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Divisiones

Los futbolistas dividen el mundo que gira a su alrededor entre la belleza plastificada de las modelos y el resto de los mortales que debemos venerarles. La mayoría de los políticos fraccionan a sus votantes entre los que les abrazan el día de la paellada popular, pañuelo festivo al cuello, y los que digerimos nuestro odio en la oscuridad de la distancia. Los entendidos en coches (que no tienen por qué ser mecánicos de profesión) parten su horizonte entre los que saben hacer certeros razonamientos en torno al correcto funcionamiento de los pistones y los que utilizamos el vehículo para ir de un lugar a otro.

Los policías no tienen una clasificación definida de lo que se les presenta. Como no tienen la vista totalmente desarrollada, basan el conocimiento del mundo circundante apoyándose en otros sentidos como el olfato o el oído. Por eso con frecuencia confunden familias desahuciadas con comandos terroristas o activistas políticos con peligrosos violadores. Los galardonados últimamente con el Premio Nobel de la Paz también muestran problemas para diferenciar conceptos. Equiparan la dulce verticalidad de Messi con el tosco deambular de Ballesteros y tampoco observan diferencias entre la indefensión palestina y el terrorismo hebreo. Curiosas equidistancias. Los racistan muestran una enfermedad relacionada con su incapacidad para asimilar los colores, ya que no soportan algunos velos de monja, los eclipses de luna ni el color atezado de las morcillas.

Las pijas trocean el mundo en marcas comerciales. Tú puedes ser un Chanel, un Malboro, un Moët & Chandon o una marca blanca, en cuyo caso te sonreirán y hablarán mal de ti a tu espalda. Finalmente, los poetas tienen más aprecio al grupo de personas que usan palabras como heliotropo, azabache, alféizar o reverberante que a los que utilizan habitualmente mesa, casa, ventana o ‘por mis cojones’.

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No dejes que la realidad te estropee una mala política

Vamos a jugar a hacer una analogía. Imaginemos que un médico diagnostica una enfermedad. Es una enfermedad bastante grave aunque no causa la muerte, solamente en casos extremos. El médico cree que ha acertado con el remedio y le aplica buenas dosis al paciente. Después, aunque el remedio parece que no consigue solucionar la enfermedad, el médico se empecina y continúa suministrando la misma receta. Esto, poco a poco, ha terminado por empeorar mucho las condiciones de vida del enfermo, pero al médico le da lo mismo. Ha llegado el punto de que otros médicos proponen otras soluciones más imaginativas. Se han dado cuenta de que, quizá, el error va más allá, no se trata tanto de administrar más o menos de una medicina sino que hace falta cambiar el enfoque, quizá hasta el diagnóstico. Evidentemente, el médico que lleva tanto tiempo empeorando la calidad de vida del enfermo es apartado y sus remedios desechados como soluciones.

Pues bien, en España, desde 1977, hemos estado llevando a cabo políticas que han contenido los salarios, abaratado el despido, facilitado el despido, quitado fuerza a los trabajadores para la negocación colectiva, aumentado la temporalidad laboral. El resultado ya lo conocemos, 5 millones de parados, todo un récord. Así que parece que no, que este no va a ser el remedio del paro, que esto no se arregla quitando derechos ni ayudando a los empresarios a despedir cuando ya han despedido todo lo que podían y algo más.

Además, hay ciertos hechos observables para cualquiera que tenga dos dedos de frente (o que sea honesto). La tasa de desempleo en Navarra es del 11,68 y la de Andalucía, del 30,93. Es decir, con el mismo ordenamiento jurídico se pueden alcanzar tasas de desempleo totalmente dispares. Esto, entiendo, nos indica claramente que lo determinante para reducir el desempleo no es la reforma laboral, sino que hay otros factores que influyen más. Por lo tanto, y volviendo a la analogía del médico. Hay que aplicar otra medicina.

¿Qué hacemos en España? Pues en España estamos otra vez a vueltas con la reforma laboral, a ver si a la enésima va la vencida. Aquí yo contemplo dos posibilidades: 1) que los lugares donde se toman las decisiones políticas y económicas de este país estén plagados de imbéciles que no tienen dos dedos de frente y que se han aprendido algo que, independientemente de los hechos, ha de ser verdad y, por lo tanto, hay que aplicar; 2) que sea una decisión política consciente con la que se pretende empobrecer cada vez más a las clases trabajadoras para enriquecer a las clases dominates. Y me da que va a ser la segunda.

