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¿Quiénes protagonizan la lucha de clases en Burgos?

La lucha de clases es un concepto que acuñó Karl Marx en el siglo XIX. Definido de una manera un poco pedestre, se trataría de entender que en todas las sociedades hay una lucha fundamental entre grupos de personas por la riqueza producida socialmente (o sea toda). Así, este concepto nos serviría para analizar las sociedad en la que vivimos preguntándonos quién se enriquece y a costa de quién.

Si bien es un concepto complejo que hay que entender unido a otros, nos da pie para plantear la pregunta del título: ¿quién está protagonizando la lucha de clases en Burgos?

En Burgos Dijital hicieron hace unos días un perfil de Roberto Rey Perales. Este prenda fue el Director de Banca Cívica durante dos años. Durante esos años, Banca Cívica recibió mil millones de euros del FROB, un fondo público. Es decir, y como bien apuntan en Burgos Dijital, en vez de educación pública los recursos públicos (la riqueza colectiva) se reparte entre los bancos que dirigen tipos como este.

Rey Perales está llevando a cabo la lucha de clases. Después de hacer fracasar (o no, eso depende del objetivo que tuviesen) Banca Cívica lo han puesto a dirigir otra empresa en la que seguirá acumulando capital para las élites. Él es una de las personas que se apropian de la riqueza colectiva que producimos entre las clases trabajadoras.

Pero esto no es lo preocupante. Que los ricos hacen la lucha de clases lo hemos dicho muchas veces. La cuestión es quiénes protagonizan la lucha de clases desde abajo.

Hoy, 1 de mayo, día de los trabajadores, estarán por las calles de Burgos los que protagonizan aquí y ahora la lucha de clases.

La lucha de clases es un robo sistemático a las mayorías sociales (a ti, a mí y a nuestras familias) que se hace conscientemente por los Méndez Pozo o Rey Perales de turno. Nos van ganando y es una guerra en la que nos jugamos vivir con dignidad. Por eso, por pura dignidad, no nos queda otra que empezar a nutrir de otros protagonistas la lucha de clases.

Sin nosotras no se mueve el mundo

Carole Pateman, una teórica política feminista, habló a finales de los 80 del concepto de contrato sexual. Según ella, en nuestras sociedades existe un contrato implícito (es decir, algo que aceptamos como “natural” sin que nadie lo cuestione) sobre el que se articulan todas las relaciones sociales: el contrato sexual. La idea básica es que hay una división del trabajo previa al resto por la cual las mujeres realizan los trabajos reproductivos y de cuidados, cuya regulación se reserva al ámbito privado y los hombres realizamos el trabajo productivo, cuya regulación es pública y, por tanto, política.

Un ejemplo: pensemos en un trabajador de la Firestone que tiene en torno a 60 años y que ha sido activo en un sindicato y en el comité de empresa. Ha participado de una lucha política en torno a las condiciones de trabajo en su fábrica que ha permitido que los trabajadores en esta empresa tengan un convenio por encima de la media y unas condiciones más aceptables que en otras empresas. Para que este trabajador haya podido dedicarse durante toda su vida a trabajar ocho horas diarias y además dedicar tiempo al sindicato y a la lucha política en torno a sus condiciones de trabajo ¿qué ha hecho falta? Ha hecho falta que él no sea también el encargado de limpiar y recoger una casa, comprar comida variada y suficiente y, en el momento adecuado, preparar esa comida en los momentos en que él puede comer, limpiar lo manchado en la preparación de esa comida o cuidar de las personas que dependan económicamente de él.

Y todo esto, ¿quién lo ha hecho? Su mujer. Esto es el contrato sexual: el acuerdo implícito por el cual todo lo que ocurre en lo privado (los cuidados) no forma parte de la lucha política y lo que ocurre fuera (las condiciones laborales) es lo definitorio de la lucha política.

“Una casa limpia es señal de una vida malgastada”

De ahí que uno de los principales focos de la lucha feminista contemporánea sea el cuestionamiento y revalorización del trabajo reproductivo o de cuidados. Lo cual se traduce en muchas luchas concretas, entre ellas las condiciones de vida y de trabajo de las trabajadoras domésticas.

Las trabajadoras domésticas han estado históricamente discriminadas frente a otros trabajadores. No sólo porque generalmente sus empleadores no las han asegurado ni hecho ningún contrato, sino porque, incluso cuando se lo han hecho, estaban discriminadas frente al resto de trabajadores. La Seguridad Social las incluía en un régimen especial que reconocía menos derechos (paro, jubilación, etc.) que el régimen general.

