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Diálogo entre el presente y el futuro (de la precariedad) (II)

– ¡Hombre! ¿Tú eres quién creo que eres?

– No sé lo que andarás pensando pero soy tú dentro de 40 años. Vengo del futuro, como en el anuncio de aquel viejo detergente.

– ¿Así voy a ser de mayor?

– Igual te piensas que ahora eres Brad Pitt, no te jode.

– Bueno, tranquilito. Y, ¿cómo lo llevas?

– Pues bien, me jubilé hace tiempo, disfrutando de la vida, ya ves los viajes que me pego.

– ¿Bien? ¿Jubilado? No pensaba que iba a ser así. Ahora nos cuentan que todo va a ir a peor, que nos vamos a jubilar cada vez más tarde, que vamos a perder muchos derechos,…

– Eso fue así durante un tiempo. Hasta que se dieron cuenta que con ese capitalismo salvaje nos acabaríamos comiendo los unos a los otros. Hubo una gravísima crisis medioambiental, en la que al fin observaron que al ritmo que llevábamos agotaríamos todos los recursos en muy poco tiempo.

– Y, ¿qué hicisteis?

– Las izquierdas renovaron su discurso y tomaron el poder tras la profunda crisis capitalista. Se frenó el ritmo de crecimiento para hacerlo sostenible y lo más importante, se reformó la economía. En el futuro hay un sistema económico al servicio de los hombres, su única finalidad es distribuir equitativamente la riqueza.

– No me baciles. ¡No te lo crees ni tú!

– Como te lo cuento chavalín. El mundo ha cambiado mucho. Ya no se manifiestan los más desfavorecidos. Ahora salen a la calle los más ricos que no quieren seguir perdiendo privilegios. Salen los brokers, los grandes empresarios, los especuladores, los dueños de las constructoras, algún jeque que todavía vive en la costa andaluza,… Lo mejor es cuando la cosa se anima y empiezan las cargas policiales, me descojono con los telediarios. Un broker tapándose el rostro con la americana lanzando un cóctel molotov, un pelotazo de los antidisturbios que se incrusta en el costado de un especulador inmobiliario, un jeque que echa a correr, se pisa la chilaba y al suelo, hostión con la porra. Los antidisturbios son la bomba.

– Me dejas flipado.

– También te tocará luchar. No pienses que los poderosos abandonan su sillón de buenas a primeras. Siempre andan atacando al nuevo sistema, mintiendo desde sus medios de comunicación,… Otras cosas no han cambiado tanto.

– Joder y yo que pensaba que me iba a tener que ir a vivir a Alemania.

– Tú vete donde quieras que yo me piro a la playa. Los inviernos castellanos tampoco han cambiado y, a mi edad, se me hacen eternos.

 

Diálogo entre el presente y el futuro (de la precariedad)

-Coño, ¿tú quién eres?

-Soy tu yo del futuro, vengo del año 2050.

-Coño, una cifra redonda, ¿y qué quieres?

-Este es el año en que intentarás jubilarte. Vengo para avisarte. Búscate un trabajo rápidamente. Deja lo que estás haciendo y ponte a trabajar rápido.

-Pero si yo ya trabajo, estoy haciendo estudios de mercado en una empresa muy importante de publicidad e investigación social.

-No, esa mierda de beca por la que cobras 300 euros y no cotizas no vale. Eso no es trabajar.

-¿Cómo que no es trabajar? Me levanto a las siete, una hora en metro, en torno a 10 horas currando, otra hora en metro, ¿y me dices que eso no es trabajar?

-Deja de quejarte, todo el mundo empieza de cero, pero tienes que buscarte un trabajo de verdad.

-¿Te crees que hago esto por gusto? De los 100 sitios donde envié un curriculum el mes pasado me han respondido de tres.

-¿Y qué? ¿Por qué no aceptaste?

-Joder, dos de teleoperador y uno de camarero. Aunque esto sea una mierda es de lo mío.

-De lo tuyo, de lo tuyo. Pero, ¿tan importante era lo nuestro? Ya ni me acuerdo.

