Etiquetado: Transición

Cerrando el chiringuito (II)

La muerte de Carrillo ha llenado los espacios mediáticos de reflexiones en torno a la Transición, germen de la actual democracia. A medida que caen las hojas del calendario, el tiempo nos ofrece la perspectiva necesaria para observar aquel periodo con mayor objetividad. Esa perspectiva nos arroja un panorama bastante alejado de ese ambiente idílico de políticos de grandísima altura que resolvían todos los problemas que se les ponían por delante.

Cada vez es más evidente que la Transición fue la que se pudo hacer y no la que se debió hacer. La izquierda, exiliada y alejada de los ámbitos de poder, no pudo negociar en igualdad de condiciones con una derecha, todopoderosa durante cuarenta años, que se limitó a desperdigar algunas migajas. Prueba de esta desigualdad fue el mantenimiento de instituciones franquistas, como la judicatura, con un leve lavado de cara. ¿Por qué no existe ningún medio de comunicación de izquierdas de ámbito nacional? Las cosas no ocurren por casualidad y de aquellos polvos vienen estos lodos.

En cualquier caso, no hay que culpar de todos los males a los arquitectos de la Transición. Ellos dejaron un sistema manifiestamente mejorable que estamos empeorando. La verdadera democracia se construye todos los días y no “votando cada cuatro años”, como dice la analfabeta Ana Rosa Quintana.

En esta construcción democrática se enmarca el #25S que no es ningún golpe de Estado. Es una paso más en busca de la democracia real. Lo novedoso, como dice el profesor Víctor Sampedro, es que es un cuestionamiento del sistema desde la izquierda, cuando, hasta ahora, el ruido de sables siempre procedía de los cuarteles y de los despachos de las grandes empresas. Lo que ocurre es que al PP, ordenado por los mercados y los nada democráticos organismos de la troika, le da mucho miedo la palabra democracia. Y como ya no les vale con el bombardeo por tierra, mar y aire de pensamiento único capitalista para convencernos, tienen que infectar nuestras calles de policías que sirvan de dique a la riada democrática, cada día más caudalosa e indignada.

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Cerrando el chiringuito

Pues parece que esto no lo salva ni dios (cualquiera de ellos). Se muere Carrillo la misma semana que el rey echa un poco más de tierra sobre la tumba de la monarquía y cuando los catalanes están diciendo que si eso mejor ya se lo montan ellos por su lado, que esto de hacer viajes un grupo grande nunca ha funcionado bien.

Uno que creció siendo convencido de que vivíamos en la mejor de las monarquías parlamentarias posibles. Que estábamos en el corazón de Europa, en el club de los países más avanzados y más democráticos. Uno al que siempre le dijeron que gracias a grandes prohombres con visión de Estado, tipo Carrillo, vivíamos en este paraíso. Pues nada. Todo a la mierda. Una crisis económica y resulta que el chiringuito del 78 fundado por la Sacrosanta Transición Democrática tiene los pies de barro.

Y no hay mejor ejemplo de estos pies de barro que ver lo que se oculta tras el manto de silencio que habían levantado los medios sobre la jefatura del Estado. El rey no es tan campechano, sino que tiene costumbre de soltar hostias a sus chóferes. Y encima, el colega, cuando peor estamos, se pira de viaje a África a matar elefantes. Con compañía femenina que no es la reina (lo que, por cierto, deja la capacidad de chantaje de Bárbara Rey en nada). Y se piensa que balbuceando un disculpa de niño de ocho años sobra.

En este contexto, el tipo se nos presenta con esta carta el martes. Independientemente de que la carta sea un despropósito generalizado que ya casi nadie se pueda tomar en serio viniendo de quien viene y estando las cosas como están, conviene destacar dos ideas: 1) “No es momento para  perseguir quimeras”. Lo que viene a ser: pero no habíamos quedado en que estábamos en el mejor de los mundos posibles, no la jodáis hombre. Qué es eso de querer otra sociedad distinta, de que los catalanes puedan decidir la estructura política en la que quieren vivir o que la gente quiera una participación política que vaya más allá de votar al PPSOE cada cuatro años para que hagan lo que les digan desde Alemania. Si os vamos a poner hasta Las Vegas. 2) “rememos todos en el mismo barco, como en la Transición Democrática”. Pues no Juan Carlos. Lo que es una quimera es pensar que estamos todos en el mismo barco cuando a la gran mayoría de nosotros nos están tirando por la borda esas élites tan guays y tan campechanas herederas de los que hicieron esa transición. Aquí hay que parar el barco, echar a los tiburones a toda la tripulación y decidir a dónde vamos.

