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En busca de la libertad (II)

Hay un libro de Daniel Raventós, un profesor de la Universidad de Barcelona, titulado Las condiciones materiales de la libertad. En este libro, que es un libro que fundamentalmente defiende la necesidad de una renta básica, viene a argumentar que, para que la libertad sea efectiva, para que seamos realmente libres, hay una serie de necesidades materiales que tienen que estar cubiertas (por ejemplo, a través de una renta básica). Fundamentalmente, de lo que se trata es de que, para ser libres, no se puede pedir permiso a otra persona para existir.

Igualmente, ciertos teóricos de la democracia plantean como pregunta filosófica la paradoja que supone vivir en sociedades formalmente democráticas y pasar la mayor parte de nuestra vida en espacios no democráticos, sino, en su mayor parte jerárquicos. Por ejemplo la familia, la escuela, la universidad o las empresas. Así, tanto desde un punto de vista teórico como, sobretodo, para lo que nos importa, desde un punto de vista práctico, vivimos en sociedades no democráticas, en las que la mayor parte de las decisiones sobre casi todos los aspectos que afectan a nuestra vida diaria  se toman por procedimientos que, aplicados al sistema político que deseamos, reconocemos como ilegítimos.

Comienzo con estos dos párrafos porque llevo una semana pensando cómo escribir sobre la búsqueda de la libertad. Hay varios borradores de esta entrada del blog. He dado muchas vueltas: que si la vida es libertad porque es contingente y porque nunca paras de elegir; o que si el capitalismo nos muestra sombras de libertad y que ésta sólo se encuentra si nos fugamos del primero; o el individuo perdido en la cárcel de la soledad que sólo encuentra una contradictoria libertad en el infierno que son los otros…

En fin, muchas cosas. Lo cual muestra sobretodo una cosa: no tengo ni idea de lo que es la libertad. Nunca la he vivido. O peor. No sé si la he vivido. No sé si soy libre. No sé si alguien ha sido o será libre. No sé si se puede ser consciente de la libertad. Ni siquiera sé si tal cosa existe o no es más que un deseo.

Así que lo único que puedo hacer son preguntas que cuestionan nuestra vida. La de aquí y la de ahora.  ¿Vivimos en libertad? ¿Necesitamos a los demás, a la sociedad para ser libres? Y si la necesitamos, ¿en qué forma la sociedad puede asegurar y hasta qué punto debe asegurar la libertad efectiva de las personas que viven en esa sociedad? ¿Está esa libertad asegurada cuando la mayor parte de nuestro tiempo lo pasamos intentando asegurar una existencia cada vez más precaria? ¿Es posible la libertad en espacios en los que nuestro único papel es oír, ver y callar? ¿Acaso nuestra vida y nuestra existencia no la llevamos a cabo, y cada vez más, en espacios donde sólo podemos oír, ver y callar?

Necesito un exorcista (II)

La posesión es continua. Estamos poseídos por el espíritu de eso que tú llamas libertad, pero que es fundamentalmente el capitalismo. La gran victoria de los que mandan es que hemos aprendido a ser mandados desde la primera hasta la última célula de nuestro cuerpo. Estamos atravesados por un modo de ver el mundo que es “lo esencial” para reproducir el mundo.

Vivimos en la eterna contradicción. Hagamos lo que hagamos, somos verdugos. Hagamos lo que hagamos siempre reforzamos la dominación. La nuestra hacia otros (ese petróleo de esa gasolina de ese coche) o la de otros hacia nosotros (ese préstamo de ese banco para esa casa). Pero más aún, lo más íntimo de nuestra vida, incluso el acto que parece más puro, está condicionado por y reproduce el sistema.

Nos pasamos una vida luchando contra ese demonio. Soltamos miles de lágrimas para intentar ser de otra manera, ver las cosas de otra manera, vivir de otra manera. Tenemos conflictos morales continuamente: hagas lo que hagas siempre hay algo, siempre estás haciendo algo en lo que no crees, o peor, algo que te repugna totalmente.

