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La final de la Copa del Rey de España(II)

Esta noche se juega la final de la Copa del Rey. Mi opinión es que se está creando una gran cantidad de ruido alrededor de este partido. Porque al final, por mucho que nos guste, sólo es un partido o veintidós tipos en calzoncillos corriendo detrás de una pelotita que, en función de donde entre, se repartirán los papeles de héroes y villanos.

Estamos muy acostumbrados a que antes de un ‘Real Madrid-Barça’ se esté durante días avivando polémicas ficticias. Hay que vender periódicos, hay que hacer programas de radio, hay que rellenar informativos de televisión, pero también podemos mostrar el tedio que generan estas situaciones.

Que si Piqué les dijo a los “españolitos del Real Madrid” que les iban a “ganar la Copa de ‘su’ Rey” (como Piqué es muy moderno y súperguay lo ha desmentido en su twitter). Que si Pepe escupió a los jugadores del Barça (conociendo a Pepe quizás sea su forma de mostrar cariño, tampoco deberían ofenderse, les ha hecho cosas peores). Que si van a poner el himno de España a un volumen para que se escuche hasta en Pacoima y que no se oigan los abucheos de los barcelonistas. Que los del Real Madrid van a llevar banderas de España. Que si el equipo de los fachas. Que si el representante de la sonrojante burguesía catalana. Se me quitan las ganas de ver el partido.

Los mismos discursos cruzados de nacionalismos victimistas que se repiten machaconamente. Al final ruido, ruido y más ruido. Ruido como el del himno, ruido como el de los abucheos, ruido como el que nos hace perder el foco de lo importante. Esperemos que ese ruido no nos despiste de lo verdaderamente relevante, de lo crucial que se juega esta noche, de lo vital que se disputa en el terreno de juego de Mestalla, de lo más trascendental: veintidós tipos en calzoncillos corriendo detrás de una pelotita. Pero veintidós tipos muy buenos, ojo.

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La España de Mourinho (II)

El Barça me recuerda a un país que crecía al 3% y en el que descendieron las cifras del paro durante varios años consecutivos. Aquellos años fueron muy buenos para el equipo. Se consiguieron títulos como la Champions League que llevaba mucho tiempo sin estar en las vitrinas del club. Todo el mundo elogiaba a aquellos dirigentes que guiaban el rumbo de ese país por una alfombra de títulos y de pétalos de rosas.

Después aquellos dirigentes y sus colaboradores, que convertían en oro todo lo que tocaban, cometieron una serie de errores, lo que propició que fuesen sustituidos por un gobierno nuevo. Un gobierno que mantuvo firmes los puntales de aquel capitalismo salvaje, incluso se consiguió estirar el crecimiento hasta cifras superiores al 4% quedándose en numerosas comunidades autónomas al borde del pleno empleo.

Todo se perdonaba a cambio de títulos.

Esos años fueron aún mejores, se ganaba absolutamente todo. Había dinero para lo que hiciese falta, era un país de Champions League y de derroche descontrolado, ¿quién no se pegó una fiesta salvaje en aquellos años? Pero, ¿quién se iba a poner a pensar en formación teniendo ladrillo? ¿Quién iba a ser el guapo en pensar en el largo plazo cuando se estaban ganando títulos a tutiplén? Esos años éramos muy guapos, todos se llevaban muy bien y se permitía todo a cambio de esas grandes cosechas que se recogían. La foto de los ministros era para comérsela: el sobrino tímido que nunca ha roto un plato, el gestor que a falta de brillantez ofrecía trabajo, el yerno ideal, el amigo pícaro y hasta había uno tan guapo como para ligarse a una cantante de pop conocida mundialmente.

Pero llegó Lehman Brothers, llegó el efecto dominó, llegaron las caídas en las bolsas, ya no éramos tan guapos, llegó la crisis financiera mundial, ya no ganábamos títulos, llegó la falta de liquidez, comenzaron las discusiones, llegó el paro, no nos llevábamos tan bien como parecía, hubo muchos cambios en el gobierno, los medios de comunicación ya no nos reían las gracias, se vio el verdadero volumen de la deuda, SE NOS CAYÓ LA CARETA.

En cuanto al Real Madrid, no seré yo el que les defienda en términos políticos, pero entiendo a Mourinho porque me identifico con el que se mueve, con el que se porta mal, con el divertido, con el que se rebela. Quizás sea por eso o quizás sea, como me dijo un borracho ayer apostado en una barra, que prefiero vivir en Egipto que en Suecia.

