Etiquetado: Cambio social

Aprendizajes del SindeGate

Cuatro cosas que he aprendido del SindeGate:

Sinde mecánica.

  1. Que este gobierno ha perdido totalmente la vergüenza. Son unos cobardes rematados, incapaces de plantear una reforma de la propiedad intelectual (aunque sea en un sentido favorable a la industria) de una manera honesta y abierta, con una ley en torno al tema. En vez de eso, lo meten como una disposición a otra ley que, sin entrar a valorarla, nos han vendido como importantísima. Y no voy a comentar cómo nuestros representantes rinden cuentas ante el enviado del Imperio porque me dan arcadas.
  2. La obscenidad con la que el Ministerio de Cultura se ha convertido en el brazo político de las multinacionales (yankees).  Aquí hay dos bienes sociales que están en disputa: por un lado, el reconocimiento a los autores de un producto cultural como sus autores legítimos; por el otro, el acceso a la cultura. Este es el debate: tenemos que buscar la forma en que el acceso a la cultura (un bien al que toda sociedad debe aspirar) se conjuge con el legítimo derecho de los autores a que nadie se apropie de su obra. Esto no se consigue cerrando webs de nadie. Esto se consigue: a)asumiendo que el desarrollo tecnológico ha cambiado la manera de acceder a los productos culturales y la demanda de esos productos culturales, que ahora es mucho mayor; b)entendiendo que igual que los productores de códices en la edad media tenían una noción de autoría que cambió con la imprenta, en la actualidad ésta también debe cambiar hacia modelos de autoría colectiva, copyleft, cultura libre, etc. Esto puede implicar pagar en algunos casos. O pagar de otra manera (quizá vía impuestos que recaude el estado). Pero no pagar 20 euros por un disco o 18 por un libro si no es por razones ajenas al formato en sí (como el autor, el diseño, la calidad de la edición, romanticismo. Lo que sea). Como muy bien dice Nacho Escolar cada vez que tiene oportunidad, internet no está poniendo en peligro la creación artística: surgen más grupos que nunca, hay más conciertos que nunca (a precios muy caros y que los pagamos), hay más teatro que nunca. Incluso en lo audiovisual, el nivel alcanzado por multitud de series (la mayoría estadounidenses) es muy alto. Y casi todas las vemos por internet. Pero esto realmente les da igual. Si lo que quieren es salvaguardar los márgenes de beneficio de ciertas multinacionales sería mejor que directamente lo dijeran porque, después de habérselo dado todo a los bancos, no nos sorprende.
  3. La concepción tan estúpida que tienen los políticos sobre internet. Parece mentira que solamente lo vean como un medio para hacer negocio y no como lo que es cada vez más: el espacio público que nos han robado. Todos los derechos constitucionales que dicen defender (que realmente no defienden, desengañémonos) están en juego en internet. Todos. Internet es el único sitio de nuestra sociedad en el que podemos informarnos libremente. En el que, aunque evidentemente con ciertas restricciones ya que esto está controlado por cuatro empresas, podemos escuchar las voces de los que han sido expulsados de otros medios de comunicación. Es por eso que, si realmente estos miserables que nos gobiernan quisieran desarrollar la democracia y la participación, protegerían la neutralidad de la red tanto como el agua de los ríos su cartera, en vez de ir cerrando páginas.
  4. Quizá lo más importante: todavía podemos evitar que ciertas cosas ocurran. Se ha demostrado que a través de la presión se ha parado una ley. Tampoco hay que ilusionarse mucho. Mucha gente protesta sólo cuando les tocan la cartera. Esto no demuestra que los lazos de solidaridad se han reconstruido y que  somos conscientes de que nos están quitando derechos y hemos decidido empezar a luchar. Pero por lo menos esto demuestra que podemos frenar algo. Y que hay otras formas de lucha que también son efectivas. Y esto, después del tiempo de robos y estupidez colectiva que hemos vivido, es una buena razón para acabar con un poco de esperanza el año.

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Acabo de leer que al mismo tiempo que se rechazaba la Ley Sinde se aprobaba una ley para que las televisiones privadas informen sobre cada partido en campaña electoral en función de los escaños que tenga. En fin, sin comentarios.

Es hora de darle la vuelta a la tortilla (II)

Escena de la tortilla rusa. Película Airbag.

¿Estamos dispuestos a darle la vuelta a la tortilla? Yo no estoy seguro. Yo creo que la gran mayoría de la gente que está ahora en paro se conforma con volver a tener un trabajo. Y tampoco le importa mucho qué tipo de trabajo. Es decir, si este trabajo es fabricar bombas de racimo pero le permite las copas, las cenas y las compras rídiculas lo van a aceptar sin dudarlo.