Y el problema, el mayor problema, es que la teodicea de este demonio es conocida. Sabemos perfectamente por qué el demonio del capitalismo es malo. Sabemos que significa dominación, que significa que unos pocos manden sobre unos muchos. Que unos pocos se apoderen, no ya del fruto del trabajo de los muchos, sino, directamente, de la vida de los muchos. Lo sabemos. Conocemos a este demonio. Lo que no encontramos, lo que nos cuesta encontrar, es el sustituto de la teología derrotada con la que, una vez, creímos poder vencer al demonio.

Necesito un exorcista

Una mañana me levanté con la rutina habitual. En un primer momento no noté nada, pero una vez que fueron pasando las horas empecé a sentirme extraño en mi cuerpo. En una conversación con un compañero de trabajo defendí los intereses de la empresa y de mi país por encima de todo. ¿Qué cojones me impotaba a mi el Mato Grosso o la Pampa argentina? Si aquello se podía explotar, era una buena opción. Si encima se estaba dando trabajo a gente de allí, ¿qué más querían? El petróleo de Venezuela que lo explote Repsol que es española. Eso ayudará a la economía de aquí, ¿qué coño me importan a mí los venezolanos?

Al acabar la discusión me miré al espejo de los baños y me lavé la cara a ver si me recuperaba de aquel sofocón. De camino a casa me encontré con un viejo amigo con el que me paré a tomar una cerveza. Le expuse de cabo a rabo el argumentario que había escuchado a un tertuliano en la radio. No me dejé nada. Por si fuera poco, se lo aliñé con un par de ideas que le leí a un columnista de El País. Que si la izquierda abertzale era ETA, que si hay que acorralarles, que nosotros somos los demócratas. En la segunda ronda ya le dije que lo de Libia era inevitable, que hay que estar allí dando caña, que las relaciones internacionales son así, que eso de los derechos humanos es pura cosmética,…

Subiendo por el ascensor no daba crédito a todo lo que estaba diciendo. Sufría sudores fríos y fuertes escalofríos, pero a la hora de comer empecé con mi familia. Que si era normal que Zapatero se reuniese con los empresarios más poderosos. ¿Quién nos iban a sacar de la crisis? ¿Los trabajadores? Vamos, hombre. Que Botín podía opinar de política sin que nadie le pidiese explicaciones, que si ya podía haber muchos como Botín en España. En ese momento me di cuenta de que ya no era yo. Oía tan alta la palabra libertad por todos lados (¡LIBERTAD! ¡ERES LIBRE! ¡DISFRUTA DE TU LIBERTAD!) que el aturdimiento no me permitía reparar en los grilletes.

La Historia es nuestra, y la hacen los pueblos (III)

La Historia es nuestra y la hacen los pueblos. No todo está perdido. Las huelgas que no sirven para nada son las que no se hacen. Los pueblos mandan, los gobiernos obedecen. Si estamos de acuerdo con estas afirmaciones, estaremos de acuerdo en que los libios, como tunecinos y egipcios, sean los encargados de forjar, lanzar y conducir su propia revolución.

La exclusión social es el elemento común que está sirviendo de chispa para encender la pólvora inconforme de estas revoluciones.

Pobreza+exclusión social+elevado porcentaje de juventud+población universitaria=Revolución.

Por el momento, estos están siendo los elementos comunes en los levantamientos que hemos observado, aunque, como es evidente, cada país tiene sus rasgos diferenciadores.

Con esta situación en Libia, nos planteamos cuál debe ser el papel que desempeñen las potencias occidentales dentro del conflicto. Hasta ahora sabemos que Europa y EEUU lo único que han hecho ha sido favorecer la continuidad de estos regímenes porque les interesaba obtener el petróleo y el gas a bajos precios y de paso estos gobiernos servían de freno para el crecimiento de movimientos islamistas. Con estos antecedentes mal empezamos.

Dos buques de guerra con 2.000 marines están rumbo a Libia.

