Lacalle está desnudo

La victoria de la gente común sobre el Hay Untamiento de Burgos ha hecho que los medios de comunicación hayan colocado a Javier Lacalle en el disparadero. Los medios de comunicación que no son propiedad de Méndez Pozo o Ulibarri, claro. O sea, los medios de comunicación de fuera de Burgos.

Por un lado, eldiario.es está sacando a luz distintos problemillas de la vivienda de Javier Lacalle. Suponemos que el registro de la propiedad debe recoger exactamente las propiedades inmobiliarias. Más que nada, porque los impuestos los pagas a partir de lo que pone en el registro de la propiedad. En el caso de Lacalle esto no es más que una suposición, porque en su ático existen ciertas diferencias entre las dos habitaciones registradas y las tres realmente existentes. Ya sabéis, esos formularios insoportables que te hace rellenar el Hay Untamiento para cualquier cosa que quieras hacer, pues Lacalle no los necesita.

Porque claro, resulta que un alcalde tiene que hacer una declaración de sus bienes al llegar a la Alcaldía. Por eso de que si te haces muy rico mientras eres el alcalde, canta un poco. Lacalle, estamos seguros que de buena fe, se equivocó al redactar su declaración de bienes y como hoy nos cuenta Ignacio Escolar (recomendamos nuevamente escuchar su conversación con el director del Diario de Burgos Méndez en la Ser, que no tiene desperdicio) ha sido denunciado por falsedad documental. Falsedad documental es, sí, el mismo delito por el que una vez Antonio Miguel estuvo en la cárcel. Dios los cría y ellos se juntan.

Pero es que claro, a perro flaco todo son pulgas y resulta que ahora la Comisión Europea está investigando al innombrable por algunas irregularidades en la gestión del Hospital Universitario de Burgos. Imaginamos que don Antonio Miguel, acostumbrado a llamar por teléfono al Hay Untamiento o a la Junta y que le respondan con un “sí, bwana”, tendrá más problemas para llamar a Bruselas y explicarles que eso de los sobrecostes y los dineros poco claros forma parte del saber hacer burgalés. Esperemos que su amigo Aznar interceda por él, porque de Lacalle ya sólo se puede esperar que redacte su carta de dimisión sin faltas de ortografía.

Aquí, Lacalle y Méndez Pozo cuando se reían. Ahora igual nos reímos nosotros.

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