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Razones para creer en una España ¿peor? (II)

¿Una España peor? Vamos a pensar en las razones para creer en una España mejor (todos los datos están extraídos del reportaje “Una año de pequeños y grandes logros desde las plazas”, Marta G. Franco, en la edición impresa de esta quincena del periódico Diagonal):

  1. Desde hace una año, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, colectivo de defensa ciudadana frente al latrocinio de los bancos ha conseguido frenar 230 desahucios y ha multiplicado su actividad. Además, ha puesto en la agenda pública el problema de los desahucios, ampliando su lucha a otros colectivos como los inquilinos. 
  2. Mientras que hace un año parecía que la política se reducía a lo de siempre, en este momento en muchos barrios de todo el país hay pequeños grupos de afinidad que, desde distintas perspectivas, están haciendo un trabajo capilar pero fundamental para plantear visiones políticas alternativas a la hegemonía capitalista.
  3. A partir de estas iniciativas, modelos de vida que explícitamente apuestan por escapar del modo de vida capitalista, como las cooperativas integrales, se están multiplicando, habiéndose iniciado procesos en esta línea en Madrid, Andalucía, Cabo de Gata, La Rioja, Valencia o Aragón. Además, modelos como la Banca Ética o las cooperativas financieras aumentan sus clientes y asociados aumentan día a día sus clientes y asociados.
  4. Por último, desde mayo del año pasado el número de participantes en manifestaciones ha aumentado (en total un 4,7% que no es mucho, pero en este tiempo se han producido algunas de las mayores manifestaciones desde el 78). Este año, por ejemplo, ha habido una media de 60 manifestaciones/protestas diarias en todo el Estado.

Mañana hay una manifestación (Burgos, 12:30, de la Plaza del Cid a la Plaza Mayor) contra el expolio de los servicios públicos convocado por los sindicatos mayoritarios y muchos más colectivos, el martes es el uno de mayo con manis por todos lados y en dos semanas el #12M15M. Probablemente todas estas cosas que he dicho te parezcan nimiedades frente a las subidas del IVA, los recortes en sanidad o educación, el empobrecimiento generalizado de nuestras vidas o la facilidad de los políticos para escupirnos en la cara. Pero los cambios no se producen enseguida. La hegemonía neoliberal está asentada en las percepciones de toda esa generación que vivió y se socializó en la apariencia de riqueza del pelotazo. Pero conforme avance el tiempo, y muy en parte gracias a este trabajo capilar de muchas personas, que no parece tener resultados evidentes, iremos reconstruyendo alternativas y movilizaciones que nos lleven a una España mejor para las clases populares.

Mientras, siempre nos quedará Jesús Quintero.

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Ahí están. Ya se ven. ¡Los fascistas del PP!

No. Las calles no son tuyas. Las calles son vías por las que transitan vehículos que tratan de engordar una economía tísica. Tú no puedes manifestarte en la calle. ¿Qué te has pensado? Las plazas no son de la ciudadanía, están, como todo, al servicio del poder. Tú, calladito. Y de casa al instituto y del instituto a casa si no te quieres comer unas buenas hostias.

A ver la tele y a pensar lo menos posible. No vayas a desarrollar un mínimo de pensamiento crítico y te des cuenta de lo que estamos haciendo con tu vida. Menos manifestaciones y menos chorradas que estás todo el día con el botellón y de fiesta por ahí. ¿Qué sabrás tú? Si estás manipulado por los antisistema que son los que provocan todos los disturbios.

Si estudias en un barracón o en tu clase no hay calefacción, te jodes. Es lo que hay. No tienes derecho a quejarte. Consideramos que es más importante la asignación a la Iglesia Católica o proveer de porras y gases lacrimógenos a la policía para que los usen en la puerta de los institutos de ciudades como Valencia.

Sí. Beneficiamos la educación de los centros privados y concertados. ¿Te crees que me importa que un inmigrante o el hijo de un obrero reciba educación de calidad? Esos miserables serán la mano de obra a la que explotarán mis hijos que, por cierto, estudian en un colegio privado y religioso.

En lo único que tienes un poco de razón es en lo de los policías.  Son miserables. No se dan cuenta de que sólo son los perros de presa que sostienen la pirámide de nuestros privilegios.  Cuando vemos que os ponéis tontos, os les soltamos a que os den de hostias y, los pobrecitos, no se dan cuenta de que nuestro latrocinio les prejudica a ellos tanto como a los que están reventando la cabeza a porrazos.

Te dejo que no tengo tiempo que perder. Todavía tengo que hacer unas transferencias a un banco suizo, que una cosa es ser español y otra es ser gilipollas. Luego me encenderé un puro y a ver unos videos de antidisturbios cargando contra quinceañeras. Sólo falta que renueven el consejo de Radio Televisión Española y vuelvan a echar toros por televisión para que España vuelva a ser España. ¡Bendito país!

Un valiente agente de la Policía Nacional en el momento de detener este peligroso delincuente que se le ocurrió manifestarse en favor de la educación pública.

Burgos no es de los burgaleses (II)

Esta creencia de que las empresas privadas gestionan mejor que las instituciones públicas es algo que atraviesa a todos los dirigentes en nuestra sociedad, desde la derecha hasta la izquierda. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Córdoba, en la época en que la actual Ministra de Medio Ambiente era la alcaldesa, con IU, también privatizó el mantenimiento de las instalaciones deportivas.