Así, una de las luchas fundamentales de las organizaciones feministas es el reconocimiento del trabajo de cuidados como equiparable a cualquier otro trabajo. Es decir, la inclusión de las trabajadoras domésticas en el régimen general como cualquier otro trabajador. Es una lucha que tiene lugar aquí y ahora.

Una de las mayores virtudes del feminismo es que nos muestra dominaciones y opresiones que parecen invisibles. Entre ellas ésta, que afecta a tantísima gente y que apenas tiene un hueco en la agenda de las organizaciones de izquierda. Porque tanto para la izquierda como para la derecha el machismo y el patriarcado son “invisibles”.

Por eso no podemos cansarnos de repetir que la revolución será feminista o no será. O no será una revolución.

Nocaut

Estaba frente a la puerta con el pulso tembloroso. Metió la llave en la cerradura como si fuese cualquier otra persona cualquier otro martes de cualquier otra semana del año. Cuando Almudena se dejó caer en el sofá, Carla, que todavía no había levantado la vista de su libro, sabía que algo no marchaba bien.

– ¿Qué tal?

– ¿Que qué tal? ¡Hijos de puta! Me han largado. Han esperado hasta ahora, a sangre fría. Cobardes…

Carla decidió dejarle un saco de silencio y comprensión para que se rompiese los puños contra él. Sabía que una púgil como Almudena hacía añicos a los sparrings.

– Han esperado. Han esperado los cabrones y ahora, que no soy delegada sindical y con el despido regalado, me han puesto en la puta calle.

Ese golpe tenía mala pinta. La mirada de Almu se inundaba. Estaba grogui sobre el ring. ¡¡Que suene la campana y venga para la esquina!! Carla le abrazó.

– Esto se va a la ruina. No tenemos alternativa. Cada uno se salva su culo y si das la cara por alguien, te la parten.

Carla nunca había visto besar la lona a Almudena. ¿Qué ocurría? ¿Dónde estaban las alas de sus piernas y su mandíbula de acero? La vaselina no era suficiente para desviar la dureza de los puños del rival.

– ¿Qué vamos a hacer ahora? -rompió a llorar- No nos queda nada, ¡hostia! ¿Los hijos de la gran puta del banco piensan que vamos a pagar la hipoteca con mi paro? Estamos jodidas.

Ese gancho había abierto una zanja en la ceja izquierda de la brava contendiente. ¡Sube la guardia, Almu, hostia! ¡Sal de ahí! ¡Sal de ahí!

– ¿Y qué van a hacer los del Gobierno? ¿Entregarnos al FMI como cerdos al matadero? Sólo somos su sucia mano de obra. ¡No les importamos, Carla! ¡No les importamos una mierda!

Buff. Estaba derrotada. Alargar el combate sólo serviría para que se lesionase de gravedad. Había que arrojar la toalla. El rugido de la campana. Combate terminado. ¡Mierda!

– Ven aquí dame un beso, pequeña. ¿Te vas a acojonar tú ahora de toda esa calaña? ¿Nos vamos a poner de rodillas? ¡No me jodas, Almu! ¿Después de toda la vida siendo consecuente y partiéndote la cara por todo el mundo vas a dar un paso atrás? ¿Van a cambiarte ahora esa panda de hijos de puta? Ni de coña. Levanta la cabeza y pégate una ducha que esta noche vas a cenar la mejor tortilla de patatas que ha parido madre. Y mañana a seguir dando guerra como toda la puta vida. Eso sí, esta noche te voy a coger por banda y vas a flipar, enana.

Almudena se secó las lágrimas y esbozó una sonrisa. No estaba todo perdido. A partir de ahora bolsas de hielo con besos y cuando cicatricen las heridas, a mover esos puños de nuevo. Uno, dos. Uno, dos. Uno, dos. ¡Más rápido! ¿Y las piernas? ¡Vamos! ¡Vamos! ¡A bailar! ¡A bailar! PEDIREMOS LA REVANCHA.

#29M Huelga General

Las excusas de los trabajadores que no van a hacer huelga son como el traje inexistente que creía lucir el emperador del cuento de Andersen. Ellos creen que van vestidos de unos argumentos que, según les han contado, son muy válidos, pero realmente, cuando pasean delante de mí, les veo absolutamente desnudos. Les han engañado y se pasean por la vida desnudos de argumentos.

Dicen que “igual que hay libertad de huelga debe haber libertad para poder trabajar”. Intentan mostrar un traje de inexistente libertad y salen desnudos mostrando todos los miedos que no les permiten ser libres. El miedo a perder el sueldo del día, el miedo a perder los pluses de ese mes, el miedo a perder el trabajo, el miedo a ser señalado. Si quieres sacudirte el miedo denunciando de forma anónima que tu empresa coacciona a los trabajadores para que no hagan huelga, puedes hacerlo aquí.

