué tiene de democrática esta medida? ¿Por qué no consultan a los burgaleses afectados? ¿Afectan estos recortes a los concejales que toman estas decisiones? ¿Cuántos concejales del PP viajan en autobús urbano diariamente?

La ofensiva del Fracking que no cesa: Trofagás, empresa impulsora del fracking en España, tiene previsto instalar su sede social en Burgos. Después de que les cerrasen las puertas en Galicia y Cantabria, estos depredadores de nuestros recursos naturales han advertido la tibieza de las autoridades castellanas y llegan dispuestos a hacernos comulgar con su rueda de molino.

La semana pasada estuvo en Burgos el ministro de Industria José Manuel Soria que, con la inestimable ayuda del Diario de Burgos, siempre dócil con el poderoso, nos vendió las bondades del fracking. Una vez más, políticos tomando decisiones de espaldas a la voluntad popular. Como esta ofensiva no cesa y están dispuestos a llenar de mierda nuestras tierras a costa de llenarse ellos los bolsillos, tendremos que seguir dando la batalla hasta que echemos a estos cerdos de aquí. Habrá que recibir en tierras burgalesas a los de Trofagás como se merecen. ¿Por qué las grandes empresas tienen tanta influencia en la política cuando sólo buscan su propio beneficio?

Y sobre todo, ¿por qué lo siguen llamando democracia cuando gobierna una casta política y económica contra el pueblo?

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