Puede que sea hora de darle la vuelta a la tortilla. Pero, claro, si no eres un experto haciendo tortillas y le intentas dar la vuelta corres el riesgo de que ésta se caiga. Porque, ¿cómo le damos la vuelta a la tortilla? Es complicado y éso es lo que está haciendo que mientras (literalmente) nos están robando y nos están haciendo más corta la vida, una gran mayoría de gente no saliera a la calle el día de la huelga general.

Yo creo que antes de darle la vuelta a esta tortilla deberíamos discutir sobre los ingredientes. De nada nos sirve darle la vuelta si, al final, el resultado es el mismo o similar. Está visto que “la tortilla occidental”, es decir, nuestro modo de vida (nuestras cenas, nuestros viajes, nuestras compras ridículas), ha indigestado a lo largo de los años a la mayor parte del planeta.

Y ahora, nos está indigestando a nosotros también. Ahora, nos damos cuenta de que los que tienen la sartén por el mango, para seguir con los símiles culinarios, han decidido que la tortilla tiene que quemarse un poco por este lado, que “al señorito” le gusta bien hecha.

Y nosotros qué reclamamos: quiero poder volver a hipotecarme; quiero poder volver a usar un coche todos los días sin sentido; quiero volver a trabajar 12 horas al día para poder ir al centro comercial los sábados a comprar, al macdonalds y al cine; quiero poder viajar quince días al año a la República Dominicana a un paraíso artificial y obsceno. ¿Para eso le vamos a dar la vuelta a la tortilla? Para eso mejor que se queme y se vaya todo a la mierda.

Wikileaks

¿Estamos en medio de una revolución? Para algunos sí. Para muchos, Wikileaks supone una nueva manera de luchar, un desafío a los poderes establecidos que, necesariamente, va a cambiarlos. Yo no lo tengo tan claro.

Los papeles no cuentan nada que no sepamos o que no intuyamos. Nos explican cómo funciona el mundo. Pero eso ya lo sabíamos: EEUU manda y los demás obedecen. Además, nos relatan, en el caso de España, cómo el gobierno de ZP se mostraba en todo su genuflexión dispuesto a satisfacer los deseos del Imperio. Tampoco es nuevo. Quizá, la novedad, radica en que ahora tenemos pruebas materiales. Bien, es importante. Pero, repito, si habitualmente te informas a través de ciertos medios, no es nada novedoso.

Y aquí llegamos al que, en mi opinión es el principal problema de cómo se ha realizado esta publicación. Son los mismos medios que construyen la imagen que hasta ahora teníamos del mundo los que la están modificando. Que periódicos que llevan tiempo como órganos del poder, más que como medios independientes dispuestos a enfrentarse a él, vayan a ser los conductores de un cambio político es realmente cuestionable. Imaginemos que una serie de cables del embajador estadounidense en Ecuador desvelan que una empresa petrólera española ha comprado a diversos políticos del país para poder acceder a ciertos campos petrolíferos. ¿Esto lo publicaría el País? No lo creo.

No obstante, la detención de Assange demuestra que los gobiernos están preocupados por el personaje y por Wikileaks. Aunque todos intuyamos como funciona el poder, ahora estamos viendo toda su ignominia sin sombras. Y esto tiene un gran potencial. Ahí, y sólo ahí, puedo estar de acuerdo en que estamos en medio de una revolución.

Wikileaks nos demuestra que, en la sociedad de la información, la batalla contra el poder está en el control y la difusión de la información. Y eso, hoy en día, signfica que la batalla contra el poder está en internet. Realmente, internet es la única parte de la sociedad que el poder no controla totalmente. Quizá estamos cerca de que esto deje de ser así, pero, todavía, se puede escribir lo que uno quiera, se puede convocar a lo que uno quiera o contactar casi con cualquiera. La principal característica de internet, una red en la que muchísimos nodos están conectados de una manera horizontal, lo convierte en algo díficil de controlar, precisamente porque el estado es lo contrario, una pirámide jerarquizada de muchos puntos con funciones predeterminadas.

Charles Tilly, uno de los historiadores más importantes del Siglo XX, escribió que “deberíamos saber que una nueva era ha comenzado no cuando una nueva élite ostenta el poder o una nueva constitución aparece, sino cuando la gente corriente empieza a luchar por sus intereses de forma nueva”. Esto es fundamental entenderlo: la próxima revolución, y Assange, queriendo o no, lo demuestra, se hará por internet.