Sucede que me canso de ser hombre (II)

A veces queremos escribir el texto definitivo, como si eso fuera posible. A veces queremos que esa luz que perseguimos, que vislumbramos pero nunca aparece, nos haga cambiar el alma de los que nos leen.

Simplemente, no podemos. A veces, no nos queda más remedio que callar y escuchar.

 

Siento no ser original.

Dudo (II)

No se puede dudar mientras apuras la úlitma copa para que la persona con la que más deseas estar no se vaya. No se puede dudar si, volviendo a casa, solamente escuchas el eco de tu deseo: ¿quieres subir a mi casa? No se puede dudar si, cuando se ha ido, te marchas arrepentido por no atreverte a acercar tus labios a los suyos.

No cabe ninguna duda cuando dos miradas se cruzan y todo para, todo se calla. Cuando el silencio se convierte en la más absoluta de las comprensiones. Porque nada hay más evidente, nada hay más claro, que dos personas que no hablan porque todo lo dicen con los ojos.

No tiene sentido dudar cuando dos cuerpos desnudos yacen abrazados en la misma cama. Cuando tu mano acaricia su cuerpo desnudo. Cuando sientes su respiración en tu oído. Pausada o loca. Estridente o muda. Cuando los dedos de las manos se cruzan. Cuando las piernas se cruzan. Cuando con la lengua recorres su cuerpo húmedo de pasión.

No hay lugar para la duda cuando, juntos, en silencio (siempre el silencio), ves dos estrellas bailar en el cielo dibujando vuestros nombres. Cuando sientes las paredes derretirse como dos trozos de hielo en un horno, quedando únicamente los reflejos de la pasión. Cuando escuchas las voces que te gritan desde dentro que la amas, que irremediablemente le amas.

Dudo

Como estudié letras vivo instalado en la duda. No sé si caminar por “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” o elegir la alameda de “Sucede que me canso de ser hombre”. No sé si encierra más belleza el Guernica o Las Meninas. No sé empuñar un arma como lo hacen los adalides de las certezas. Quizá sean reminiscencias de la duda cartesiana de René Descartes que me conduzcan por el sendero del conocimiento. No lo sé. Si te dijese lo contrario, te estaría mintiendo.

Si hubiese estudiado ciencias, el panorama sería diferente. Podría resolver las incógnitas que asaltan mi existencia. Avanzaría por el entramado de fórmulas que me conducirían con toda certeza a la toma de decisiones correcta. Sabría qué cantidad de glóbulos rojos corren por mis venas enamorados de ti. Pitágoras me diría si sólo somos dos catetos más o si podría encontrarte esperándome sentada sobre la hipotenusa.

Pero estudié la oratoria de Cicerón, la voluptuosidad de Lorca y la arena en la boca de los poetas favorables al franquismo. Por eso dudo y no encuentro verdades absolutas. No creo en dogmatismos y menos si son capitalistas. No sé si la Catedral de Burgos es más bonita que la de Sevilla o la de Colonia. No sé si Dylan o Cohen, no sé si Messi o Maradona, no sé si Sean Penn es mejor que De Niro. Y cuando me quedo solo, y apenas un haz ilumina la estancia, no sé si te amo o sólo es un sentimiento más a caballo entre la amistad y el cariño.

Somos invisibles (II)

Lo invisible se hace visible cuando lo hacemos juntos; cuando las personas se miran con los ojos llenos de gozo; cuando un grupo de personas se identifican entre ellas y nace una empatía espontánea e irrefrenable; cuando los tiempos y los espacios los creamos nosotras en función de nuestras necesidades y, todavía más importante, en función de nuestros placeres; cuando juntamos los sentidos y las ilusiones y descubrimos que son las mismas, que vemos las mismas cosas, que escuchamos los mismos gritos y los mismos susurros; cuando charlamos y trabajamos juntos, por un objetivo común y que, irremediablemente, es nuestro; cuando no necesitamos que nos cuenten lo que ocurrió, porque lo que ocurrió lo hicimos nosotros; cuando descubrimos que nuestra alegría es incomprensible desde su tristeza; cuando entre todas pintamos su mundo gris de rojo y negro; cuando les decimos que, en esta mesa, sí se habla de política; cuando nosotros decidimos los ingredientes de nuestra cena. Y, sobre todo, cuando cenamos juntos, porque hemos hecho una cena en la que caben todos y todas, en la que nadie se queda fuera de la mesa.

