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Burgos: uno, mediano y atado (II)

Pseudoexplicación escuchada ayer en un comercio burgalés. “Este gobierno son unos sinvergüenzas. ¿Te has enterado de la última? Ahora le han dado la Capitalidad Europea de la Cultura a los etarras”. Este adorable señor desconoce quién toma esta decisión y tiene un talante que evidencia muchas cosas menos democracia.

Conversación escuchada ayer en la barra de un bar: “Que se lo hubiesen dado a cualquier otra, me hubiese dado igual, pero que se lo den a San Sebastián diciendo que ha sido por razones políticas… Por ahí no paso”. ¿Qué son todos estos tinglados más que dinero y política? Según se acercaba la fecha del fallo del jurado (nunca mejor dicho para algunos) a Lacalle y compañía se les iba poniendo en la cara la R de Robo y de Rédito electoral, mientras se le borraba la R de esa R-evolución cultural con la que han aborrecido a Burgos.

Me divierte leer la prensa local estos días y ver a políticos, periodistas y empresarios patalear como a los niños que les han castigado sin probar el suculento postre por ser niños malos. Insultan a la mamá, dicen que ellos se han portado bien, intentan convencer a papá para que les dé un poco,… Son como niños y sus argumentos tienen menos recorrido que el paso de una hormiga.

Se quejan de que en San Sebastián ha cambiado el gobierno local y que eso variará el proyecto. ¿Se hubiesen quejado en el caso de Córdoba, en el que hace cuatro días gobernaba la coalición IU-PSOE y ahora lo hace el PP? Debemos quitarnos de una vez las telarañas de nuestros prejuicios. Sí, en San Sebastián gobierna Bildu, ¿por qué? ¿por ciencia infusa o porque ha sido la fuerza política más votada en la capital guipuzcoana? Nos conviene dejar atrás el rechazo a todo lo que suena a Euskadi. Eso sólo hace que nos alejemos de ellos, cosa que no creo que les interese a los que quieren mantener una España unida pase lo que pase.

En el momento de hacerse pública la decisión, Jose y yo estábamos en nuestro cuartel general ocultos tras dos inmensos sillones con nuestras iniciales y viendo Burgos a través de una gigantesca cristalera. Cuando se escuchó: “San Sebastián”. Nuestras carcajadas malévolas rompieron el silencio mientras acariciábamos un par de lindos gatos persas a los que les brillaba la sonrisa. ¡¡JAJAJAJAJAJA!!

Estamos asociados con el Doctor Maligno.

Burgos: uno, mediano y atado

Ayer fue el veredicto sobre la candidata española a Capital Cultural Europea para el año 2016. Después de todas las expectativas, la candidata será San Sebastián. A parte de la valoración que me merece el hecho en sí (ya hemos dicho nuestra posición sobre Burgos2016) me gustaría hacer una reflexión en torno al ambiente que se ha creado en Burgos y que, en general, se crea en torno a este tipo de fenómenos (Exposiciones Universales, grandes eventos deportivos, grandes obras).

Parece ser que nos gusta que nos vean mucho. Siempre es bueno que te miren. Y claro, si te miran tienes que salir guapo y bonito. Y sobretodo tienes que ocultar tus vergüenzas, porque vienen los mayores y traen… dinero, inversiones, etc.  Y eso es bueno siempre, independientemente de los costes ambientales, culturales, económicos o políticos. Tampoco importa cómo se repartan, ni en qué se deje de gastar para gastar en el sueldo de los que organizan el evento. Nos aseguramos, eso sí, muchas fotos, muchos carteles, camisetas con logos. E incluso lo mismo viene el rey. Y muchos guiris.

Para que esto cuele, entre la ciudadanía tiene que cundir esa especie de patriotismo local bobalicón. Burgos es lo mejor, por supuesto. Burgos es la hostia, tenemos catedral gótica, tenemos un supermuseo, tenemos mucho carrilbici. Joder qué bonito es Burgos. ¿Y los burgaleses? Bueno estos ya sí que se salen. Amables, felices, abiertos (¡!), dispuestos a abrir las puertas de su maravillosa ciudad a cualquiera que quiera visitarla (siempre que no sea pobre). El resultado de esta actitud son vídeos como este, en inglés y con final apoteósico incluido.

¿Sabrá esta tipa lo que es Gamonal?

Cualquier crítica a la ciudad de Burgos o al evento es inmediatamente callada. Tú eres mal burgales. No quieres a tu ciudad. O, lo mejor, estás pagado por otra ciudad para que no nos den lo que nos merecemos por ser la hostia. Y resulta que, por arte de magia, Burgos es uno. En Burgos no hay problemas, en Burgos todos estamos unidos, en Burgos no hay clases, no hay caciques, no hay exclusión. Burgos mola joder, esto es el paraíso, que se está muy fresquito.

