Etiquetado: Cultura

Teatrería Denuncia vuelven a Gamonal

Este viernes la gente de Teatrería Denuncia presenta una nueva obra de teatro.Tomando como referencias a autores como Alfonso Sastre, Woody Allen, Pirandello o Jose Luis Sampedro, tendremos una nueva obra de teatro con la que, al tiempo que nos reímos, pensaremos sobre la realidad política y social en la que vivimos.

Teatrería Denuncia es un grupo que lleva varios años haciendo teatro desde y para las de abajo. Hablando de los temas que molestan al poder y haciéndolo con alegría, con la alegría de los que no le deben nada a nadie y por lo tanto son libres para construir sus propios relatos sobre lo que nos pasa. Por eso, no os podéis perder Angelizaje Forzoso. Este viernes 27, a las 8:15 en en la Casa de la Cultura de Gamonal.

Méndez, aunque tú no vengas, seguro que sales en las conversaciones.

Imagen

Anuncios

Gamonal está muerto

Dice la prensa local que el movimiento de Gamonal está muerto. Que somos pocos, que protestamos por todo, que somos violentos. Con este comportamiento demuestran su vocación cobarde. Después de dos meses escondidos, Diario de Burgos, Ayuntamiento y Subdelegación sacan la cabeza vengativa para reprimir, asustar y dividir.

El Diario criminaliza, el Ayuntamiento sigue repartiendo nuestro dinero entre los constructores de la mafia local y la Subdelegación reprime multando. Dicen que estamos muertos. Desde luego han invertido todas sus fuerzas en enterrarnos pero, al parecer, este muerto goza de muy buena salud.

Sin ir más lejos, la semana pasada la Asamblea de Gamonal organizó una representación teatral que reunió a más de 200 personas, un espectáculo de circo que rebosó el Centro Social Recuperado de la calle Pablo Casals y la proyección de una película. Cosas de violentos.

Especialmente reseñable fue el éxito del circo. La brillante colaboración de varios grupos llenó hasta la bandera el Centro Social Recuperado, ¡y qué gente! Abuelas, carritos de niños, familias enteras,… La sala se colmó de risas, orgullo y solidaridad. En ese momento me llegó una peste a muerto insoportable, un hedor funerario. Rápidamente noté que procedía del edificio PROMECAL.

PRENSA-EN-BURGOS

Datos y gráficos: El Blog del Pelocho, http://elblogdelpelocho.blogspot.com.es/.

Desde 2007 hasta hoy Diario de Burgos ha perdido un 31,5% de ventas (de 14.000 ejemplares diarios a los 9.600 actuales). En solo seis años ha dejado de vender uno de cada tres periódicos.

Especialmente sangrante es el descenso de ventas registrado a partir del Efecto Gamonal. De diciembre a enero de este año Diario de Burgos perdió 400 ejemplares diarios de venta y de enero a febrero otros 100. El desplome es absoluto y no tienen manera de frenarlo. Ahora entendemos las ganas que nos tenéis.

Las visitas que os hicimos aquellos días de enero han hecho que muchos vecinos tomen conciencia de los intereses que hay detrás del Diario de Burgos y dejen de comprarlo. Sabemos que esa cabecera está manchada por los intereses del constructor Méndez Pozo. Y su interés no es el mismo que el de la gran mayoría de la gente que todavía compra su periódico.

Diario de Burgos 2014

Vendiendo cada vez menos, su capacidad de influencia se derrumba y surge una ciudadanía más libre y concienciada que no se informa a través de los cauces que interesan al poder. Esa es nuestra esperanza y ese es su miedo.

¿Quién decíais que estaba muerto?

Ubúcracia en Alimaña

Ingredientes:

– Una pieza de clásico para deconstruir. En este caso nos serviremos de Ubú Rey de Alfred Jarry.

– 100 gramos de compromiso.

– 150 gramos de incorrección política y de la otra.

– Abundantes ganas de pasarlo bien.

– 12 cucharadas de osadía.

– Toneladas de amistad.

– Cerveza al gusto, en este caso le pondremos… un camión cisterna.

