Los directivos: Lo mejor de Burgos (4 de 5)

Otro aspecto que siempre ha formado parte de la polémica en la caja ha sido el de la elección de sus directivos. Entre éstos siempre han destacado personajes de rancio abolengo, representantes de la oligarquía burgalesa, o bien directamente enchufados por los diferentes partidos políticos, especialmente el Partido Popular. También algunas instituciones como la Cámara de Comercio o algunas secciones de la UBU, más dedicada en muchas ocasiones a estrechar lazos clientelares que a la socialización de los conocimientos, han servido de trampolín para que muchos profesionales del robo y el engaño, con la “representación” como único oficio conocido, se ganaran la vida a costa de los ahorros de los y las burgalesas y del dinero público. Podemos comprobar como muchos de los directivos y exdirectivos de la entidad han ido turnándose en estas instituciones formando un estamento social propio. Lo que muchos llaman el Burgos “feudal”.
Además, en los últimos años, numerosos escándalos y algunos procesos judiciales han evidenciado que algunos individuos, legal o ilegalmente, amasaban inmensas retribuciones (en salarios múltiples y grandes comisiones) o se concedían créditos a sí mismos, que no tenían por costumbre devolver.
Comencemos por una pareja conocida en Burgos: el exconcejal y flamante nuevo procurador del Partido Popular Ángel Ibáñez y el exrector de la UBU José María Leal. Estos dos prohombres forjaron su relación en la década de los 90, cuando el primero estudiaba en la universidad y el segundo aspiraba a dominarla. Ángel Ibáñez, apodado “el bufón del rector” por una organización estudiantil, se dedicaba a maniobrar desde el CAUBU y a través de las publicaciones de la universidad para favorecer la posición del entonces candidato a rector. Su alianza era pública y notoria, y numerosas asociaciones de estudiantes denunciaron cómo Ibáñez, ya en Nuevas Generaciones, daba un “golpe de estado” en las elecciones al Claustro Universitario impidiendo la participación plena del alumnado.
Al mismo tiempo se dedicaba a criticar y criminalizar a cualquier grupo de estudiantes que planteara reivindicaciones y criticara al rector, ya fuera por demandar las prácticas en Magisterio o por exigir profesores en la Escuela Politécnica Superior, por poner dos ejemplos. Para muchos era evidente que Javier Lacalle, entonces secretario general de NNGG, era quien asesoraba a Ibáñez.
¿Agradeció José María Leal este apoyo incondicional en todos los conflictos? Por supuesto: el mayor de sus favores colocar a Ibáñez al frente del Servicio de Empleo de la UBU. Allí se ganó a pulso su apodo de “lamparillas”, porque cuando llegaba a su despacho encendía la luz; después salía y volvía al final de su jornada para apagarla.
Desde luego, era evidente que no cumplía una jornada laboral “estándar”, porque este superhombre llegó a ocupar simultáneamente otros dos cargos: el de concejal y el de directivo de Caja Burgos. Aunque claro, en vista de las circunstancias también es difícil saber si podía cumplirla en cualquiera de las otras dos ocupaciones.
Cobraba unos 32.000 euros anuales de la UBU, aparte de sus retribuciones como concejal y jugosas dietas de Caja Burgos, percibiendo además su salario como consejero.Tres buenos sueldos, tres puestos de influencia para gestionar personal, tres lugares donde ejercer el poder y tres posiciones para defender sus intereses y los del Partido Popular.
¿Qué pasó con José María Leal cuando finalizó su mandato como rector? Pues, como muchos sabrán, fue “sorprendentemente” elegido presidente de la Fundación Caja Burgos, con la intermediación de Ángel Ibáñez y Javier Lacalle, entre otros. Parece que esta peculiar, aunque poco filantrópica, “cadena de favores” no tiene fin.
El escándalo Arribas
Sin embargo, hasta la fecha el escándalo más grave parece apuntar al conocido José María Arribas. Militante de la antigua Alianza Popular que ocupó la presidencia de Caja Burgos en los años 80 y, posteriormente, del año 2003 al 2011. En esta última época concede créditos a sus propias empresas por valor de 34 millones de euros, a un interés privilegiado. Aunque nada se sabe de otros cuantos afortunados en menor medida, ya que la prensa informó que estas operaciones suponían un 93% de los créditos que los directivos se autoconcedieron, por lo que tenemos una cantidad adjudicada de créditos por valor de 2,55 millones de euros de los que se desconocen sus destinatarios.
En cualquier caso, José María Arribas, en una clara posición de privilegio se concedió a sí mismo una serie de créditos destinados supuestamente a hacer frente a las dificultades de solvencia por las que atravesaban empresas como IndustriasBasati SA, Tramitación de Residuos SL e Industrias del Arlanzón, SA –Indasaque acabaron siendo presas de la quiebra, dejando a muchas familias en la calle sin cobrar las indemnizaciones que les correspondían. El paradero actual del dinero que Arribas cogió de la caja sigue sin aclararse y no se sabe si el proceso judicial abierto conseguirá encontrarlo.
Para terminar, además del lucro indebido, Arribas utilizó a la Caja como suelen hacerlo los prohombres burgaleses. Consiguió que su hija adoptiva Eugenia Arribas García fuera contratada para un buen puesto por Banca Cívica con destino en Washington, en esa famosa sucursal inaugurada por Urdangarín y la infanta, que nunca se llegó a abrir. Algunos medios hablan de otros familiares “enchufados”, pero no se atreven a dar nombres.

DONDE LAS DAN, LAS TOMAN
CSR –GAMONAL

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