En fin, desde aquí, desde este blog, ya hemos dicho muchas veces lo que pensamos de Burgos. Como dice Óscar Esquivias, Burgos es una ciudad de la que huir para volver. Burgos pone un cura y militar dentro de cada uno de nosotros según vamos creciendo, pero también hay burgaleses que quieren expulsar a ese cura y a ese militar de dentro. Parte de estos burgaleses van a proyectar películas todos los viernes en el Parque Félix Rodríguez de la Fuente durante el mes de julio a las diez de la noche. Esos son los que de verdad aman Burgos. Eso es cultura y eso es lo que construiría otro futuro.

R-evolución (II)

Una de las cosas más sangrantes de las que hace el poder es apropiarse de nuestras palabras. Por ejemplo, en este caso, la palabra revolución. Ahora resulta que Aparicio y sus secuaces nos van a contar qué es una revolución: una revolución es pagar ocho mil euros al mes a unos señores para que hagan un proyecto que mercantilice la cultura de Burgos, como si la única función de la cultura fuera traer a turistas a comer lechazo.

Como sabemos (como estamos viviendo) las revoluciones no son eso. Una revolución tiene que ver con la aparición de algo nuevo, que cambia de raíz lo que había antes.

Hay más ejemplos, estos días, en las acampadas, se está ejemplificando muy bien. Como decía Santiago Alba Rico en un artículo estos días, nos hemos reapropiado de la palabra respeto. El respeto no hay que guardárselo a la autoridad, sino al que está al lado, al cualquiera que se junta contigo en una Asamblea a opinar y participar.

La reapropiación de los términos es una lucha que hay que llevar a cabo. Democracia, respeto, consenso,… Son palabras que, hasta hace nada, venían definidas  por el poder y que, ahora, nosotros, hemos cuestionado.

Ésa es la misma lógica que hay que seguir con Burgos 2016. Tenemos que reapropiarnos de la palabra cultura y mostrar que la cultura no tiene que ver con la cantidad de gente que atrae y el beneficio de los hoteles sino con hacer más culta una ciudad. La cultura tiene que estar en cada plaza, en cada biblioteca, en cada escuela. La cultura la tiene que hacer cada plaza, cada biblioteca, cada escuela.

R-evolución

Según puse un pie en la calle, allí estaba ella. Parecía que me estaba esperando desde su verticalidad arrogante, con esa curva que la aportaba una voluptuosidad que desembocaba en la caída de una falda que cubría sus pies. Era una R, una R blanca hecha de trazos desordenados sobre un fondo rojo. No supe descifrar aquel mensaje y seguí caminando con la intención de borrar esa imagen de mi cabeza.

Pero no iba a ser tarea fácil, ya que al doblar la esquina me volvía a sorprender su figura estampada en un cartel publicitario. Aquellos trazos misteriosos me estaban poniendo nervioso. Aceleré mis pasos hacia una calle más estrecha, apenas transitada, con la esperanza de no volver a sufrir una nueva aparición. Nada más lejos de la realidad. Estaba en la panadería, en la frutería y en la carnicería. ¿Qué era aquello? ¿Qué quería decirme? ¿Sería alguna treta oculta del ministro del Interior mostrándome la inicial de su apellido?

Me dirigí hacia un bar de confianza. Quizás un trago agudizaría mi percepción apartando mi mente de esas apariciones oníricas. Pero la realidad salió a mi encuentro en forma de bofetada. Todos los camareros vestían camisetas con la maldita R. Esa R vibrante me amenazaba por toda la ciudad. Si al menos fuese una R francesa más elegante e inofensiva, pero no, era una R castellana, no había duda. Decidí bajar hasta la Plaza Mayor, allí podría encontrar gente que se encontraba en mi misma situación. Lo mismo allí alguien había resuelto el misterio.

En mi camino busqué una L que me refugiara en su sonoridad hueca o alguna S despistada para cobijarme en su susurro, pero sólo había eRres. De todos los tamaños, de todas las formas, en todos los lugares. Me acerqué a un kiosco para comprobar si la prensa estaba al tanto del asunto y cuando me asomé, nuevas eRres me amenazaban desde sus portadas.

La ansiedad me hizo lanzar mis pasos hasta la carrera. Cuando entré en la Plaza Mayor, me topé con un cartel inmenso en los balcones del Ayuntamiento que rezaba: “R-evolucionarios 2016”. ¿Sería esa la solución? Eso pensaba yo, todavía azorado, cuando descubrí el verdadero mapa del tesoro. La auténtica solución del enigma me la proporcionó un joven indignado que estaba acampado en la plaza. Si quieres descubrir dónde se encuentra el tesoro de la R-evolución 2016, pincha aquí, que te lo muestro.