Pero como os imaginaréis, ahí no queda la cosa. Al parecer todas las informaciones que nos han ido llegando de los bombardeos indiscriminados de algunos barrios insurgentes no son verdad, según los relatos de algunos periodistas que lo han comprobado in situ. ¿Qué había detrás de esas mentiras? ¿Qué intención hay en describir por parte de los medios occidentales una situación de guerra civil en Libia? ¿Qué hacen buques de EEUU poniendo rumbo a Libia? Cada vez que Estados Unidos dirige unidades militares a un país para imponer SU democracia me temo lo peor y no suelo equivocarme. Por cierto, ¿qué hace el Nobel de la Paz Barack Obama calladito mientras a Hillary Clinton cada vez se le pone más cara de Condolezza Rice? Si la Historia es nuestra y la hacen los pueblos, ¿por qué EEUU vuelve a meter el morro para sacar tajada? Con todas las informaciones interesadas de estos días han creado un caldo de cultivo favorable a la incursión militar occidental en la zona.

En cualquier caso, no debemos olvidarnos de que Gadafi es un dirigente siniestro y asesino que ha dado la espalda a su pueblo, por lo que debe irse empujado por su propio pueblo. Deben ser sus compatriotas los que le den la patada en el culo. Una razón fundamental es porque una vez que caen estos regímenes hay que dar pasos hacia un nuevo sistema y deben ser los libios los que construyan sus nuevos cimientos. Como entre EEUU en el conflicto van a participar en la transición posterior y como ejemplo de lo que les importan los pueblos de los lugares a los que llegan podemos mirar a Irak.

Si triunfan las revueltas, el precio del petróleo subirá. Ha dicho recientemente Joaquín Almunia, comisario europeo de la Competencia: “Si el precio de tener democracia y libertad en esos países fuese de 15 o 20 dólares por barril, lo pagaríamos encantados”. ¿Y si fuese más no? ¿Cuántos dólares por barril valen sus democracias? ¿Y las nuestras? ¿En qué elevado lugar nos situamos los europeos para afirmar este tipo de cosas? Algún día hablaremos de Europa porque el rosario de portavoces de las diferentes instituciones es vomitivo.

Lo que podemos hacer desde aquí es tomar ejemplo de ellos y escribir nuestra propia Historia porque la están escribiendo por nosotros. Creemos que lo tenemos todo hecho y nos planteamos darles unas migajas de nuestra caridad cristiana a los demás. Más vale que aprendamos de ellos y empecemos a mover el culo porque hoy, mientras allí les están escupiendo las verdades a sus dirigentes, aquí ya hay, entre otras cosas, 4.300.000 parados.

Yo quiero hacer la Historia de mi país como los egipcios, como los tunecinos, como los libios. ¿Quieres hacerla conmigo?

La Historia es nuestra, y la hacen los pueblos (II)

3.- ¿Cuál es el papel de los gobiernos occidentales (EEUU y UE) en el mantenimiento de esos regímenes y qué pueden y deben hacer ahora?

Hace unas semanas la tercera autoridad del Reino de España visitaba al amigo Teodoro Obiang. Todos sabemos que EEUU ha mantenido sátrapas y

El Campechano apoyando la democracia en Kuwait.

dictadores a través de dinero o cooperación militar durante todo el Siglo XX. Francia ha determinado los destinos de la mayoría de los gobiernos del África francófona desde la independencia de estos países a mediados del siglo pasado. Quiere esto decir que la mayor parte de los gobiernos del mundo necesitan de cierta aprobación de esos que se vienen a llamar Comunidad Internacional (fundamentalmente los gobiernos occidentales), ya sea no molestando mucho a nuestras empresas en sus territorios (Guinea Ecuatorial) o colaborando con nosotros en nuestras conquistas imperiales (Arabia Saudí). Si se cumplen estos dos requisitos, el resto da igual. Los derechos humanos, la democracia, la libertad, la justicia son sólo discursos y retórica que quedan muy bien en los documentos.

