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Chávez

Más allá de cualquier análisis que se pueda hacer sobre Chávez hay que dejar una premisa clara: Chávez es y será siempre mejor que las oligarquías que han gobernado todos los países latinoamericanos desde la descolonización en beneficio de las élites occidentales y en el suyo propio.

Dicho ésto, y como para escuchar mierda sobre él y la revolución bolivariana se puede acudir a El País, vamos a intentar desmontar las mentiras más habituales de los medios sobre Chávez (y más importante que él) el proceso político de su país.

Chávez es un dictador. Chávez es una persona que ha ganado más de diez elecciones en 14 años. Entre ellas, una elección revocatoria. Esto del revocatorio es un tipo de elección que promovió la oposición para, durante el mandato de Chávez, quitarle la Presidencia. Como si ahora pudiésemos decidir si Rajoy debe seguir siendo el presidente. La oposición usó este mecanismo que permite a los venezolanos quitar cualquier cargo público electo por medio de un referéndum.  Este mecanismo está en la Constitución de Venezuela gracias al gobierno de Chávez.

Chávez cierra los medios de comunicación. Chávez no cerró ningún medio de comunicación. Hace unos años se terminó la licencia administrativa de RCTV y no se le renovó. Siguió emitiendo por cable. En general, la mayor parte de los medios de comunicación privados, en manos de la oligarquía, son contrarios al Gobierno. Y lo son con un nivel de agresividad similar al de Intereconomía durante los años de Zapatero. Y no nos engañemos, escuchar a un tertuliano español llenarse la boca de libertad de expresión  es para reír y llorar al mismo tiempo.

Chávez es un populista. Prefiero a un populista que a una troika de tecnócratas que hable una lengua que no entendemos y que tome decisiones que nos perjudican. En esto hay mucho de pretendida superioridad cultural. Desde Europa, donde nos han contado que la política la hacen unos señores aburridos con traje y corbata y muy alejados de la realidad vemos con muy malos ojos una persona que habla para las mayorías sociales y no para sus iguales. Porque, al final, de esto se trata, de una cuestión de clase. Si te doctoras en Princeton y luego presides Venezuela tus referencias intelectuales y vitales están en Princeton y es para esa gente (es decir, las élites) para quien hablas. Más todavía cuando, tú mismo, has sido siempre élite.

Chávez ha empobrecido Venezuela. Hasta los malos, es decir Moisés Naím en este artículo en El País, lo primero que reconocen es que tras Chávez no se podrá hacer política en Venezuela sin poner en el centro del debate a los excluidos. Y esto es porque hasta la llegada de Chávez, es decir cuando Moisés Naím fue ministro de Venezuela, las élites habían gobernado para sí mismas y para las multinacionales extranjeras. Pero así, literalmente. Igual que ahora nuestros gobiernos ponen por delante de nuestras vidas a los bancos. Chávez hizo lo contrario. Una de sus primeras medidas fue dar documentos de identidad a  millones de venezolanos para que pudieran votar. Es decir, para que pudieran participar en política. Ésta es la clave: Chávez ha gobernado para las mayorías sociales y, en consecuencia, ha empobrecido a los ricos (y no tanto, porque Repsol sigue haciendo negocios y forrándose).

¿Se puede criticar a Chávez? Claro. Hay muchos espacios para la crítica. La cuestión es quién critica y qué intereses hay detrás. Y es ahí cuando, la mayor parte de los medios occidentales se delatan. Los intereses de estas empresas (el paradigma de esto es El País) no son beneficiados por Chávez y los gobiernos progresistas latinoamericanos y fundamentalmente por eso critican a Chávez y lo que ha significado para América Latina. Como siempre, la honestidad no es la principal virtud de nuestros medios. 

El País sí que tiene quien le escriba (II)

Se me hace difícil hablar de El País. Lo he leído durante años, incluso en la actualidad dejo caer mis ojos sobre sus líneas con cierta asiduidad. Pero ya no es lo mismo, no veo en ese diario el aura impoluta de mis ideales adolescentes. Ahora lo veo como a aquel amigo con el que te llevaste muy bien, pero que, tras numerosos desengaños, le observas con actitud desconfiada. De todas formas, se te hace complicado criticarle porque, a pesar de todo, fue tu amigo y en la vida ha habido muchos más enemigos que merecen tus críticas antes que él.

El teólogo Juan José Tamayo.