En mi opinión, esta creencia, puesto que es una creencia basada en la fe y no en datos objetivos, se basa en dos equívocos. El primero de ellos tiene que ver con la creencia en la compatibilidad entre el lucro privado y el beneficio público. La simpleza de los economistas de ver todo en términos de coste/beneficio, como si esto fuese lo importante, hace que la rentabilidad de un servicio público o de un derecho prime sobre su valor social. O lo que es lo mismo, que se nos olvide que los hospitales no están para ser rentables, sino para proveer un derecho, el derecho a la salud, a lo cual está supeditado todo.

Además, como todos sabemos, la lógica empresarial se basa en aumentar el beneficio siempre. Y para eso hay dos maneras: o aumentar los ingresos o disminuir los gastos. Normalmente, ya que en el mundo de los bienes públicos la demanda no depende del mercado (pensemos en un hospital), sino de otras cosas, las empresas que gestionan servicios públicos tenderán a disminuir los costes (por ejemplo prescindiendo de personal), lo que, inevitablemente, tiene consecuencias para el servicio. El accidente del metro de Valencia de hace unos años tuvo que ver con deficiencias en el mantenimiento ya que eso ahorra costes (aumenta el beneficio).

Pero a parte de esto, hay otro equívoco fundamental en esto de darles a las empresas la gestión de lo público. Y es un equívoco quizá menos aparente pero a largo plazo más grave. Tiene que ver con la visión de lo público o de lo común como algo ineficiente, algo que perjudica a la sociedad más que beneficiarla. Pensar que se puede hacer negocio de lo común es algo que en el largo plazo va a hacer peor a la sociedad. Tenemos muchos ejemplos, la degradación moral que supone que en la Comunidad Valenciana se pueda presentar Camps y la gente le vote, está relacionado con la destrucción de lo común (la costa, el medio ambiente, las ciudades, los pueblos) que ha supuesto el desarrollismo del ladrillo (en el que eran muchos los que hacían negocio con el terrenito del abuelo a la libre especulación) en los últimos 30 años. Esto ha llevado a que la sociedad se apunte al carro del nuevorriquismo y el aprovecharse de todo lo que se pueda sin aparente sonrojo. En este blog sobre política valenciana explican muy bien cuál es la idiosincrasia valenciana que soporta al PP en el poder. 

Al final esto segundo es más grave que lo primero. Y lo es porque destruye la esencia de lo social: la reciprocidad que se materializa en unos derechos para todos soportados por todos. Si rompemos con esto, si seguimos permitiendo que cualquiera haga negocio con lo que es de todos, ya sea ilegal o legal, estaremos corrompiendo la sociedad hasta destruirla. Y nuestra vida sin sociedad sería, como dijo Hobbes, solitaria, pobre, triste, brutal y corta.

Burgos no es de los burgaleses

Voy a explicar un caso de privatización de un servicio público que se ha dado en un punto concreto de Burgos, aunque tengo la impresión de que es una práctica habitual, tanto en otros lugares de la ciudad, como en muchísimos barrios de otras ciudades. Así que, con toda seguridad, estarán ocurriendo cosas muy similares cerca de donde te encuentras.

Había una vez un Complejo Polideportivo llamado José Luis Talamillo. Era un polideportivo público, en el que la calma y el buen funcionamiento eran la norma habitual de las instalaciones. Siempre había personal en sus puestos de trabajo realizando las labores que tenían encomendadas. Un día llegó el presidente del Servicio Municipalizado de Deportes Bienvenido Nieto del PP, como no podía ser de otra forma, y decidió que iba a utilizar los terrenos anexos al polideportivo, que eran propiedad del Ayuntamiento de Burgos.

¿Para qué los iba a utilizar? ¿Para aumentar las dotaciones de las instalaciones públicas? ¿Para montar una charcutería como dicen Faemino y Cansado? No. Se construyó un gran gimnasio, con piscina y demás. Eso sí, todas estas impresionantes instalaciones, que se encargaron de publicitar en todos los medios burgaleses, quedaban en manos de una empresa privada llamada Sidecu. A cambio de esta cesión, el Consistorio se quedaba con dos frontones y un campo de hierba artificial que seguían en manos públicas.

Se retiró al personal del Ayuntamiento de la parte pública quedando encargada de todo el personal de las instalaciones la empresa privada. ¿Qué ocurre ahora? Muy fácil, que los usuarios de las instalaciones públicas somos los hermanos tontos del lugar. Como no les suponemos rédito económico, las instalaciones públicas están cada vez más abandonadas.

El presidente del Servicio Municipalizado de Deportes, Bienvenido Nieto.

Ya no disponemos de vestuarios para dejar la ropa mientras que estamos practicando el deporte correspondiente. Pretenden acumular a la gente de todos los deportes en dos vestuarios, cuando hay seis vestuarios disponibles aptos para cualquier deporte de equipo. Apagan las luces de las pistas antes del fin de la hora para salir antes de trabajar, algo que antes nunca ocurría. Eso sí, en el gimnasio privado siempre hay gente dispuesta a atenderte porque cada persona que pasa por allí son billetes que han tomado momentáneamente la forma de personas.

Es un caso más de cómo, desde la derecha local con el alcalde Juan Carlos Aparicio a la cabeza, se están maltratando los servicios públicos que antes funcionaban a la perfección. Luego vendrá el repeinado ‘sabelotodo’, un simple trabajador que se cree empresario y que vota al PP, diciendo que normal que se privatice todo porque lo privado funciona mucho mejor. Y en ese momento me empezará a sangrar la úlcera.