Teniendo esto presente, y sabiendo que los regímenes que se están derribando en el mundo árabe estaban sostenidos por las potencias occidentales, tenemos que tener mucho cuidado con nuestros propios líderes. Al fin y al cabo, por aquí no tenemos mucha costumbre en eso de expandir la democracia, ni siquiera hacia dentro. Es evidente que no podemos desperdiciar cualquier medida que sirva para apoyar a las revoluciones y derrocar al dictador (sanciones, congelar cuentas, etc.), pero partiendo de la base de que, según por parte de quién venga (por ejemplo EEUU) van a estar dirigidas mucho más a salvaguardar sus propios intereses que a apoyar la democracia. No podemos esperar de quién nunca ha apoyado la democracia en el mundo árabe que la apoye de repente.

 

4.- ¿Cuáles son las consecuencias de estas revoluciones en el “orden mundial”?

Igual que la pregunta número dos, es difícil saberlo. Hay tres aspectos que, seguramente, van a cambiar a raíz de estas revueltas.

El conflicto árabe-israelí

En función del desarrollo de las revueltas y, sobretodo, de la capacidad de los revueltos para acceder al poder o forzar al poder a satisfacer sus demandas, el conflicto árabe-israelí puede cambiar sustancialmente. Es sabido que Israel no levanta simpatías entre las poblaciones árabes, fundamentalmente por el genocidio lento que está haciendo en Palestina. Gobiernos populares, en el sentido de apoyados por el pueblo, tienen que ser mucho más contundentes en el apoyo al pueblo palestino. Además, el discurso de que Israel es la única democracia de Oriente Medio (lo cual es mentira) deja de valer. Esto puede llegar a ser peligroso en el momento en que Israel está dispuesto a provocar una tercera guerra mundial antes que a permitir al pueblo palestino recuperar su tierra y su libertad.

Nueva identidad países árabes

En función de cómo terminen las revueltas en cada país (que puede ser de una manera distinta en cada uno, pues tienen características propias) puede cambiar el discurso legitimador del orden mundial actual, basado en la falacia de que solamente los países occidentales tenían legitimidad para hablar de democracia y derechos humanos. Las multitudes de los países árabes nos han demostrado que ellos tienen su anhelo de libertad y que también pueden luchar por él. Además, si este anhelo se transforma en justicia económica, puede cuestionar no sólo el orden mundial político sino también el propio orden mundial económico: el capitalismo global. Lo cual nos lleva a

El régimen global de explotación de los recursos

El derecho que creemos tener los occidentales de coger el coche en cualquier momento para cualquier cosa está construido sobre un régimen de explotación de los recursos en el que nuestras sociedades, a través de nuestras multinacionales, nos apropiamos de la mayor parte de los recursos del planeta. Esta apropiación se consigue apoyando dictadores o asesinando sindicalistas. Si los pueblos árabes se apoderan de sus recursos esto va a repercutir necesariamente en este régimen de explotación, que, conforme se agoten los recursos, por ejemplo el petróleo, y aquí no reduzcamos la demanda, se hará más violento. Es decir, o cambiamos nuestro estilo de vida o ya podemos ir pensando en más guerras imperiales, más sangre y más miseria para el planeta. Miseria y sangre que se volverá contra nosotros.

 

5.- Desde un punto de vista radicalmente de izquierdas y solidario con cualquier pueblo del mundo que luche por su libertad, ¿qué puedo hacer?

Como hemos visto, las revueltas de los países árabes nos pone en una situación difícil. Por un lado, nuestros estilo de vida y nuestro aparente bienestar está asentado en dictadores y sátrapas. Siendo gráficos: si apoyamos a estos pueblos tenemos que estar dispuestos a ir 110 km/h y a cambiar muchas cosas más.

Además de esto, según cómo se desarrollen los acontecimientos, es probable que nos enfrentemos a una intervención militar de los países occidentales en algún lugar. Aquí lo tenemos que tener claro: la libertad la conquistan los pueblos, nunca la dan los gobiernos, de ninguna clase.

