Etiquetado: Seguridad

Las mentiras de la agresión a Sergio (II)

Ayer, en Burgos, se manifestaron más de 6000 personas, a raíz de la agresión a Sergio Izquierdo, con una pancarta en la que se podía leer ‘No a la violencia en nuestras calles. Justicia ya’. A parte de lo que ocurriese y a parte de lo que mintiese el Diario de Burgos, me gustaría hacer tres reflexiones, que trascienden este caso: sobre la idea de violencia-inseguridad, la idea de justicia y la idea de control.

Supongo que, tal y como funciona nuestra sociedad, muchos lo que esperan es que todos unánimemente pidamos que los violentos se pudran en la cárcel, o algo así. Eso está muy bien, pero teniendo en cuenta que cualquier medida que tomen nos afecta a todos, prefiero dar opiniones desde la reflexión calmada.

1.- La violencia-inseguridad. Vivimos en uno de los países más seguros de Europa. Según los datos oficiales de criminalidad, los que deberíamos tener en cuenta ya que miden el número de denuncias por cada mil habitantes, hay 45,1 infracciones penales por cada mil habitantes en España frente a 67,8 de media en el resto de la Unión Europea. Esto lo dice la policía.

A pesar de esto. A pesar de que los datos dicen lo contrario (y son datos a disposición de cualquiera, basta hacer una búsqueda en Google) vivimos con una gran sensación de inseguridad. ¿Por qué? Por cómo nos informan. En un estudio del año 2005 publicado en la Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología se dice que: “el mayor número de noticias sobre delincuencia se dedica a los delitos de menor incidencia pero que causan mayor impacto social”. Es decir, mientras la mayor parte de los delitos son hurtos u otros contra el patrimonio, existe, en los medios, una gran mayoría de noticias sobre delitos violentos, que causan mayor impacto y crean la sensación de inseguridad. La semana pasada lo hemos visto perfectamente, como, a través de la manera de informar sobre una agresión se pueden sacar a la calle a 6000 personas pidiendo que no haya violencia. Esto de que no haya violencia siempre es bueno, pero niego que eso sea un gran problema de nuestras calles. Lo dicen los datos.

2.- La justicia. Otra de las peticiones más habituales después de un caso como este es la de justicia. El símbolo de la justicia es una mujer con una balanza y con los ojos vendados. La justicia es ciega. Esto quiere decir que la justicia no juzga moralmente los actos. En función de unos hechos, que tienen que estar suficientemente probados, el poder judicial, o la justicia, aplica una ley. Lo que un juez protege es la ley, no a los individuos. Los individuos son protegidos por la ley. Pero los dos individuos, el agresor y el agredido.

La peregrina idea de que el juez tiene que proteger a los buenos de los malos hace saltar por los aires el fundamento del estado de derecho. Frente al Estado, todos somos iguales ante la ley, no somos buenos o malos, sino que cumplimos o incumplimos la ley. El juez es imparcial y, repito, no puede juzgar moralmente los hechos, sino, solamente, en función de la ley.

3.- El control. Como he dicho más arriba las medidas de control que tomen a partir de estos hechos nos afectan a todos. También a los que no queremos más control. Por lo tanto, sería mejor que, antes de tomar alguna medida, hubiese un debate tranquilo y sosegado sobre el tema. Porque si lo que se le ocurre a la gente es poner cámaras en Las Llanas, deberíamos saber que, en muchos lugares donde ya las han colocado, no han sido efectivas.

Y es que a mí esta lógica me molesta mucho, y en lo referido a seguridad se aplica continuamente, hay un delito o una alarma social sobre algo, y en lugar de investigar las causas e intentar solucionarlo, nos convierten a todos en potenciales delincuentes para que pensemos que así estamos más seguros.

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La banalidad del mal (II)

-Ya le has oído al jefe, ¿no? ¡Pon dos cortados!

-Ya, ya.

-Pues ya sabes lo que toca ahora. Extranjero que veamos, extranjero al que pedimos la documentación para comprobar en qué situación se encuentra.

-A cualquier extranjero, ¿no?

-Sí, sí. A todos.

-A los que tengan pintas de extranjeros. A los negros o sudamericanos, ¿no? Porque sino, ya me dirás tú cómo vamos a saberlo.

-Claro, claro. Negros, sudacas y los moros que veamos también.

-El que esté ilegal, le detenemos y al CIE, claro. Y allí a saber…

-Eso ya no es cosa nuestra. Lo que ocurre allí, yo ni lo veo, ni me voy a preocupar de saberlo. Ojos que no ven corazón que no siente.

-Ya, si está claro. Nosotros vamos a hacer nuestro trabajo y les vamos a detener que para eso nos pagan.

-Eso es.