También indican que “la huelga no soluciona nada”. La huelga no es un instrumento para solucionar la situación económica actual. La huelga es un instrumento de presión de los trabajadores para reclamar los derechos que nos están robando. ¿Solucionarás algo tú trabajando el día 29? Tápate, que te estamos viendo desnudo.

“No estamos en momento de hacer huelgas, hay que arrimar el hombro”, añaden. ¿El hombro? Estamos cansados de arrimar el hombro los de siempre, mientras los tipos que se forraban a nuestra costa antes de la crisis, lo siguen haciendo ahora.

En este fango económico nos metieron las políticas económicas neoliberales y para salir del fango están utilizando las mismas recetas. La reforma laboral no es más que pérdida de derechos de los trabajadores y establecer medidas para que haya un trasvase económico de las capas populares de la población hacia los más ricos. Es decir, que para que ellos sigan mantiendo sus privilegios, nosotros tenemos que perder parte de nuestros derechos. Nos están robando y pretenden que arrimemos el hombro.

Una huelga es un pulso y las huelgas se ganan o se pierden. En esta huelga nos jugamos muchísimo porque, si el gobierno sale reforzado después del día 29, ya han hablado de reformar el propio derecho a huelga. Si después de las condiciones laborales que nos deja esta reforma, nos quitan el derecho a reclamar lo que es nuestro, no nos quedará nada. Dejando atrás todas nuestras divergencias, los que sabemos de qué lado de la trinchera estamos tenemos que estar juntos. ¡El jueves nos vemos en la Huelga!

Reflexiones en torno al verbo ser (II)

“To be or not to be, that is the question”, que diría Hamlet. Dices que no dé la brasa con mis poesías cochambrosas, pero la verdad que tus chorreos filosóficos tampoco están nada mal. Que si somos, que si estamos, que si no somos, que qué somos, que qué somos esencialmente. Claro que han conseguido que interioricemos que lo que somos es nuestro trabajo.

Ya hemos hablado muchas veces de cómo el capitalismo ha conseguido que la gente se sienta libre sin serlo, de cómo trabajadores de a pie asumen el discurso hegemónico de la derecha económica a pesar de que perjudica su situación particular.

Aunque el problema de raíz está en la necesidad de cuantificar y etiquetar a las personas. Es decir, que cuando yo te pregunto qué eres, no te estoy preguntando cuál es tu profesión, sino que, en función de tu respuesta, te almacenaré en uno de los ficheros que han creado los prejuicios de mi cabeza. Si tú me dices que eres tornero fresador, los prejuicios que enturbian mi cerebro se hacen a una idea de tus ingresos, de tus estudios, de dónde vives, de qué coche tienes, de tus intereses socioculturales, incluso de tus aficiones. Tu trabajo me puede decir si molas o no, pero no iré a analizar más allá las razones reales que te han empujado a acabar desempeñando ese trabajo.

En cuanto a las soluciones que ofreces, sin duda la más revolucionaria es la renta básica. Una renta que recibirían todos los ciudadanos y que estaría, al menos, en el umbral de la pobreza. Aunque más que en términos puramente económicos sería una revolución por los novedosísimos márgenes de libertad que nos ofrecería. ¿Trabajarían los becarios por 200 euros en dinero negro? ¿Trabajaríamos por sueldos por debajo del salario mínimo interprofesional y sin cotizar?

Esta revolución conllevaría que los ricos contribuirían mucho más de lo que lo hacen actualmente. Esta reforma impositiva conseguiría por primera vez que fluyeran las rentas de los ricos hacia las de los pobres y no como ha sido siempre, que las numerosas rentas de los pobres alimentamos las pocas fauces voraces de los ricos tiburones.

La verdad que sería bonito, Jose. Además no se me ocurren argumentos en contra de esta medida, pero rodeado de obreros de derechas y de encuestas que devuelven resultados desoladores, permíteme cierto escepticismo. La solución que nos imponen a la crisis capitalista es más capitalismo. La alternativa de la renta básica lo cambiaría todo, pero ¿qué sería de ese empresario sin poder humillar a los trabajadores? ¿Qué sería de ese ejecutivo que observa la felicidad en los rostros de la gente que tiene muchos menos ingresos que él? ¿Qué sería de los dueños de los bancos pasados por el tamiz de una reforma impositiva justa? Sería demasaido para ellos y para el PSOE y el PP, ni te cuento.