Por último, como pueblo, la mejor manera que tenemos de apoyar a otros pueblos, a otras multitudes, en su lucha por la libertad (del que nosotros somos víctimas en muchísimos sentidos) es, a parte de la solidaridad, haciendo nuestras propias revueltas. El día en que nosotros vivamos en democracia es cuando podremos plantearnos extenderla. Mientras tanto, tenemos que crearla aquí.

Una luz, una sombra.

Amanece en Trípoli. Un sol líquido se impone en el cielo sobre las nubes prendidas. Jaouad sale de su casa consciente de que no es un día cualquiera. No será un día de esos que pasan delante de él sin pena ni gloria. No será un día de esos que han inundado todos estos años. Un día y otro día y otro día y otro día. Y la vida pasando ante sus ojos sin tocarle. Y la pobreza llamando a su puerta. Y la libertad arañándole las tripas.

No hay mucha gente por su barrio. No ha visto a Jamal fumando ni ha sentido el perfume del horno de pan. Está dispuesto a andar hasta el centro de la ciudad. Ha dejado atrás la mezquita de Al Harathy por Pepsi Cola Road. ¡Llamar a una calle Pepsi Cola! ¡Y luego dice que es socialista! Esos pensamientos le ocupan la cabeza mientras una inquietud creciente se va adueñando de su cuerpo. El mediterráneo está cada vez más cerca y se nota en el aroma de las calles cercanas al puerto y en la presencia de la gente, cada vez mayor.

 

A más de 1.700 kilómetros de distancia se levanta Saib en un Madrid plomizo y gris de febrero. Es un miércoles con un aspecto de lunes inconfundible. Apenas asoma el sol cuando sale de su casa en el barrio de Lavapiés. Su casa por llamarlo de alguna manera porque es un piso de 70 metros cuadrados en el que viven nueve personas. Las calles muestran el trajín habitual del día y de la hora que reflejan los calendarios y los relojes, nadie se sale del guión.

De los bares salen ruidos de informativos matutinos, el tintineo de las cucharillas en las tazas y alguna bocanada de olor a café. Le pesa la vida demasiado para la edad que tiene. Baja al metro, se salta el torno y esquiva la mirada del segurata. Lo que no esquiva es la mirada inquisitorial de un hombre con el ABC bajo el brazo. En los ojos de ese hombre están el desprecio y el odio de los que nunca hablan los periódicos. La violencia que no reflejan las encuestas.

Sueño con la PG-13 (II)

Me parece bien. Me parece bien que, después de atormentarnos con una

Nuestras almas

realidad cruel, busques descanso en alguien. En medio del desierto indolente en que el capitalismo está convirtiendo nuestras almas, seguramente el amor sea el último oasis.

Y a mí también. A mí también me gustan las mujeres. Me gustan las mujeres libres. Mujeres que, a pesar de lo que les dicen, a pesar de lo que les hacen, construyen su propia personalidad y su propia manera de ver el mundo. Me gustan las mujeres que escapan a la dictadura de la belleza. Una belleza que no es tal, sino que no es más que la fealdad escondida tras el espectáculo. Me gustan las mujeres que se alejan de estos cánones. Que descubren que el verdadero secreto para ser bellas o bellos está en el alma y no en el cuerpo.

A mí también me gustan las mentes. Me gustan las mentes que resisten. Resistencia significa, en el mundo que vivimos, renunciar a la norma. La norma es lo normal, lo que regula, lo que nos iguala a todos en la mediocridad. Las mentes que me gustan resisten, crean sus propias normas porque quieren crear su propia vida. Estas, como dice Dante, son las mentes que hay que follarse.

Realmente no sé si PG13 es así. No la sigo mucho. Confío en ti, así que supongo que si tú has visto esto en ella lo será. Lo que sí que sé es que en estas sombras que empiezan a ser perennes (nuestro desierto está ensombrecido porque siempre hay un Alejandro Magno que nos tapa el sol) necesitamos encontrar mentes, muchas mentes, que resistan. El día que hagamos una orgía todos y todas, el día que todas las mentes estén dispuestas a crear su propia vida y no dejarse arrastrar por la vida normal, ese día, les habremos vencido.