La Revolución no será en 2016 (II)

Venga, date prisa que deben estar al llegar y no pueden verla así, dice el estilista Monsier Maquillé a la madre, Ahora mismo la visto, va a quedar como un pincel, responde Consistoria, ¡Burgos! Ven aquí ahora mismo que te tenemos que poner guapa, Mamá te he dicho que no quiero vestirme así, se queja Burgos, Lo que digas tú me da lo mismo, te tenemos que casar y se va a hacer lo que yo diga, contesta autoritaria Consistoria.

Pero no quiero ponerme esos trajes tan incómodos que habéis comprado, yo me siento mejor con la ropa que visto habitualmente, replica Burgos a Consistoria, Pero, ¿sabes todo lo que nos han costado estos vestidos? Un dineral, además te hemos traído a un estilista extranjero que cobra una fortuna, así que no vas a tirar todo este trabajo por tierra, Pero a mí no me gustan esos vestidos, me hacen sentir una persona que no soy y me incomodan, yo quiero ser yo misma, si les gusto bien y sino pues nada, añade Burgos remarcando su personalidad.

¿Eres consciente de quién va a venir a verte? Si emparentamos con la familia de Lord Capitalism, tendremos la vida resuelta, A mí no me gusta Lord Capitalism, además ya ha dejado varios divorcios en el camino y las mujeres que abandona quedan destrozadas, mira cuando pasó por Barcelona en el Fórum o en la Expo de Sevilla, Lord Capitalism es pan para hoy y hambre para mañana.

¿Te quieres callar y ponerte el maldito corpiño?, insiste Consistoria, Me queda tan pequeño que me hace llagas en la piel, si viene Capitalism que me vea tal y como soy, además no me cae bien, sé que se aprovechará durante un tiempo para dejarme por otra urbe más joven que yo, a mí me gusta la fidelidad de Asociacionio, él sí que me quiere, indica Burgos.

¿Asociacionio? Ese zarrapastroso no te dará el lustre económico de Lord Capitalism, ya me estoy encargando de apartarle de ti, responde insolente Consistoria, Ya pero él me quiere, no tiene dinero, pero es muy creativo, cada día me gana con un guiño y siempre me arranca una sonrisa, sé que Asociacionio no me abandonará nunca, dice Burgos con los ojos inundados de luz, ¡Cállate ya! Monsieur Maquillé, ayúdame a ponerla el corsé que con lo gorda que se está poniendo ni la entra y, Burgos, te callas ya ¿eh? No hagas las cosas más difíciles de lo que ya de por sí son.

Y una lágrima resbala por la mejilla de Burgos.

La Revolución no será en el 2016

Una de consecuencias del proceso de globalización capitalista (el nombre que recibe la internacionalización de los fenómenos sociales ocurrido en los últimos 40 o 50 años) es que uno de los valores fundamentales del capitalismo, la competencia, se hace global. Esto supone que todos los grupos sociales (y no solo los estados) tienen que competir en el mundo de alguna manera u otra. En este sentido, y dado que el proceso de globalización supera las fronteras de los estados y tiene consecuencias a nivel local y regional más que estatal, la competeción se ha abierto también a las ciudades. Así, las ciudades tienen que venderse a sí mismas como productos, para poder atraer inversiones, gente, o lo que sea. Lo que se vende, recordemos, es la ciudad como marca.

Es en este marco en el que tenemos que entender la tendencia de los que gobiernan las ciudades de organizar grandes eventos, en acoger grandes acontecimientos deportivos o realizar megaconstrucciones, sin tener en cuenta ni las necesidades locales ni las capacidades ni, mucho menos, la opinión de sus habitantes. Es en esta lógica en la que tenemos que entender la candidatura burgalesa a la capitalidad europea de la cultura.

En este mercado de las ciudades, de lo que se trata es de perfilar Burgos como una ciudad cosmopolita, una ciudad abierta a la cultura y con una vida cultural rica. No se trata de que lo sea realmente, sino de que lo parezca, vaciando de contenido real la “apuesta por la cultura”. Así, tal y como explica este blog, Burgos2017, las políticas culturales del Ayuntamiento van orientadas a parecer más que a ser.

Todo lo que parece que está bien, ¿está bien?

Todo, ¿para qué? Para lo de siempre, vendernos el acontecimiento, vendernos el momento puntual sin darnos cuenta que las ciudades no están para que vengan turistas a los museos o para salir en el telediario o para que unos neurólogos de la Universidad de Nueva York monten un congreso. La ciudad está para que los que viven en ella todo el año sean dueños de ella, decidan qué es cultura, hagan cultura y le den ellos mismos un sentido. No se trata de hacer a Burgos capital europea de la cultura. Se trata de hacer de Burgos una ciudad culta.