Elaboración:

Desmigamos la pieza de Alfred Jarry hasta que nos queden palabras sueltas como Ubú, finanzas o escobillas de váter. No pasa nada porque quede alguna letra suelta como una “m” de mierdra o una “v” de velón, así será más fácil la deconstrucción. A continuación le añadimos los 100 gramos de compromiso. No conviene pasarse porque la pieza de Jarry ya trae su propio sabor a compromiso y podríamos empalagar a nuestros comensales. En cuanto comience a ligar la mezcla espolvoreamos los 150 gramos de incorrección, con cuidado para que no se hagan grumos de surrealismo francés. Con las ganas de pasarlo bien no hay que escatimar. De esta forma, retiraremos el exceso de gusto a mala hostia y a desesperanza que aparece cuando menos lo esperamos. Las doce cucharadas de osadía trasladarán a nuestro paladar a los orígenes de la Patafísica pudiendo alcanzar reminiscencias de sabor de André Breton. Una vez hecha la masa sólo queda hornear a temperatura ambiente durante nueve meses, aunque el último mes conviene darle un último calentón que haga coger a nuestra receta un aspecto inmejorable. Las toneladas de amistad harán crecer la masa cuando haya algún problema. Finalmente, regaremos nuestro plato con cerveza en cantidades paquidérmicas. Para culminar el manjar, podemos homenajear a Jarry brindando con un chupito de absenta.

Si quieres degustar nuestro plato, este viernes día 22 a partir de las 20:15 en la Casa de Cultura de Gamonal lo compartimos contigo.

La Noche Blanca a ojos de una payasa

La escena se produce en un bar. Un bar de esos viejos, un bar de barrio. Una tasca con pinchos de tortilla, la luz tenue, un televisor con un partido de baloncesto y un baño para todo el mundo. Una taberna en la que se junta gente trabajadora a compartir botellines de cerveza y palabras. Comparten palabras como joder, geranio o Pantoja.

– ¿Qué tal La Noche Blanca?

– Mejor hablemos de otra cosa.

– ¿No trabajaste?

– ¿Vas tú a la fábrica gratis? Querían que trabajásemos por la jeta…

– ¡Qué cabrones! ¿Así es como pagan estos de Ayuntamiento a los grupos de Burgos?

– Nos dijeron que nos daban algo para la cena. No me jodas. Para la cena… Yo me pago mi cena. Afortunadamente todavía tengo cena en el plato y también tengo dignidad para decirles a esos golfos que a mí no me chulean. Estamos llegando a tener que trabajar por un bocadillo.

– Ellos cenarían calentito. Hijos de mil hienas del desierto… Lo único que vi fue lo de la Plaza Mayor. Menuda mierda. Encima a los franceses que lo llevaban seguro que no les han pagado en bocatas.

– Esos han pillado bien, pero a las de aquí, como debemos ser unas muertas de hambre, nos pagan con bocadillos.

– Encima escuché en la radio al concejal de Festejos, un tal Antón que decía que no lo habíamos entendido. Los burgaleses debemos ser gilipollas. Nos estafan y mientras tanto nos llaman a la cara bobos y les seguimos riendo las gracias.

– Nos mean.

– En nuestra puta cara. También dijo que se dio la oportunidad de actuar a los grupos de teatro de Burgos y que no quisísteis.

– Irá él a trabajar gratis, no te jode. O que le den un bocadillo cada día que vaya. ¿Tenemos que arrimar el hombro nosotras ahora que no hay pasta? ¿Qué culpa tenemos los grupos de teatro o las asociaciones culturales de que en las arcas del Ayuntamiento no queden ni telarañas? Cuando todo iba bien teníamos que aguantar sus ferias, sus fotos con Méndez Pozo, sus apretones de manos y sus poses hipócritas y ahora que todo está jodido tenemos que pagar el pato las que no tenemos nada que ver con esa mierda que les ha explotado en los morros. Y que trabajemos por un bocata… Que no, que no, que conmigo no cuenten para seguir riéndose de todo el mundo.

– ¡Tranqui tronca! Que te aceleras y me das a mí el monólogo que no diste el sábado. ¿Nos tomamos un bocata?

– Jajajajajajaja. Qué cabrón eres. Claro que me como un bocata, faltaría más. Una cosa es el sucio bocadillo con el que nos pretendían humillar y otra, el bocata que nos vamos a cenar ahora tú y yo.

– Carlos, saca aquí un par de bocatas de esos que tú y yo sabemos y pon un par de botellines, ¡que nos vamos a deshidratar!

El problema de poner a un tertuliano de ministro (II)

1.- Educación: A la derecha no le importa absolutamente nada la educación y menos contribuir a que exista una educación pública, plural y de calidad para todos los ciudadanos. Ya sé que este comentario a alguien le parecerá sesgado y que es el típico comentario que puede hacer un chaval de 15 años pero, qué quieren que les diga, es lo que pienso y lo que he observado en todos los años de mi vida. Además, hay algunos asuntos que me tocan especialmente las narices por no hacer alusión a otros lugares de la anatomía humana.