Se acaba el chiringuito del 78. Estamos ante una crisis social y política de la que solamente salimos con un nuevo régimen político, mucho más abierto y mucho más democrático en todas las esferas de nuestra vida. Es hora de ir pensando más allá de las estructuras políticas actuales. Para salir de la dictadura de los mercados con democracia, rechazando el pago de una deuda ilegítima. La muerte de Carrillo simboliza mejor que nada el fin del régimen político que él apuntaló. Y recordad: “la historia es nuestra. Y la hacen los pueblos”.

Lo que ellos hicieron ha envejecido tanto como sus fotos.

Españoles, Fraga ha muerto (II)

La Transición es la culpable de que políticos como Fraga mueran después de décadas ocupando puestos de responsabilidad política. La Transición no fue la ruptura que debería haber sido con el régimen fascista anterior. La Transición fue un proceso, tutelado por los propios dirigentes franquistas, que nos dejó a todos “atados y bien atados”.

Esa Transición, a la que nadie critica, es la culpable de que restos franquistas sigan ocupando cargos de responsabilidad política, judicial, policial,… Es la única forma de entender el actual proceso abierto contra el juez Garzón. Los analistas extranjeros se echan las manos a la cabeza. Esto sólo puede pasar en España. Spain is different que diría el propio Fraga.

Mientras que en Latinoamérica juzgan a los responsables de sus dictaduras asesinas, aquí sentamos en el banquillo de los acusados al juez que intentó investigar los crímenes de la dictadura. Demoledor.

En cualquier caso, lo que más me llamó la atención fue cómo trataron la muerte de Fraga los medios de comunicación y varios exministros socialistas. Rubalcaba y José Blanco destacaban su papel de “Padre de la Constitución”, así está la Constitución, con padres como Fraga… Los medios de comunicación repetían la palabra demócrata una y otra vez vaciándola de significado. A pesar de que se empeñaron en construir un muro que no nos dejase ver la verdadera biografía de Fraga, siempre hay rayos de sol que se cuelan entre las rendijas para iluminarnos el camino.

Españoles: Fraga, ha muerto

Creo que nunca hemos hablado en el blog sobre la Santa Transición. Hoy, ya que uno de las personas que la protagonizó acaba de morir puede que sea un buen día. Porque Fraga simboliza en su persona el hecho esencial que definió la Transición y, por lo tanto, el régimen político actual.

Fraga fue un ministro de Franco que acabó sus días como Presidente de Honor de uno de los dos partidos del régimen, concretamente del que tiene ahora todo el poder político. Esta trayectoria es la trayectoria del sistema político en su conjunto, un sistema que pasó desde un régimen fascista hasta un régimen parlamentario sin rupturas.

Y esto tiene consecuencias. No sólo morales, como el hecho de que nuestro sistema político tenga su origen histórico en las calaveras de las cunetas (nuestro régimen no nació en el 78 sino en el primero de abril de 1939). Sino también políticas. El caciquismo como forma de gobernar, algo de lo que sí que hemos hablado y que puebla cada una de las instituciones políticas (y también económicas) es una herencia directa de 40 años de franquismo. 40 años de concebir el poder y el estado no  como lo publico de todos, sino como un cortijo de unos cuantos, inaccesible para la mayoría e incuestionable para todos. Basando esa autoridas en Dios, la Historia y el destino universal.

Ésta es una de las claves para entender por qué, por ejemplo, en Burgos el Parking de Eladio Perlado había que hacerlo, independientemente de lo que quisieran los vecinos. Porque no cuestionar el origen de un régimen (como no cuestionar al rey) implica no cuestionar la concepción del poder que transciende a ese régimen político, concepción del poder que atraviesa cada una de las relaciones políticas, económicas o mediáticas.

Así, al no cuestionar lo que era Fraga (como hace muy bien Juan Carlos en esta llamada a Radio Nacional) las élites mediáticas de este país dejan de cuestionar el tipo de poder que tenemos en España. Ese poder que se gasta 300.000 euros en una estatua del Presidente de una Diputación.  Entre esa estatua y que un ministro de una dictadura no sea juzgado, permanece el hilo negro de la desmemoria.