-Pero vamos, con la de hijos de puta que hay por ahí que tengamos que andar haciendo esto…

-Esto también es nuestro trabajo. Con el paro que hay ahora, esa gente en España no hace nada más que delinquir.

-Ya, tienes razón. Aunque bueno, realmente no han delinquido. Bien clarito le acabas de escuchar al jefe, como no tengan su situación en orden, ya sabemos lo que hay.

-Pero que no te comas la cabeza. ¡Joder! Vamos, lo hacemos y punto que para eso estamos.

-Es verdad. De lo malo, malo, contigo y conmigo no les va a pasar nada, pero los que pillen el Óscar y el Márquez… que se preparen. Alguna vez ya han sacudido a alguno.

-Ya estamos. Preocúpate de lo que vamos a hacer tú y yo. ¿Qué sabemos nosotros de lo que van a hacer ellos?

-Por lo que han hecho otras veces decía.

-Otras veces, otras veces. Yo no tengo ni puta idea de cosas de esas.

-Pues yo vi un día que se llevaban a uno de comisaría…

-¡Joder macho! ¿Y qué hacemos nosotros?

-Nada, nada. Si yo no digo nada. Lo de los CIEs también es la hostia. Luego decimos de Guantánamo o sale el Follonero en Arizona en las cárceles aquellas, pero aquí…

-Anda, déjate de Arizona ni hostias. Paga los cafés que nos vamos. Si ya te lo digo yo, ‘Fran’. ¡Que no hay que leer tanto! ¡Que al final te pasas de vueltas! Y la vida no es tan complicada joder.

Hay demasiada delincuencia (II)

Hay demasiada delincuencia porque hay pocos colegios. Vamos a hablar clarito de una puta vez porque hoy no estoy para argumentaciones alambicadas. Para mí los delincuentes son los que pueblan las cárceles en todos los penales del mundo. Los que te roban con una navaja, los atracadores de atracadores, perdón, los atracadores de bancos, los yonkis que dan un tirón de bolso, los que se ciegan por un chorro de sangre que les inunda el cerebro y hacen algo de lo que se arrepentirán todas sus vidas, los que venden droga, pero poca porque la venden para costearse su propia dosis y por supuesto todo tipo de inmigrantes son, para mí, los delincuentes de esta sociedad.

Después están los que nos atracan a todos nosotros con sus corbatas, sus guantes de seda y sus restaurantes exclusivos. Los que venden droga, pero no poca, los que mueven barcos preñados de veneno que se convertirá en sucio papel moneda. Ya sabéis de qué clase de gente hablo. Toda esa gentuza no son delincuentes porque no pagan por sus delitos. Estos golfos se suben a la cuerda floja protegidos por una red de leyes y sobornos que les salva de la inevitable caída.

El fotógrafo Sebastiao Salgado nos muestra que no todos nacemos iguales

Como vemos hay dos tipos de gente porque no todos nacemos iguales. Que nos dejen de contar mentiras. Que se metan por el culo el Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos porque todos nacemos iguales, pero unos más iguales que otros. Que se metan por el culo el artículo 14 de la Constitución porque tampoco me lo creo. Dice mucho que vaya la igualdad en el artículo 14 porque antes hay que hablar de cosas tan importantes como los colores de la bandera, la indisoluble unidad de España o las Fuerzas Aramadas. La perspectiva histórica nos ha mostrado que la Transición no fue tan ejemplar como nos la pintan. Sólo en la Biblia caben más mentiras que en la Constitución Española.

No somos iguales. No es igual el que vive en un chalé que el que nace en un barrio marginado. Por eso, los hijos de los controladores aéreos, son controladores aéreos. Por eso, un malnacido niño de papá como Salvador Sostres se forra escribiendo basura intelectual y otros vomitamos gratis nuestra bilis en un blog. Por eso, no es lo mismo nacer en Alemania que en Haití. Vale ya de milongas. La única igualdad en la que creo es en la de la educación.

El antídoto a la delincuencia es una educación pública que nos dé las mismas oportunidades

Igualdad de oportunidades real para que todos los potenciales delincuentes tengamos las mismas opciones. Para eso lo primero que hay que hacer es volar por los aires la educación privada. Algo tan injusto y tan vergonzoso pone las bases de la desigualdad. Los niños de papá a rezar en el colegio de pijos segregando a los malos estudiantes y los hijos de los obreros a intentar estudiar en un instituto que se descascarilla integrando a los malos estudiantes. Ahí comienza la violencia del sistema contra todos nosotros. Ahí se crea el caldo de cultivo para la delincuencia. Las consecuencias ya sabemos cuáles son: cuando los pijos se hacen mayores piden más policía para que no les toquen su asquerosa propiedad privada. Si no tuviesen nada, no se quejarían tanto.