El PP se va a dedicar a privatizar todo lo que pueda la educación a través de eufemismos como aumentar la competitividad o fomentar formas de financiación privada en los centros. El partido de las gaviotas beneficiará todo lo que su mayoría absoluta les permita la educación católica pero, al parecer, eso no es “adoctrinador” según el actual ministro.

José Ignacio Wert dice que va a retirar Educación para la Ciudadanía para sustituirla por Educación Cívica y Consitucional que estará, según sus propias palabras, “libre de cuestiones controvertidas”. Perdone señor ministro, el hecho de que condene al ostracismo a miles de personas que viven su sexualidad de forma natural más allá de los límites que marcan los obispos me perece controvertido, muy controvertido.

Las armas de destrucción masiva que buscaban Aznar y Bush son los crucifijos que todavía reinan en muchas aulas.

2.- Cultura: En cuanto a lo que la derecha considera cultura Wert también se ha posicionado: recortará las ayudas públicas al cine español, mientras impulsa que los toros se conviertan en Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. Vuelve la España de charanga y pandereta de la que nos habló Antonio Machado.

La viscosa y anticuada desde su nacimiento ley Sinde-Wert merece un capítulo aparte.

3.- Deporte: Las políticas en materia de deporte se limitarán a compartir risas condescendientes y palmaditas en la espalda en el palco del Santiago Bernabéu, hasta que la deuda del Real Madrid sea insostenible y haya que llevar a cabo un rescate financiero a cargo de los ciudadanos madrileños, como hizo en su día el olímpico ministro de Justicia.

Crueldad (II)

El Toro de la Vega es una celebración cruel, una celebración obscena, una celebración innecesaria. No entiendo por qué una fiesta tiene que acabar con un toro desangrado en una dehesa por una turba enfurecida. Las dehesas a las afueras de los pueblos pueden utilizarse al amanecer para actividades mucho más reconfortantes.

Compartiendo tu opinión en lo referente al salvajismo que observamos en numerosas fiestas, creo que hay que puntualizar una serie de cosas que has señalado en tu post y en absoluto comparto:

1. No entiendo que mezcles el Toro de la Vega con el trato que da el hombre a los animales para su alimentación, deleznables en gran medida por cierto. Otro día podemos hablar de las salvajadas que se cometen todos los días en granjas cercanas a nuestras viviendas o cómo se producen los huevos que nos comemos todos los días, pero creo que son dos asuntos que están en diferentes planos.

2. En la naturaleza sí que existe el asesinato por diversión. Cuando un zorro entra a un corral, es posible que se lleve una gallina, pero antes se pasa a todas por el filo de su afilada sonrisa.

3. Los toros, como ejemplo de animales herbívoros, no se limitan a pacer. Los toros mantienen enconadas contiendas entre ellos por la hegemonía dentro del grupo o por tener el dominio de las zonas en las que brota la hierba más verde o el agua más clara. Los toros pueden llegar a matar y su bravura genética les diferencia de otra especies similares.

4. El toro, cuando está a punto de morir, no busca la salida de la plaza. Se acerca a las tablas para permanecer de pie ocultando su debilidad a través de su bravura y desde luego que, en función de la sensibilidad de cada uno, puede resultar doloroso ver morir a un toro.

En cuanto a las corridas de toros (eludiendo la coña fácil) no estoy ni a favor ni en contra. Me parece un tema muy en segundo plano lo de preocuparnos mucho de los animales cuando tenemos tantos frentes abiertos entre las personas. Será difícil verme en una manifestación antitaurina, igual de difícil que verme en una plaza de toros. Pero permíteme que, desde mi paletismo, pueblerinismo cerril, catetismo, elitismo progre, crueldad, inmoralidad y demás insultos, observe notables diferencias entre lo que hace José Tomás en una plaza y el Toro de la Vega.

Crueldad

Hoy es un gran día. Zamorano, un tipo de Tordesillas ha dado el lanzazo final a Aflijido, el toro que ha tenido la mala suerte de ser el elegido para ser asesinado por las hordas castellanas de borrachos y fiesteros varios. Incluidos, por supuesto, padres con niños que, emocionados, observaban cómo sus convecinos luchaban denodadamente contra el pobre animal. Animal que, claro está, huía despavorido.