-¿Tan importante? Joder, no he pasado cinco años estudiando una carrera y uno más un máster para trabajar de la misma mierda que he estado trabajando todos los veranos durante estos años. Además, me han prometido que si trabajo duro va a cambiar y va a ser mejor.

-Eso es mentira. Yo ya he vivido tu vida y te digo que eso es mentira. Vas a estar hasta los 30 empalmando becas y contratos de prácticas, con la excusa de  “lo siento pero de momento no podemos ofrecerte otra cosa” y, entonces, cuando te llaman al despacho y tú vas pensando que ha llegado ese momento, te dice un director nuevo que lo siente mucho pero que van a prescindir de tus servicios.

-Pero joder, con la experiencia conseguiré algo mejor, ¿no?

-No, con la experiencia conseguirás otra mierda de beca en la competencia. Y vuelta a empezar.

-Joder, ¿y qué tengo que hacer? ¿Pillar un curro de mierda? ¿Para eso he estudiado?

-Es importante que cotices desde ya. Porque ahora, yo, en el año 2050, no puedo jubilarme con 65 años. Tengo que esperar otros 5.

-¿Otros 5? Pero no se supone que iban a ser 67 años.

-Sí, pero 25 años después volvieron a reformarlo. Y volvieron a subir la edad mínima. A parte de congelar las pensiones para siempre.

-Bueno, ¿tan jodido estás que cinco años más es mucho currar?

-¿Que si tan jodido estoy? ¿Te crees que después de 40 años trabajando a destajo delante de un ordenador con malas posturas, tensión y precariedad tienes la salud de un notario?

-Pues vaya puta mierda, ¿entonces no hay nada que hacer?

-Buscarte un trabajo.

-¿Dónde? ¿En Alemania?

Es hora de darle la vuelta a la tortilla

Otra mañana gris a través de la ventana, lo que me faltaba. Voy a despertar a los niños para llevarles a clase. Al menos los ratos que paso con ellos me inundan de alegría descubriendo el mundo a través de sus ojos. Después lo de siempre, horas y horas a lo largo del día que caen como losas sobre mí. Desde que me echaron del trabajo la vida se ha convertido en un laberinto.

Sin ningún tipo de ingreso, hay que minimizar gastos para que los números rojos no nos asfixien. Se acabaron las cenas, las copas y todo lo demás. Se acabó la fiesta. Se acabaron las compras ridículas y los viajes innecesarios. Voy a tener que vender el coche porque para lo que lo uso, lo mismo me da. Y los hijos de puta del banco todos los meses: Pum, pum, pum, pum enterrándonos cada día un poco más. Esta puta hipoteca va a acabar conmigo. En abril no sé dónde cojones estaré.

Y ellos mientras tanto pasteleando. Que si subimos la edad de jubilación, que si no, que si nos obligan los mercados, que si nos presionan los fondos de pensiones privados. Que si se acabaron los 400 euros, que si van al fomento del empleo. Vamos, que acaban en manos privadas de otros hijos de puta que se están lucrando a costa de que yo y unos cuantos como yo estemos sin trabajo. Que hay que recortar de todos lados porque lo dicen los mercados, que hay que reducir el déficit porque lo dice Europa. ¿Y quiénes lo pagamos? Los de siempre. Y como hay poca tormenta, en el horizonte inmediato se vislumbra un grupo de gaviotas amenazantes dispuestas a multiplicar los recortes.

Con todo este panorama y esta ansiedad comiéndome los nervios, sólo escucho mensajes tranquilizadores que parecen decir: “Niños, la violencia no es la solución”. ¿Os parece poca violencia la que están aplicando sobre mí? ¿Dónde está la España de Champions League? ¿Dónde está la Europa de la opulencia? ¿Dónde está el occidente desarrollado? ¿Dónde carajo está el estado del bienestar? ¿Dónde está la España de la libertad si no puedo salir de casa? Toda la solidez se ha desvanecido como una vela al calor de un lanzallamas. Hay que decirlo bien claro. Estos años han sido la dictadura del capitalismo. Los privilegiados quieren mantener el capitalismo para mantener sus privilegios. Es hora de poner el mundo patas arriba. ¿Le damos la vuelta a la tortilla?