De lo que me gusta sólo puedo rescatar algunos nombres. Las columnas del maestro Millás de los viernes, la compartida visceralidad de Maruja Torres o mi cercanía ideológica con Almudena Grandes. Me seducen los artículos de Ramón Lobo en territorios de conflicto buscando las claves dónde no alumbra ningún foco informativo. Admiro el compromiso inquebrantable del teólogo Juan José Tamayo, con lo necesitada que está la Iglesia católica de voces como la suya se empeñan en dar la espalda a su sabiduría. No me resisto a rescatar del naufragio dos nombres tocados por la varita de la genialidad. Las viñetas de El Roto y Forges, muchos días, son como esos jugadores de fútbol que con una sola filigrana hacen rentable el precio de la entrada.

Lo que no me gusta tiene que ver con el ADN actual del periódico, su línea editorial. Ha descuidado sus labores como cuarto poder que equilibre los abusos de los demás poderes. Es un medio de comunicación cuyo único fin, en el actual contexto de capitalismo salvaje, es obtener beneficios. Trata de ser un medio hegemónico que quiere aprovechar las ventajas que le ofrece el actual sistema económico. Cuando no les dejan mangonear a placer, se dedican a lanzar noticias envenenadas contra gobiernos democráticos, como ocurre con la izquierda latinoamericana. Noticias que gracias a medios de comunicación alternativos se han desvanecido una y mil veces como castillos de naipes. Eso sí, ellos nunca rectifican: “Calumnia, que algo queda“.

Forges reflejando la realidad circundante.

Su Consejo de Administración, como señaló Jose, es una mezcla de peste neocon y capitalistas financieros que tienen menos relación con el periodismo que Sergio Ramos con Benedetti. Ese Consejo de Administración está infectado por una elite económica a la que obviamente nunca criticarán desde sus páginas, con lo que ¿cómo podemos fiarnos de ellos? No me interesa un medio equidistante en el actual pasteleo pseudo democrático PP-PSOE. La democracia hay que construirla todos los días con medios libres y críticos. No seré yo quien elija vuestras amistades mediáticas, pero a mí, en ese amigo que me ha fallado, me costará mucho volver a confiar.

El País sí que tiene quien le escriba

El otro día me compré el periódico. Hacía tiempo que no lo compraba. Leí noticias bastante interesantes. Este puente, por ejemplo, se puede viajar a Nueva York por menos de mil euros. También han sacado un nuevo modelo de no sé qué marca, bastante lujoso me pareció. Aunque, bueno, la noticia más interesante fue la que escribía un tal Corte Inglés, que nos hablaba de lo que más se iba a vender esta Navidad.

Portada del periódico global en español

El periódico que leí fue El País. Cuando estaba en el instituto nos fuimos de excursión a Madrid a visitar la redacción de este periódico. A mí me gustó, así que por eso lo compré el otro día. Entre las noticias, había textos muy largos, en blanco y negro. Supongo que sería publicidad, así que para qué leerlos.

Cuando hicimos la excursión nos contaron la historia del periódico. Resulta que ha sido muy importante para la democracia en España. En aquella época me imaginaba a grandes periodistas, fumando hasta altas horas de la madrugada, pensando si publicaban la noticia clave sobre el rey, que demostraba su vinculación con la corrupción que había llevado a la cárcel a tantos amigos suyos. Al final debieron de decidir no publicarla.

Yo recordaba que el dueño del País es o era el Grupo Prisa, de un tal Polanco. Investigando un poco por internet, me topé con este artículo de Pascual Serrano en Rebelión.org. Nos cuenta que el Grupo Prisa ha sido comprado por el fondo de inversión Liberty. También me había enterado de que, no hace mucho, Sogecable (atentos al que ha sido su presidente los últimos años), el que maneja las teles de Prisa, se había unido a Tele Cinco, ese compendio de virtudes cívicas.

Y pensé: “qué injustos somos, qué mal pensamos sobre los brokers y, ellos, en un acto de generosidad, han salvado de la bancarrota a toda una institución de la democracia española para que, nosotros, las gentes progresistas, sigamos informados y el poder no nos pueda manejar a su antojo”.

Pero luego, he vuelto a leer el post de Marcos, Putos Brokers, y, digamos, que me he caído de la cama. Y era todo un sueño. El frío suelo me ha despertado y me ha recordado en qué mundo vivimos y que, si los que mandan son los brokers, y el País es un periódico de brokers, lo único que han hecho es mantenerse como periódico del poder, en su época del PSOE y ahora de un fondo de inversión.