Pero, claro, esto no son los toros, esto no es la fiesta nacional, esto no es José Tomás. Pues sí, el principio es exactamente el mismo que en la fiesta nacional. Un grupo de gente decide que la vida de un animal vale menos que su gozo colectivo. Exactamente lo mismo. ¿Cuál es la diferencia? ¿Que José Tomás se va de fiesta con la “gauche divine” y hasta sale en la Biblia progre (El País semanal, aunque hay que reconocer que un poco en decadencia)? Zamorano es exactamente igual, moralmente hablando, que José Tomás. De hecho, puestos a hacer un análisis político de las dos manifestaciones de la fiesta nacional, el Toro de la Vega es más democrático, ya que el asesinato del animal es una construcción colectiva, es la apoteosis del pueblo en armas luchando juntos. En cambio, la cara guay de la fiesta es una versión elitista y bastante hortera, en la que unos tipos muy bien pagados asesinan a un animal mientras el resto sólo puede mirar o jalear, con lo felices que serían ellos participando del hecho y lanzándose a la arena. Sin contar, además, con las exaltaciones a la gran madre patria, esa España nuestra tan querida por todos nosotros y tan odiada por los mercados.

El argumento de los que aprecian la fiesta (pero la fiesta guay claro, el Toro de la Vega es demasiado vulgar para sus sensibles paladares artísticos) es que los toros son una manifestación artística que simboliza la más cruda lucha del hombre (aquí no es genérico, que las mujeres pocas veces tienen la posibilidad de luchar, es cuestión de cojones) por la supervivencia frente a la eternidad de la muerte o vete tú a saber qué cosas. Pero esto son chorradas para justificarse a sí mismos por algo que saben que está mal (los que lo saben, porque hay otros para los que cualquier cosa que represente a España, léase que joda a los catalanes, estará bien por definición).

Thomas de Quincy escribió un libro que se titula “Del asesinato como una de las bellas artes”, en él ironiza sobre una sociedad secreta que analiza distintos crímenes de la Inglaterra victoriana desde una perspectiva artística, buscando en ellos la belleza formal en la ejecución, la limpieza, el no generar dolor, etc. Imaginemos por un momento que alguien justifica un asesinato por su maravillosa ejecución, su limpieza y la nula generación de dolor. Esto está mal, la vida de una persona vale más que cualquier manifestación artística. ¿Y la de un animal? ¿Por qué una manifestación artística tiene más valor que la vida de un animal que siente y sufre? ¿Seguro que esto resiste el más mínimo análisis de una persona reflexiva y crítica y dispuesta a hacer juicios morales, que no tenga la pretensión de joder a los catalanes? Ah, y sí, el principio moral es similar a las razones por las cuales no comer animales. Y, probablemente, la conclusión más coherente sea no comerlos. Aunque la discusión estaría más en la generación del dolor. (A parte de que la gran razón para no comer apenas carne está en las formas de producción de ésta, algo totalmente inmoral y que directamente condena al hambre a parte de la población mundial).

Pero nada, si se trata de hacer un análisis de una corrida de toros desde un punto de vista artístico y viendo sus elementos simbólicos, hagámoslo. Hay un momento especialmente trágico de una corrida de toros. Justo después de recibir el estoque, cuando ya está desahuciado, el toro, desangrándose, sin casi poder respirar, vuelve a las paredes del ruedo buscando la puerta por la que ha entrado. Para él, nada tiene sentido, su vida normal ha sido rota sin una razón. Agoniza, huye, muere. Es incomprensible en la naturaleza el asesinato por diversión. Es incomprensible para un animal herbívoro matar a otro animal. El toro no mata, el toro no es bravo. El toro come hierba y pace. Observar la agonía de un toro, intentar captar en sus ojos la incomprensión de algo tan humano como lo que está ocurriendo allí es una experiencia dolorosa. Es cierto, los toros simbolizan a la condición humana mejor que nada. A la cobarde y cruel condición humana.

Sucede que me canso de ser hombre

Pensaba escribir hoy sobre teatro, sobre arte, sobre ese arte comprometido que me gusta saborear como público. Sobre el teatro político de gente como Darío Fo o de Bertolt Brecht, sobre la España profunda de las alcobas que diseccionó García Lorca o sobre las caretas hipócritas que nos quitan los textos de Rodrigo García. Me apetecía escribir sobre los desequilibrios excesivos de Tennessee Williams o de Angélica Liddell.