Reflexiones en torno al verbo ser

El verbo ser es, probablemente, el verbo más importante de cuantos hay en el idioma. Con él, y sin querer utilizar las 16 definiciones de la RAE, venimos a expresar que algo es esencial en otra cosa. Es decir, la frase “esto es una mesa” define un objeto como mesa, hace que la esencia de una cosa sea ser mesa. Algo que aclara bastante esta idea es la distinción entre ser y estar. No es lo mismo ser imbécil que estar imbécil. Ser imbécil implica que eres esencialmente imbécil, de una manera más o menos irremediable. Estar imbécil significa que, por las razones que sean, durante un período de tiempo o, por ejemplo, delante de una determinada persona, te comportas como un imbécil.

Hago toda esta reflexión porque el otro día me dí cuenta de uno de los principales rasgos de nuestra vida, aquí, en los países enriquecidos. Piensa en la pregunta ¿qué eres? Si yo te pregunto qué eres, la respuesta más habitual es contestar algo referido a tu profesión. Eres soldador, albañil, carpintero, funcionario, médico, etc. Esto es así porque nuestra vida está atravesada por el trabajo como institución. Hasta tal punto que lo que nos define, nuestra esencia (o así pensamos por lo menos) es nuestro trabajo.

Pero esto es muy triste. Y es muy triste porque la mayor parte de nosotros no elegimos nuestro trabajo. Y mucha gente ni siquiera disfruta de su trabajo. Para muchos, de hecho, el trabajo se presenta como algo ajeno y extraño a su vida. Aún así, aunque esto es así, el trabajo ha colonizado de tal manera nuestra vida y nuestra mente que la primera respuesta ante la pregunta qué eres (es decir, cuál es tu esencia o qué es lo más importante de tu vida, hasta el punto de definirte) es por lo general algo que ni siquiera te satisface.

Debemos cambiar la sociedad. Y debemos cambiar la sociedad fundamentalmente para poder ser. En una sociedad como la nuestra, en la que la mayoría dependemos de otras personas para sobrevivir y eso hace que no podamos definir lo que somos, la verdadera libertad pasa por esto, por ser libre para poder decidir qué es lo que quieres que te defina.

Y existen propuestas políticas en este sentido. Propuestas plausibles y muy analizadas. Dos por ejemplo: la renta básica y la reducción de la jornada de trabajo. La posibilidad de no depender de otros para sobrevivir, que al final es lo que quiere decir la renta básica, implica la posibilidad de ser libre. La reducción de la jornada de trabajo (además de posibilitar que más gente trabaje) es fundamental para poder disfrutar de más tiempo de nuestra vida para nosotros mismos. Al final la revolución pasa por apoderarnos de nuestras vidas.

Es hora de darle la vuelta a la tortilla (II)

Escena de la tortilla rusa. Película Airbag.

¿Estamos dispuestos a darle la vuelta a la tortilla? Yo no estoy seguro. Yo creo que la gran mayoría de la gente que está ahora en paro se conforma con volver a tener un trabajo. Y tampoco le importa mucho qué tipo de trabajo. Es decir, si este trabajo es fabricar bombas de racimo pero le permite las copas, las cenas y las compras rídiculas lo van a aceptar sin dudarlo.

Puede que sea hora de darle la vuelta a la tortilla. Pero, claro, si no eres un experto haciendo tortillas y le intentas dar la vuelta corres el riesgo de que ésta se caiga. Porque, ¿cómo le damos la vuelta a la tortilla? Es complicado y éso es lo que está haciendo que mientras (literalmente) nos están robando y nos están haciendo más corta la vida, una gran mayoría de gente no saliera a la calle el día de la huelga general.

Yo creo que antes de darle la vuelta a esta tortilla deberíamos discutir sobre los ingredientes. De nada nos sirve darle la vuelta si, al final, el resultado es el mismo o similar. Está visto que “la tortilla occidental”, es decir, nuestro modo de vida (nuestras cenas, nuestros viajes, nuestras compras ridículas), ha indigestado a lo largo de los años a la mayor parte del planeta.

Y ahora, nos está indigestando a nosotros también. Ahora, nos damos cuenta de que los que tienen la sartén por el mango, para seguir con los símiles culinarios, han decidido que la tortilla tiene que quemarse un poco por este lado, que “al señorito” le gusta bien hecha.

Y nosotros qué reclamamos: quiero poder volver a hipotecarme; quiero poder volver a usar un coche todos los días sin sentido; quiero volver a trabajar 12 horas al día para poder ir al centro comercial los sábados a comprar, al macdonalds y al cine; quiero poder viajar quince días al año a la República Dominicana a un paraíso artificial y obsceno. ¿Para eso le vamos a dar la vuelta a la tortilla? Para eso mejor que se queme y se vaya todo a la mierda.