Las tres violetas de mi jardín (II)

A veces te pones poeta y no hay quién te aguante. Que si jardines, que si violetas, que si cerezos. Todo para contarnos cómo intentaron secar tu vida para plantar tres tristes violetas.

Para decirnos que cuando las flores de tu jardín querían salir salvajes, querían crecer solas, alimentadas sólo por el sol y su propia fuerza, venían unas violetas grandes y gordas a tapar el sol.

Esto se viene llamando represión. La represión existe a lo largo de nuestra vida. Supongo yo que los maristas que plantaron sus tres violetas en tu jardín la amplificaron. Pero va más allá. Tiene que ver con cómo, nosotros mismos, entre nosotros (y Burgos es el ejemplo perfecto de cómo construir un secarral) nos reprimimos y reprimimos a las demás, a los que, aunque sea un poco, se salen de lo normal. A los que son y quieren ser diferentes.

O quizá no diferentes. Quizá, simplemente, quieren que su jardín crezca salvaje. Quieren dejar crecer ese jardín que todos llevamos dentro, en el que todos, de una manera u otra, con violetas o sin ellas, habitamos. Y nos habita. Ese jardín que tantos y de tantas maneras quieren convertir en un secarral con tres flores que, además de feas, han plantado otros.

Ves, al final has hecho que me ponga poeta.

Las tres violetas de mi jardín

En todas las ciudades hay refugios. Refugios que nos protegen del ruido, de los dientes de la humanidad o de la ferocidad de la vida. Un refugio puede ser una habitación, una cantina o una persona. En una ciudad mendiga de sonrisas como Burgos también existen refugios en los que evitar la aspereza exterior.

Yo disfruto de un refugio que respira paz. Una paz que puede ser estruendosa o naranja, pero que siempre es paz. Un refugio que siempre tiene un plato libre, una copa llena y ningún felpudo que te dé la bienvenida. Un refugio con una sombra proyectada por las hojas generosas de un cerezo. En los meses en los que el sol impone su disciplina, ese cerezo ofrece rubíes almibarados al aire y a los pájaros.

El cerezo es el epicentro de la paz. Ha sido testigo de besos, discusiones, siestas infinitas, lecturas apasionadas o juergas desmesuradas, valga la redundancia. A los pies del árbol se extiende una breve alfombra de hierba que enmarca el rincón. La hierba siempre crece, también crecen malas hierbas y otras como la hierbabuena o el perejil tienen reservado su espacio. La improvisación herbácea ofrece un panorama de desordenada armonía.

Este año algo cambió y comenzaron a crecer violetas. Una flor hermosa quería compartir espacio con otras plantas más funcionales que estéticas. A medida que crecían las violetas iban secando al resto de compañeras de jardín. Incluso las malas hierbas sucumbían al poder de absorción de las nuevas arrogantes inquilinas. Al final los pies del cerezo eran un pequeño secarral en el que sobresalían unas frágiles violetas. La belleza efímera se había impuesto al pragmatismo. Unas pocas habían ahogado a una multitud. El elitismo de una especie se impuso a la diversidad de la diferencia.

Las tres violetas son el símbolo de los centros católicos de educación marista concertada y privada.

Hoy Congreso

Como anunciamos hace unas semanas, hoy participamos en el I Encuentro México España #NOlesvotes – #Votonulo, organizado por los compañeros de Pateando Piedras. Nuestras participación, en forma de vídeo, será a las 18:00, y la podéis seguir en directo en esta dirección http://www.pateandopiedras.com/encuentro.

También podéis seguir todo el congreso desde las 16:00 en  http://www.ustream.tv/channel/nolesvotes—votonulo.

Además vamos a emitir en directo desde las cuatro en el blog el encuentro, en el que podéis seguir las interesantes aportaciones del resto de participantes en torno al ciberactivismo y lo dejaremos durante unas semanas, para que el que no pueda verlo hoy no se lo pierda.

Los vídeos, incluyendo nuestra participación, se pueden comentar en el Chat del encuentro.