La España de Mourinho

Hace unos meses hablamos por aquí de la relación entre el fútbol y la política. Yo decía, y sigo pensando, que el fútbol es inseparable de la política. Pues bien hoy digo que, el fútbol, es también una metáfora perfecta de las organizaciones sociales. Me refiero, en este caso, a los equipos de fútbol.

Los dos equipos más importantes del Reino de España son el Real Madrid y FC Barcelona. Los dos (en este momento) representan dos maneras antagónicas de hacer fútbol y de comportarse dentro del espectáculo del fútbol. En mi opinión, los dos son fieles reflejos de la España que es y la España que debería ser.

Un enfrentamiento que va más allá del fútbol.

Empecemos por el Real Madrid. Al equipo de Mourinho podríamos calificarlo como un equipo de nuevos ricos. Lo importante es el corto plazo, hay que conseguir un título, el que sea, ya. Da igual cómo lo consigamos, da igual lo que hagamos. Tenemos un señor con mucho dinero que ficha lo que haga falta. No se trata de construir con lo que tenemos y, en función de esto, llegar hasta el final de nuestras posibilidades pacientemente. Nos gastamos muchos millones en dos o tres jugadores que no rendirán mucho ni serán muy eficientes, pero que nos hacen sentir cargados de razones. Al final, estamos todo el año renqueando y jugando más mal que bien. El éxito no es cualitativo, en todo caso ha sido cuantitativo, por el número de camisetas que hemos vendido.

Esta es la España en que vivimos y en la que hemos vivido. Una España de nuevos ricos. Y no me refiero sólo a la economía; me refiero a lo que, al final, define una economía: nuestros comportamientos individuales. Lo importante, antes de la crisis, no era construir lentamente un futuro, mirando racionalmente que va a ser mejor en el medio-largo plazo. Lo importante era que, cada uno de nosotros, ganásemos lo máximos posible, en el mínimo tiempo posible, sin preocuparnos por nada más que no fuésemos nosotros mismos. No había ni hay colaboración de ningún tipo ni objetivos comunes. Nuestra economía y nuestra sociedad, al fin, es un grupo de egoístas dirigidos por un grupo de farsantes que, o bien echan balones fuera, o bien nos organizan un premio de Fórmula 1 o unas Olimpiadas para que pensemos que todo va muy bien. Hasta que todo se hunde.

¿Qué es el FC Barcelona? El Barcelona es un equipo que da gusto ver jugar. Funciona como un reloj suizo. Tiene paciencia y suficientes pases al pie como para poder decir que hace el mejor fútbol del mundo y, algunos partidos, el mejor fútbol que yo he visto en mi vida. Todo el equipo está bien puesto, colabora. Todo el equipo juega y hace que funcione el conjunto. El resultado: lo ganan todo y goleando. Esto, además, no lo han construido en un verano a golpe de talonario. Esto es fruto de la paciencia y del trabajo de muchas personas durante mucho tiempo trabajando por un objetivo común y apostando por una manera de jugar y de ser. En un equipo como el Barcelona, cada jugador individual se inserta en algo que está por encima de ellos, el equipo. Así, además, se pueden fichar jugadores que brillan más, pues el envoltorio no esta hecho de humo.

Esta es la España que debería ser. Una España que no haya destruido toda la costa Mediterránea llenándola de cemento para especular con un apartamento en un lugar bastante horrible. Una España que cree mecanismos de solidaridad para que todos, como sociedad, estemos incluidos, y no haya cada vez más exclusión de todo tipo. Una España que no base su desarrollo en el corto plazo buscando un beneficio individual cuanto más estúpido mejor, sino en la que haya proyectos sociales construidos sobre principios sólidos que, además, son los que permiten que los Messis o Iniestas con más talento brillen más y nos beneficien a todos. Una España, en fin, en la que cuando organizas unas Olimpiadas, o fichas un Villa, nos beneficia, más que nos perjudica.

Esta es la España que debería ser. Lamentablemente, nos acercamos mucho más a convertinos en un Real Madrid otra vez y volver a caer en los mismos errorres que caímos antes de la crisis y que crearán otra crisis. Seguramente, haya otro período de bonanza por el medio en que la gente volverá a dejar el instituto con 17 años para trabajar de peón en la obra (que seguirá construyéndose) y poder comprarse un Seat León preparado. O ganar una Champions. Pero en el fondo, todos sabremos que vivimos en una sociedad, igual que somos de un equipo, con una profunda crisis (y no sólo económica).