Creía interesante lanzarme en la búsqueda de la delgada línea entre el compromiso y el entretenimiento. ¿Dónde está el equilibrio para que una obra sea capaz de divertir y a la vez de hacer pensar al público? ¿Puede una obra cargada de mensaje político calar en la vanidosa sociedad actual? ¿Es necesario entretener o es preferible retorcer las tripas de la gente que se sienta en las butacas hasta castigarles esa noche sin cenar?

Inmerso en estos pensamientos mecidos por las nubes, me bajó a la tierra un golpe de realidad. ¿Quién cojones soy yo para reflexionar sobre todas estas cosas? ¿Por qué carajo le va a interesar a la gente lo que yo escriba aquí? ¿Qué pensará de todo esto un parado, un estudiante carente de futuro, un deshauciado, un vagabundo o una madre que hace magia con el subsidio por desempleo? Cuando me siento como un cisne de fieltro, me apetece meter el boli en el bote y olvidarme de todo, aunque eso signifique darles la razón a toda esa gentuza que nos lleva la contraria.

Hoy no hablo del 15M (II)

Juan Cidiano salió ayer del portal de su casa de la calle Vitoria para bajar al centro. Iba con tiempo para echar un vistazo a la prensa en el bar en el que había quedado con su amigo Benjamín, un tipo que se dedica a hacer puzzles con el lenguaje. Pidió una cerveza en uno de esos bares acogedores del Hondillo mientras abría el Diario de Burgos. Le divertía escudriñar los malabarismos mentirosos que sacaba a los kioscos cada mañana el cacique más grande de la ciudad.

Al llegar Benjamín comenzaron una conversación que empezó por Méndez Pozo para acabar en Kant pasando por Evaristo el de La Polla Records. ¿Qué pensaría Kant de todo esto? ¿Y Evaristo? También hablaron del 15M, pero prefirieron dejar sus argumentos en la nevera y no ahondar en las diferencias que rompiesen el consenso de la borrachera. En el desorden de la conversación etílica Benjamín le dijo a Juan que le gustaría ver en Burgos una obra de teatro crítica, exactamente dijo “cañera”.

“Una obra hecha por gente como nosotros, que vean las cosas como las vemos nosotros, ¡joder! En tiempos como estos, en los que nos edulcoran las recetas neoliberales confío en que exista un espacio en el arte donde nos sirvan un plato de cruda realidad. Que aparten el almíbar para servirnos una sopa fría y una ración de deconstrucción de la ortodoxia de nuestros propios pensamientos”, balbuceaba Benjamín.

“¿Te crees que en Burgos va a haber algo de eso? No me hagas reír. Siempre dando la brasa con tus utopías y tus gansadas. Anda niño, pon un par de cervezas que, a este, me muero y no le educo, ¡la hostia puta!”, exclamó Juan desde la distancia de sus ojos vidriosos.

R-evolución (II)

Una de las cosas más sangrantes de las que hace el poder es apropiarse de nuestras palabras. Por ejemplo, en este caso, la palabra revolución. Ahora resulta que Aparicio y sus secuaces nos van a contar qué es una revolución: una revolución es pagar ocho mil euros al mes a unos señores para que hagan un proyecto que mercantilice la cultura de Burgos, como si la única función de la cultura fuera traer a turistas a comer lechazo.

Como sabemos (como estamos viviendo) las revoluciones no son eso. Una revolución tiene que ver con la aparición de algo nuevo, que cambia de raíz lo que había antes.

Hay más ejemplos, estos días, en las acampadas, se está ejemplificando muy bien. Como decía Santiago Alba Rico en un artículo estos días, nos hemos reapropiado de la palabra respeto. El respeto no hay que guardárselo a la autoridad, sino al que está al lado, al cualquiera que se junta contigo en una Asamblea a opinar y participar.

La reapropiación de los términos es una lucha que hay que llevar a cabo. Democracia, respeto, consenso,… Son palabras que, hasta hace nada, venían definidas  por el poder y que, ahora, nosotros, hemos cuestionado.

Ésa es la misma lógica que hay que seguir con Burgos 2016. Tenemos que reapropiarnos de la palabra cultura y mostrar que la cultura no tiene que ver con la cantidad de gente que atrae y el beneficio de los hoteles sino con hacer más culta una ciudad. La cultura tiene que estar en cada plaza, en cada biblioteca, en cada escuela. La cultura la tiene que hacer cada plaza, cada biblioteca, cada escuela.